El Anschluss (o Anschluß) fue la anexión de Austria por parte de Alemania en 1938.
Después de la Primera Guerra Mundial, cuando se abolieron tanto el Imperio de Austria-Hungría como el Imperio Alemán, muchos esperaban que la República de Austria Alemana se unificara con la República Alemana con la esperanza de crear una Gran Alemania que incluyera a todos los alemanes.
Esto fue prohibido por el Tratado de Versalles.
Antecedentes
Tras la derrota de 1918, los tratados de paz —especialmente el Tratado de Saint‑Germain‑en‑Laye (1919), además del mencionado Tratado de Versalles— impidieron la unión política entre Austria y Alemania. Aun así, las corrientes nacionalistas pan‑germanas y la crisis económica de los años veinte y treinta alimentaron el deseo de Anschluss en amplios sectores de la población.
Políticamente, Austria vivió una fuerte polarización: por un lado las fuerzas conservadoras y autoriarias (el llamado austrofascismo) encabezadas por líderes como Engelbert Dollfuss y, tras su asesinato en 1934, Kurt Schuschnigg; por otro, un movimiento nazi austríaco alineado con Adolf Hitler, que buscaba la anexión por medios tanto legales como violentos. El intento de golpe y el asesinato de Dollfuss en 1934 mostraron ya la capacidad de desestabilización del nazismo austríaco.
Presión alemana y anexión de 1938
En 1938 la presión de Hitler sobre Viena se intensificó. Tras la reunión entre Hitler y el canciller austríaco Kurt Schuschnigg en Berchtesgaden (12 de febrero de 1938), Austria fue obligada a hacer concesiones que favorecieron la entrada de nazis en el gobierno austríaco. Schuschnigg intentó convocar un plebiscito para el 13 de marzo sobre la independencia, pero el 11 de marzo, ante la amenaza de una invasión, se vio forzado a dimitir y a nombrar como sucesor a Arthur Seyss‑Inquart, un político proclive a la anexión.
El 12 de marzo de 1938 tropas alemanas cruzaron la frontera y ocuparon Austria sin una resistencia armada organizada. Ese mismo día se proclamó la incorporación de Austria al Tercer Reich. La anexión fue presentada por la propaganda nazi como la reunificación pacífica de pueblos «germanos», pero se realizó bajo coacción y con la presencia de fuerzas de ocupación.
El plebiscito y la reacción internacional
El 10 de abril de 1938 se celebró un plebiscito organizado por las autoridades nazis para «ratificar» la anexión; el resultado oficial fue abrumadoramente favorable (cifras oficiales del 99,7% a favor). Observadores independientes y testimonios posteriores documentaron la falta de libertad política, la intimidación y el fraude electoral.
La reacción internacional fue limitada: aunque Gran Bretaña y Francia expresaron su desaprobación, no intervinieron militar ni económicamente. Italia, que años antes había impedido por la fuerza una anexión alemana, ya se encontraba más alineada con Alemania tras la aproximación italo‑alemana, y la Sociedad de Naciones carecía de instrumentos efectivos para oponerse.
Consecuencias
- Fin de la soberanía austríaca: Austria dejó de existir como Estado independiente y fue integrada administrativamente al Reich (más tarde denominada «Ostmark» y luego dividida en varios Gau).
- Persecución y exilio: la llegada del régimen nazi desencadenó persecuciones contra judíos, opositores políticos, sindicalistas y otras minorías. Muchos judíos austríacos —cerca de 200.000 personas antes de la anexión en todo el territorio austríaco— fueron despojados de derechos, víctimas de violencia, obligados a emigrar o más tarde deportados a campos de concentración.
- Economía y militarización: la economía austríaca fue integrada en la maquinaria de guerra alemana; empresas y recursos se pusieron al servicio de las políticas nazis.
- Escalada hacia la guerra: el Anschluss fue un paso clave en la política expansionista de Hitler y preparó el terreno para nuevas demandas territoriales (por ejemplo, los Sudetes) que conducirían a la Segunda Guerra Mundial.
- Legado jurídico y político: tras la derrota de la Alemania nazi en 1945, las potencias aliadas y los políticos austríacos restablecieron la república austríaca. El Anschluss fue considerado ilegal y, con el tiempo, con el Tratado Estatal de 1955 Austria recuperó su plena soberanía y declaró su neutralidad permanente.
Valoración histórica: aunque una parte de la población austríaca apoyó en algún grado la unión —por afinidades culturales, nacionalismo o por esperanza en la mejora económica—, el proceso estuvo marcado por la coacción, la violencia y la instrumentalización política. El Anschluss constituye, por ello, un ejemplo claro de cómo políticas expansionistas y autoritarias pueden imponerse a través de la intimidación y la supresión de derechos civiles, con consecuencias dramáticas para las víctimas y para la estabilidad de Europa.


