Las autolesiones (SI) o las autolesiones (SH) se producen cuando una persona se daña el cuerpo a propósito. Este tipo de daño no es un comportamiento suicida. Muchas personas que se autolesionan se lo hacen porque creen que es la única manera de seguir con vida. Sin embargo, en algunos casos la autolesión llega a ser tan grave que puede conducir a la muerte, y los que se autolesionan tienen más probabilidades de suicidarse que los que no lo hacen.

Hay muchas razones diferentes por las que una persona puede autolesionarse, aunque a menudo es difícil encontrar una causa exacta. A veces, las autolesiones ayudan a aliviar emociones insoportables, o sentimientos de irrealidad o entumecimiento. Las autolesiones suelen ser un síntoma de otros problemas. Estos problemas pueden incluir el abuso físico, el abuso sexual o los trastornos alimentarios. Las autolesiones también pueden derivarse de problemas mentales como la baja autoestima o el perfeccionismo.

El estudio de las causas de las autolesiones puede ser difícil o inexacto, porque muchos autolesionistas intentan ocultar sus lesiones.

¿Qué implica la autolesión?

La autolesión incluye acciones como cortarse, quemarse, golpearse, pellizcarse o manipular heridas. No siempre deja intención de morir: muchas personas la usan como una forma de intentar controlar o expresar dolor emocional intenso. Aunque no busque activamente el suicidio, la autolesión es una señal de malestar grave y aumenta el riesgo de complicaciones médicas y de suicidio a largo plazo.

Causas y factores que aumentan el riesgo

  • Regulación emocional: la autolesión puede servir temporalmente para disminuir ansiedad, ira, culpa o entumecimiento.
  • Historia de trauma o abuso: experiencias de abuso físico, sexual o negligencia aumentan el riesgo.
  • Problemas de salud mental: depresión, trastornos de la personalidad, trastornos alimentarios, trastornos por estrés postraumático u otros trastornos pueden acompañarse de autolesión.
  • Factores sociales y familiares: conflictos familiares, aislamiento, acoso escolar o la imitación en el grupo pueden influir.
  • Rasgos personales: perfeccionismo extremo, baja autoestima o dificultad para tolerar la frustración.

Riesgos y consecuencias

  • Lesiones físicas: infecciones, cicatrices permanentes, daños en nervios o tendones.
  • Sangrado severo o complicaciones médicas que requieren atención de urgencia.
  • Empeoramiento de problemas de salud mental y aumento del riesgo de suicidio.
  • Impacto social: dificultades en relaciones, estigma, aislamiento y problemas laborales o escolares.

Señales de alerta

  • Ropa que oculta el cuerpo en climas calurosos para cubrir heridas.
  • Marcas repetidas en las mismas zonas del cuerpo o presencia de objetos cortantes en el entorno.
  • Excusas frecuentes para justificar heridas recientes.
  • Cambios marcados en el estado de ánimo, retraimiento, desesperanza o hablar sobre no querer vivir.

Cómo ayudar: qué decir y qué hacer

Si sospechas que alguien se está autolesionando, tu apoyo puede marcar la diferencia. Actúa con calma y empatía:

  • Escucha sin juzgar: deja que la persona hable y valida su sufrimiento: “Siento que estás pasando por mucho, gracias por contármelo”.
  • No minimices ni dramatices: evitar frases como “hazlo por mí” o “eso es solo atención”.
  • Pregunta directamente sobre riesgo suicida: si hay indicios de intención de morir, pregúntalo de manera directa y sin alarmar: “¿Has pensado en hacerte daño para morir?”
  • Ofrece ayuda práctica: acompáñala a pedir atención profesional, a hablar con un familiar de confianza o a buscar recursos en salud mental.
  • Respeta la confidencialidad en la medida de lo posible, pero prioriza la seguridad: si hay riesgo inminente de daño, busca apoyo inmediato (servicios de emergencia o un profesional).

Tratamiento y recursos

La autolesión es tratable. Las opciones incluyen:

  • Psicoterapia: terapias como la terapia dialéctico-conductual (TDC/DBT), la terapia cognitivo-conductual (TCC) y otros enfoques centrados en la regulación emocional han mostrado eficacia.
  • Tratamiento de problemas asociados: medicación o terapia para depresión, ansiedad u otros trastornos subyacentes cuando sea necesario.
  • Programas y grupos de apoyo: espacios seguros donde aprender habilidades y compartir experiencias con supervisión profesional.
  • Planes de seguridad: elaborar junto a un profesional un plan para evitar recaídas y saber qué hacer en crisis.

Qué hacer en una emergencia

  • Si hay sangrado abundante, heridas profundas, pérdida de la conciencia o riesgo de muerte, llama a los servicios de emergencia inmediatamente.
  • Si la persona expresa intención suicida o ha planificado un acto, busca ayuda urgente y no la dejes sola.

Consejos para familiares y amigos

  • Mantén la calma y comunícate con cariño; el juicio y la culpa alejan a la persona.
  • Infórmate sobre el tema y anima a buscar ayuda profesional especializada.
  • Crea un entorno seguro: limita el acceso a objetos peligrosos en la medida de lo posible y acompaña en los primeros pasos para obtener apoyo.
  • Cuida también tu propio bienestar: acompañar a alguien en esta situación puede ser estresante; busca apoyo y orientación.

Si tú o alguien cercano se autolesiona, buscar ayuda profesional es un paso importante. Hablar con un médico, un psicólogo o un servicio de urgencias puede ofrecer orientación y tratamiento adecuados. La recuperación es posible con el apoyo y las intervenciones apropiadas.