Una quemadura es una lesión en la piel o en la carne de una persona. El calor, el frío, la electricidad, los productos químicos, la fricción o la radiación pueden ser la causa de una quemadura. La mayoría de las quemaduras se deben al calor de líquidos calientes, sólidos o fuego. Aunque las tasas son similares para hombres y mujeres, las causas subyacentes suelen ser diferentes. Entre las mujeres, en algunas zonas, el riesgo está relacionado con el uso de fuegos de cocina abiertos o estufas inseguras. Entre los hombres, el riesgo está relacionado con los entornos de trabajo. El alcoholismo y el tabaquismo son otros factores de riesgo. Las quemaduras también pueden producirse como resultado de autolesiones o de la violencia entre personas.
Las quemaduras pueden ser lesiones muy graves y, en algunos casos, pueden incluso causar la muerte. Dependiendo de la profundidad de la quemadura y de la cantidad de piel afectada, una quemadura puede ser una emergencia médica. En el caso de los niños, es necesario que esté afectado al menos el cinco por ciento de la piel. Los adultos pueden tolerar hasta un diez por ciento de piel afectada.
Las quemaduras de cierta envergadura afectan al organismo en su conjunto: Las reacciones más comunes son el shock circulatorio, el síndrome de respuesta inflamatoria sistémica y la sepsis.
Grados o profundidades de las quemaduras
- Quemadura de primer grado (superficial): afecta solo la epidermis. La piel está roja, seca y dolorosa, como una quemadura solar. Suele curar sin cicatriz en pocos días.
- Quemadura de segundo grado (parcial): afecta la epidermis y parte de la dermis. Aparecen ampollas, enrojecimiento intenso, dolor y humedad. Puede dejar cicatriz si es profunda.
- Quemadura de tercer grado (profunda): destruye toda la piel y puede llegar a tejidos subyacentes. La zona puede verse blanca, carbonizada o coriácea y puede no doler por daño de los nervios. Requiere tratamiento especializado, con frecuente necesidad de injertos.
- Quemadura de cuarto grado: además de piel, afecta músculo, tendones y hueso. Es la más grave y puede requerir cirugía extensa o amputación.
Evaluación de la extensión
La extensión se valora en porcentaje de la superficie corporal total afectada (%SC). Para adultos suele usarse la “regla del nueve” (cada extremidad, tronco y cabeza tienen porcentajes aproximados). En niños se utiliza la tabla de Lund y Browder que adapta las proporciones según la edad. Como regla práctica para buscar atención médica urgente: quemaduras que afectan >10% en adultos o >5% en niños, o lesiones en cara, manos, pies, genitales, periné o articulaciones grandes requieren evaluación en servicios especializados.
Causas y circunstancias comunes
- Agua o líquidos calientes (escaldaduras) — causa más frecuente en niños.
- Fuego directo o contacto con superficies calientes.
- Corriente eléctrica — puede provocar daño interno grave sin gran alteración externa.
- Productos químicos cáusticos — ácidos o álcalis que continúan dañando mientras no se neutralicen.
- Fricción (rozamiento) y radiación (incluyendo quemaduras solares y radioterapia).
Complicaciones y riesgos
- Pérdida de líquidos y shock circulatorio: las quemaduras extensas causan evaporación y pérdida de plasma, obligando a reposición de líquidos por vía intravenosa.
- Infección y sepsis: la piel dañada facilita la entrada de microorganismos.
- Insuficiencia respiratoria por inhalación de humo o productos tóxicos (monóxido de carbono, cianuro).
- Contracturas, limitación funcional y cicatrices hipertróficas o queloides.
- Hipotermia (especialmente en neonatos y niños) y alteraciones electrolíticas.
Primeros auxilios
- Detener la causa: alejar a la persona del calor, apagar llamas (hacerla rodar sobre sí con una manta si las ropas arden) y cortar la electricidad si existe riesgo eléctrico.
- Enfriar la quemadura: mantener agua corriente fresca (no helada) sobre la zona 10–20 minutos para reducir dolor y extensión del daño. No usar hielo directamente sobre la piel.
- Retirar ropa y joyas: con cuidado, salvo si están adheridas a la piel quemada.
- Evitar remedios caseros: no aplicar mantequilla, pasta de dientes, aceites ni alcohol; no pinchar ampollas.
- Cubrir la lesión: con una gasa estéril o plástico limpio (film transparente) para proteger y evitar contaminaciones.
- Control del dolor y medidas generales: dar analgésicos como paracetamol o ibuprofeno según indicación y mantener a la persona abrigada para prevenir hipotermia.
- Atención a quemaduras químicas y eléctricas: en las químicas, enjuagar abundantemente con agua por al menos 20 minutos y quitar ropa contaminada; en las eléctricas, vigilar por arritmias y lesiones internas y acudir de inmediato.
- Buscar ayuda urgente: si la quemadura es extensa (>10% adultos, >5% niños), profunda (3º/4º grado), afecta cara/manos/pies/genitales/periné/árnos articulaciones, existen signos de inhalación (hollín en boca/nariz, tos persistente, voz ronca, dificultad respiratoria), o hay pérdida de consciencia, se debe llamar a emergencias o acudir al hospital.
Tratamiento profesional (resumen)
En el hospital se evalúan ABC (vía aérea, respiración, circulación), se inicia reanimación con fluidos si es necesario (por ejemplo, usando fórmulas como la de Parkland en quemaduras extensas, que orientan la reposición durante las primeras 24 horas), se administra analgesia, profilaxis de tétanos y, si procede, antibióticos. El manejo local incluye limpieza, desbridamiento de tejido no viable, uso de apósitos y cremas antimicrobianas (por ejemplo, sulfadiazina de plata) y, cuando es preciso, injertos cutáneos o cirugías reconstructivas. La fisioterapia y el tratamiento de cicatrices son parte fundamental de la recuperación funcional y estética.
Prevención
- Instalar detectores de humo y revisar baterías periódicamente.
- Regular la temperatura del calentador de agua (recomiendan por debajo de 50 °C) y comprobar temperatura del agua antes de bañar a niños.
- Evitar ropa suelta cerca de fuentes de fuego; apagar velas y elementos de cocina cuando no están supervisados.
- Protección en el trabajo: equipos de seguridad, formación y control de riesgos eléctricos y químicos.
- Educar a la familia sobre primeros auxilios y mantener a los niños alejados de sustancias calientes/eléctricas.
- Evitar el consumo de alcohol y drogas en situaciones de riesgo y promover entornos seguros para reducir violencia y autolesiones.
Grupos de riesgo
- Niños pequeños y ancianos (piel más fina y mayor vulnerabilidad).
- Personas con enfermedades crónicas (diabetes, inmunosupresión) que complican la curación.
- Trabajadores en industrias con riesgo térmico, eléctrico o químico.
Las quemaduras tienen un amplio espectro de gravedad, desde lesiones leves que se curan con cuidados domiciliarios hasta situaciones que ponen en riesgo la vida. Ante la duda sobre la profundidad, extensión o circunstancias (eléctrica, química, inhalación), es imprescindible consultar con profesionales sanitarios o acudir a urgencias.







