En astronomía, la clasificación estelar es el sistema que permite agrupar las estrellas según propiedades observables, sobre todo su temperatura y las características de su espectro. La temperatura efectiva de una estrella controla su emisión continua (curva de cuerpo negro) y la fuerza de las líneas de absorción o emisión en su espectro; ambas señales son las que utiliza la espectroscopia para asignar una clase espectral.

Tipos principales y colores

Las estrellas se agrupan en clases espectrales designadas por letras. Las siete clases más comunes, organizadas de las más frías a las más calientes, son:

  • M — rojo (las más frías)
  • K — naranja
  • G — amarillo (por ejemplo, el Sol)
  • F — amarillo-blancuzco
  • A — blanco (líneas de hidrógeno fuertes)
  • B — blanco-azulado
  • O — azul (las más calientes)

Cada letra corresponde a un conjunto característico de líneas espectrales: por ejemplo, las estrellas de tipo A muestran líneas Balmer de hidrógeno muy marcadas; las M presentan bandas moleculares (como TiO); las O y B muestran líneas de helio ionizado y fuertes líneas de hidrógeno en los tipos más calientes.

Temperaturas y subclases

Las clases espectrales se asocian a rangos aproximados de temperatura efectiva (K). Un esquema orientativo es:

  • O: > 30 000 K
  • B: 10 000–30 000 K
  • A: 7 500–10 000 K
  • F: 6 000–7 500 K
  • G: 5 200–6 000 K
  • K: 3 700–5 200 K
  • M: < 3 700 K

Dentro de cada letra existen subclases numéricas de 0 a 9 (por ejemplo, G0, G2, G5, G9) que refinan la temperatura. Además, el sistema Morgan–Keenan (MK) añade clases de luminosidad (I a V) para indicar el tamaño/estado evolutivo: I = supergigante, III = gigante, V = secuencia principal (enana). Así el Sol se clasifica como G2V (estrella de secuencia principal, tipo G2).

Clases especiales

Existen tipos espectrales adicionales que describen objetos particulares:

  • W — estrellas Wolf–Rayet (vientos estelares fuertes, espectros con líneas de emisión anchas)
  • R y Nestrellas carbonosas (abundancia elevada de carbono, bandas moleculares específicas)
  • S — estrellas con enriquecimiento en elementos del s-proceso (moléculas y líneas características)
  • D — en la clasificación moderna, la letra D se usa para enanas blancas (con subtipos como DA, DB según las líneas dominantes)

Cómo se mide y por qué importa

La clasificación se obtiene mediante espectros de alta o moderada resolución: se estudian líneas de absorción/emisión, su intensidad relativa y su anchura. La posición y forma de las líneas también permiten medir velocidades radiales (efecto Doppler) y la presencia de campos magnéticos (ancho por Zeeman). La clasificación espectral es fundamental para:

  • Determinar temperatura, masa y radio aproximado de la estrella.
  • Situar la estrella en el diagrama de Hertzsprung–Russell (relación temperatura-luminosidad) y, por tanto, inferir su edad y fase evolutiva.
  • Identificar poblaciones estelares y composición química (metallicidad).

Hay que tener en cuenta factores observacionales que alteran la apariencia: la extinción interestelar enrojece la luz, y la resolución o el ruido en el espectro pueden complicar la clasificación.

Ejemplos representativos

  • Sol: G2V (estrella amarilla de la secuencia principal).
  • Sirius A: A1V (estrella blanca brillante de la secuencia principal).
  • Betelgeuse: M2Iab (supergigante roja).
  • Proxima Centauri: tipo M (está entre las enanas rojas, muy fría y de bajo brillo).

En resumen, la clasificación espectral organiza las estrellas por su temperatura y composición mediante la observación de su espectro; es una herramienta esencial para entender la física y la evolución estelar.