Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), también conocido como Estado Islámico en Irak y Siria (ISIS), o simplemente Estado Islámico (EI), y llamado en árabe Daesh, es un grupo militante yihadista suní. Durante su apogeo controló extensas zonas territoriales en Siria y en una amplia parte de Irak, y ha establecido o inspirado provincias y células en países como Libia, Nigeria y otras regiones. Influido por corrientes salafistas y por la versión wahabí del Islam, el grupo se declara enemigo del orden estatal internacional y reclama el estatus de Estado para los territorios bajo su control, sin reconocimiento internacional. Mantiene una ideología fuertemente takfirí, se opone al chiísmo y ha sido descrito como hostil y violento hacia las comunidades chiíes.

Origen y expansión

El grupo tiene sus raíces en la insurgencia surgida tras la guerra de Irak de 2003. Varias milicias yihadistas se reagruparon y, en 2004, una de esas formaciones se asoció a Al Qaeda. Con el tiempo se consolidaron distintas facciones que terminaron adoptando la denominación EIIL/ISIS. En junio de 2014 el grupo declaró un califato y proclamó a su líder como califa, lo que marcó su ambición de gobernar territorios de manera centralizada. En febrero de 2014, tras rivalidades internas, Al-Qaeda cortó los lazos con el ISIL.

Ideología y objetivos

El EI profesa una forma extrema de salafismo yihadista, que combina interpretaciones rígidas de la ley religiosa con una visión apocalíptica o milenarista (creen en un cambio radical y cercano del orden mundial). Su proyecto político es la creación de un califato transnacional regido por su interpretación de la ley islámica. Para imponer y justificar sus acciones utiliza mecanismos de takfir (declara herejía a otros musulmanes) y una retórica extremadamente violenta contra quienes considera enemigos, incluidos gobiernos, minorías religiosas y civiles que no se someten a su autoridad.

Métodos, crímenes y tácticas de reclutamiento

  • Violencia extrema: el EI ha cometido ejecuciones sumarias, secuestros, torturas, atentados suicidas, masacres y destrucción deliberada de bienes culturales y comunidades religiosas.
  • Crímenes contra minorías: se le ha atribuido la persecución y el desplazamiento forzado de minorías (por ejemplo, yazidíes), incluyendo episodios que diversos organismos y países han calificado de genocidio o crímenes de lesa humanidad.
  • Reclutamiento y propaganda: el grupo ha utilizado plataformas digitales y redes sociales para difundir su mensaje y captar combatientes extranjeros, prometiendo recompensas materiales, estatus guerrero, o beneficios familiares; también recurrió a la esclavitud sexual y a matrimonios forzados contra mujeres y niñas de grupos perseguidos como táctica y herramienta de control.
  • Control social: en las zonas que gobernó aplicó castigos públicos y un orden social estricto para afianzar su autoridad.

Financiación y logística

Durante su fase territorial, el EI financió sus actividades mediante una combinación de fuentes: venta y contrabando de petróleo desde instalaciones capturadas, impuestos y extorsiones a la población local, saqueo de bancos y bienes, secuestro con rescate, tráfico de antigüedades y donaciones de simpatizantes. También aprovechó las estructuras administrativas y recursos naturales de los territorios que llegó a controlar para sostener su aparato militar y civil.

Respuesta internacional y declive territorial

La expansión del EI provocó una amplia respuesta internacional: coaliciones militares, operaciones locales (por ejemplo fuerzas iraquíes y las Fuerzas Democráticas Sirias apoyadas por la coalición internacional), campañas antiterroristas en varios países, operaciones de inteligencia y medidas legales para perseguir a miembros y financistas. Tras intensas campañas militares, especialmente entre 2015 y 2019, el grupo perdió la mayor parte del territorio que llegó a controlar —ciudades como Mosul (Irak) y Raqqa (Siria) fueron recuperadas por fuerzas locales y aliadas—. Su líder más visible, Abu Bakr al-Baghdadi, murió en una operación en 2019, y desde entonces la organización ha sufrido la muerte o captura de varios mandos, cambios en su dirección y una degradación importante de su capacidad de gobernar territorios de forma abierta.

Situación actual y ramas afiliadas

Aunque perdió su "califato" territorial, el EI sigue activo como red insurgente y terrorista: realiza atentados esporádicos, ataques guerrilleros y atosiga a poblaciones en Irak y Siria. Además mantiene o inspira "provincias" y células en regiones de África (por ejemplo en partes de Libia, el Sahel, Nigeria y África occidental), en la península del Sinaí, en Asia (grupos afines en Afganistán y Filipinas, entre otros) y en otros territorios. Su capacidad operativa varía por zona y depende de la presión militar y policial contra sus estructuras.

Impacto humanitario, legal y retos

El impacto del EI ha sido devastador para millones de civiles: desplazamientos masivos, crisis humanitarias, destrucción de infraestructura y daños culturales. Las comunidades afectadas afrontan además procesos complejos de reconstrucción, justicia transicional y reintegración de antiguos combatientes y familias de ex-miembros. Legalmente, el EI está designado como organización terrorista por numerosos países y organizaciones multilaterales; se han iniciado procesos judiciales para juzgar crímenes cometidos por sus miembros, aunque la rendición de cuentas completa sigue siendo un desafío.

Resumen: El Estado Islámico es una organización yihadista suní violenta que buscó crear un califato mediante la conquista territorial, provocó graves violaciones de derechos humanos y atentados internacionales, y aunque perdió gran parte de su territorio, continúa representando una amenaza a través de insurgencias y afiliados en distintas regiones del mundo.