La evaluación del riesgo de suicidio (SRA) se utiliza para decidir el riesgo de suicidio de una persona (la probabilidad de que se suicide). Es un primer paso muy importante para ayudar a una persona que está pensando en suicidarse. Lo mejor es que lo haga un profesional de la salud mental, como un consejero. Una buena y completa evaluación del riesgo puede hacer que la persona reciba el tratamiento y la ayuda que necesita, lo que puede reducir o poner fin a los síntomas.

La primera parte de una ERS consiste en hablar con un médico -u otro trabajador de la salud mental con formación- que hace preguntas específicas sobre lo que la persona piensa, cómo se siente y qué está pasando en su vida. (Esto se llama entrevista clínica).

La segunda parte de la SRA utiliza una o más pruebas que han sido probadas para medir el riesgo de suicidio. Estas pruebas se llaman "escalas". Una escala es una forma de medir algo. Algunas de estas escalas han demostrado ser muy fiables, como la Escala de Afecto-Comportamiento-Cognición Suicida (SABCS) y la Escala de Calificación de la Severidad del Suicidio de Columbia (C-SSRS).

Una evaluación del riesgo de suicidio no siempre es completamente correcta sobre el riesgo de suicidio de una persona. Aun así, suele dar una puntuación de riesgo que es útil para tomar decisiones importantes sobre el tratamiento que necesita la persona.

El riesgo de suicidio puede cambiar con el tiempo. Puede ser mayor o menor por diferentes razones. Por ejemplo, el tratamiento (como el asesoramiento o los medicamentos) puede funcionar, haciendo que la persona se sienta mejor, o no funcionar. O la vida de la persona puede cambiar de forma positiva o negativa (por ejemplo, puede conseguir o perder un trabajo, ir a una nueva escuela, conseguir un novio o novia, o romper con uno).

Dado que el riesgo de suicidio puede cambiar con el tiempo, la evaluación del riesgo de suicidio tiene que hacerse más de una vez mientras la persona está en tratamiento. Si la persona está en el hospital para recibir tratamiento, tiene que hacerse antes de enviarla a casa.

Una evaluación del riesgo de suicidio puede ser importante para ayudar a salvar la vida de una persona suicida. Pero un artículo de una revista llamada Suicide & Life-Threatening Behavior, escrito en 2012, dice que las evaluaciones de riesgo de suicidio a menudo no se hacen, y que muchos trabajadores de la salud mental tienen poca o ninguna formación sobre cómo hacer una evaluación de riesgo de suicidio.

Los hospitales, médicos y consejeros pueden ser demandados por muerte negligente si una persona suicida acude a ellos en busca de ayuda, pero nunca hicieron una evaluación del riesgo de suicidio. Muerte por negligencia significa que el hospital, el médico o el asesor no hicieron algo que debían hacer y, por ello, la persona murió.

¿Qué incluye una evaluación completa?

Una evaluación exhaustiva combina la entrevista clínica con herramientas estructuradas y la consideración de factores personales, sociales y médicos. Los elementos principales son:

  • Ideación suicida: si la persona tiene pensamientos de quitarse la vida, frecuencia, duración y contenido (por ejemplo, deseos generales o planes concretos).
  • Intento, comportamiento y planificación: existencia de intentos previos, preparación del método, acceso a medios, y si hay un plan detallado.
  • Intencionalidad y capacidad: cuánto quiere la persona morir y si cree que podrá llevarlo a cabo.
  • Factores precipitantes y estresores: pérdidas recientes, conflictos, situaciones legales, desempleo, problemas de pareja o escolares.
  • Historia clínica y psiquiátrica: trastornos mentales (depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia, trastornos por consumo de sustancias), enfermedades físicas y dolor crónico.
  • Red de apoyo y factores protectores: familia, amigos, responsabilidades, creencias religiosas, motivos para vivir.
  • Consumo de sustancias: alcohol u otras drogas que aumentan el riesgo inmediato.
  • Evaluación del riesgo inminente: señales de peligro inmediato que requieren intervención urgente.

Señales de alto riesgo

  • Intentos previos de suicidio, especialmente recientes o múltiples.
  • Plan específico, acceso a medios letales y determinación explícita.
  • Aislamiento social, pérdida de apoyo, desesperanza intensa.
  • Empeoramiento rápido del estado de ánimo, agitación, conducta impulsiva o consumo agudo de sustancias.
  • Comentario sobre querer morir o dejar de existir.

Herramientas y escalas habituales

Además de la entrevista, se usan escalas validadas para ayudar a estimar el riesgo y documentarlo. Entre las más conocidas están la SABCS y la C-SSRS, mencionadas arriba. Otras herramientas útiles pueden incluir el ítem 9 del PHQ-9 (que pregunta por pensamientos suicidas) y cuestionarios específicos para poblaciones concretas (adolescentes, ancianos, militares).

Proceso práctico paso a paso

  • Triage: evaluar si la persona necesita atención inmediata (riesgo inminente) o puede esperar cita programada.
  • Entrevista clínica: realizar preguntas abiertas y directas sobre pensamientos, planes y recursos.
  • Aplicación de escalas: usar una o varias herramientas estructuradas para complementar la evaluación.
  • Determinación del nivel de riesgo: bajo, moderado o alto, considerando la dinámica y factores actuales.
  • Intervención inmediata: si hay riesgo alto o inminente, medidas como hospitalización (voluntaria o involuntaria según la legislación local), supervisión constante y retirada de medios letales.
  • Plan de seguridad: elaborar un plan escrito con señales de alarma, estrategias de afrontamiento, contactos de apoyo y pasos concretos si aumentan los pensamientos suicidas.
  • Derivación y seguimiento: coordinación con servicios de salud mental, médicos, familiares y recursos comunitarios; programación de revisiones frecuentes.

Plan de seguridad (elementos clave)

  • Identificar señales de empeoramiento.
  • Estrategias internas de afrontamiento (actividades que calman).
  • Personas y números de contacto (familiares, amigos, profesionales).
  • Retirar o asegurar posibles medios letales (medicamentos, armas, objetos peligrosos).
  • Cuándo y cómo pedir ayuda de emergencia.

Limitaciones, ética y aspectos legales

Ninguna evaluación es infalible: el riesgo varía en el tiempo y las escalas no predicen con certeza absoluta. Existen además límites éticos y legales: la confidencialidad puede ser limitada cuando existe riesgo real de daño, y los profesionales deben conocer la normativa local sobre hospitalización involuntaria y notificación. Como indica la evidencia, muchas evaluaciones no se realizan correctamente si el personal no está formado.

Capacitación y recursos

Es fundamental que los profesionales reciban formación específica para realizar SRA (por ejemplo, cursos de evaluación de conducta suicida, manejo de crisis, técnicas de entrevista). Programas reconocidos internacionalmente ofrecen entrenamiento en identificación y manejo del riesgo. Además, es útil que los servicios de salud implementen protocolos escritos y sistemas para registrar y revisar evaluaciones.

Consideraciones especiales

  • Adolescentes: evaluar relaciones escolares, acoso, uso de redes sociales y dinámica familiar.
  • Personas mayores: valorar enfermedades crónicas, dolor, pérdidas y aislamiento.
  • Cultural y lingüístico: adaptar la evaluación a la cultura, idioma y creencias de la persona.

Qué hacer en una situación de emergencia

Si existe peligro inminente (plan detallado, medios disponibles o intento en curso), actúe de inmediato: contacte a los servicios de emergencia locales, lleve a la persona a urgencias o busque asistencia profesional inmediata. Si está fuera del ámbito profesional y sospecha que alguien corre peligro, no lo deje solo y pida ayuda.

Resumen

La evaluación del riesgo de suicidio es una herramienta esencial para identificar a personas en peligro y decidir las intervenciones necesarias. Debe combinar una entrevista clínica cuidadosa, escalas validadas, valoración de factores de riesgo y protectores, y un plan claro de seguridad y seguimiento. La formación del personal y la existencia de protocolos mejoran la calidad de las evaluaciones y la protección de las personas en riesgo.

Si tú o alguien que conoces está en riesgo, busca ayuda profesional cuanto antes. En situaciones de peligro inmediato, contacta los servicios de emergencia locales o líneas de ayuda en crisis disponibles en tu país.