El sonambulismo es un trastorno que pertenece a la familia de las parasomnias.
Las personas que padecen este trastorno salen de la cama, sin despertarse, y caminan. En algunos casos, las personas hacen cosas que también hacen en la vida cotidiana. Según las investigaciones realizadas, el sonambulismo parece ser un problema relacionado con el mecanismo de despertar.
¿Qué es y quiénes lo padecen?
El sonambulismo es una conducta motora compleja que ocurre durante el sueño, especialmente en las primeras horas de la noche y durante las fases de sueño profundo (sueño de ondas lentas). Puede presentarse tanto en niños como en adultos, aunque es más frecuente en la infancia y a menudo mejora o desaparece con la adolescencia.
Causas y factores de riesgo
- Predisposición genética: hay una mayor incidencia en familias con antecedentes de sonambulismo u otros trastornos del sueño.
- Privación de sueño y fatiga: dormir menos de lo necesario o cambios bruscos en los horarios de sueño pueden desencadenarlo.
- Estrés y ansiedad: estados emocionales intensos aumentan la probabilidad de episodios.
- Fiebre en niños: puede provocar episodios puntuales, especialmente en edades tempranas.
- Consumo de alcohol o ciertas drogas/medicamentos: alcohol, sedantes y algunos fármacos psiquiátricos pueden desencadenar o empeorar el sonambulismo.
- Trastornos del sueño coexistentes: apnea del sueño, movimientos periódicos de las piernas u otros problemas del sueño pueden favorecer la aparición de episodios.
Síntomas y manifestaciones
- Levantarse de la cama y caminar mientras se mantiene aparentemente dormido.
- Hablar en voz baja o en voz clara sin una respuesta consciente.
- Realizar actividades complejas como vestirse, abrir puertas, salir de la casa o manipular objetos.
- Mirada fija o expresión ausente; difícil de despertar totalmente durante el episodio.
- Confusión o amnesia parcial o total del episodio al despertar por la mañana.
- Rara vez, comportamientos peligrosos o agresivos; esto requiere evaluación médica urgente.
Diagnóstico
El diagnóstico suele hacerse mediante la historia clínica y la descripción de los episodios por parte de testigos. En casos complejos o cuando se sospechan otras causas (p. ej., crisis epilépticas nocturnas), pueden utilizarse:
- Polisomnografía: estudio del sueño que registra la actividad cerebral y otros parámetros durante la noche.
- Vídeo nocturno: para documentar los comportamientos y distinguirlos de otros trastornos.
- Evaluación por un especialista en sueño o neurología si los episodios son graves, frecuentes o de aparición tardía en la edad adulta.
Complicaciones y riesgos
La principal preocupación es el riesgo de lesiones (caídas, cortes, salir a la calle, incendios). También puede afectar la calidad de vida por somnolencia diurna, problemas escolares o laborales y angustia familiar.
Primeros auxilios y medidas de seguridad
- No sacudir ni despertar bruscamente a la persona; hacerlo puede causar confusión o agitación. En la mayoría de los casos, es suficiente guiarla con voz suave y llevarla de vuelta a la cama.
- Asegurar el entorno: cerrar puertas y ventanas, bloquear accesos peligrosos (balcones, escaleras), retirar objetos cortantes o muebles con los que pueda golpearse.
- Si la persona está en peligro inmediato (cruza una calle, intenta abrir el horno, muestra conducta violenta), intervenir con cuidado para evitar lesiones y, si procede, llamar a emergencias.
- Registrar la frecuencia, duración y circunstancias de los episodios para llevar esta información al médico.
Tratamiento
El tratamiento depende de la gravedad, la frecuencia de los episodios y el riesgo asociado:
- Medidas generales y de higiene del sueño: mantener horarios regulares, dormir suficiente, evitar alcohol y sedantes antes de acostarse, reducir el estrés.
- Programación del despertar: técnica conductual útil en niños y adultos: se despierta al paciente unos 15–20 minutos antes del horario habitual del episodio y se le mantiene despierto brevemente, lo que puede interrumpir el patrón y reducir la frecuencia.
- Terapia cognitivo-conductual: para manejo del estrés y mejora de hábitos de sueño cuando procede.
- Medicamentos: en casos persistentes y peligrosos pueden emplearse fármacos bajo supervisión médica (por ejemplo, benzodiacepinas como clonazepam). La decisión de medicar debe individualizarse y valorar riesgos y beneficios; algunos antidepresivos y otros fármacos pueden empeorar las parasomnias.
- Tratar condiciones asociadas: si existe apnea del sueño, trastornos psiquiátricos o consumo de sustancias que contribuyan, es fundamental su manejo específico.
Pronóstico y prevención
En niños el pronóstico suele ser favorable: muchos dejan de presentar episodios con el crecimiento. En adultos, el sonambulismo puede persistir y requerir medidas a largo plazo. Prevenir factores desencadenantes (privación de sueño, alcohol, estrés) y asegurar un entorno seguro son estrategias clave.
Cuándo consultar al médico
- Si los episodios son frecuentes, prolongados o peligrosos.
- Si aparecen por primera vez en la edad adulta.
- Si hay lesiones durante los episodios o conductas agresivas.
- Si existe somnolencia diurna significativa o sospecha de otra enfermedad del sueño o neurológica.
Ante la sospecha de sonambulismo persistente o preocupante, lo recomendable es consultar con un médico de familia, un neurólogo o un especialista en medicina del sueño para una evaluación y plan de tratamiento adaptado.

