La poliomielitis, llamada comúnmente polio, es una enfermedad infecciosa causada por el poliovirus. El virus se transmite principalmente por la vía fecal-oral y por contacto directo de persona a persona. La mayoría de las infecciones son asintomáticas o solo provocan síntomas leves, parecidos a los de la gripe; para un resumen breve de las presentaciones habituales, véase síntomas y signos iniciales. Solo cuando el virus entra en la sangre y se propaga más allá del intestino puede llegar al sistema nervioso central; por eso, el paso de entrar en la corriente sanguínea es una etapa clave en el camino hacia una enfermedad más grave.

Manifestaciones clínicas y complicaciones

Cuando el poliovirus invade el sistema nervioso puede infectar el cerebro o la médula espinal, dañando las células nerviosas que controlan los músculos. Esto puede producir debilidad y parálisis flácida aguda. Entre los músculos afectados se incluyen los de las extremidades, los músculos respiratorios y los utilizados para tragar; la afectación de los músculos encargados de respirar puede llevar a insuficiencia respiratoria que requiera apoyo mecánico, como el pulmón de acero en el pasado y la asistencia ventilatoria moderna en la actualidad. Algunas personas recuperan fuerza en semanas o meses; otras quedan con debilidad y discapacidad permanentes y pueden necesitar una ayuda para la movilidad o una silla de ruedas. Las dificultades para respirar o tragar se describen con más detalle en complicaciones respiratorias.

  • Curso típico no paralítico: fiebre leve, dolor de garganta y malestar gastrointestinal, a menudo pasa inadvertido.
  • Polio paralítica: parálisis flácida asimétrica que se desarrolla en horas o días y puede ser permanente.
  • Secuelas a largo plazo: debilidad de por vida y, en algunos supervivientes, síndrome pospolio: nueva debilidad muscular y fatiga décadas después de la infección aguda.

Epidemiología y resultados

La letalidad y la gravedad dependen de la edad, de la extensión de la afectación del sistema nervioso y del acceso a cuidados de apoyo. Fuentes antiguas han citado unas 15 muertes por cada 10.000 infecciones en adultos como estimación de la mortalidad general en adultos, pero el riesgo aumenta de forma considerable entre quienes presentan enfermedad paralítica grave. La incidencia mundial ha caído de forma drástica gracias a las campañas de vacunación. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y sus asociados siguen el progreso; la comparación entre cifras históricas y posteriores muestra reducciones muy importantes de la enfermedad y la muerte en las últimas décadas (tendencias y estadísticas).

Prevención: vacunas y medidas de salud pública

La polio es una de las pocas enfermedades infecciosas para las que las vacunas eficaces son la base de la prevención. Se han utilizado ampliamente dos tipos principales de vacunas: la vacuna inactivada contra la polio (IPV), administrada por inyección, y la vacuna oral contra la polio (OPV), administrada por vía oral. Se requieren varias dosis para producir inmunidad duradera; pueden recomendarse dosis de refuerzo para viajeros o personas con mayor riesgo. La información general sobre vacunación está disponible en orientación sobre vacunación y en recursos oficiales sobre vacunas, como las páginas acerca de las vacunas contra la polio. Los organismos nacionales de salud pública, incluidos los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, publican calendarios y consejos para viajes.

  1. La inmunización infantil rutinaria con IPV u OPV previene la mayoría de las infecciones.
  2. La alta cobertura y las campañas masivas repetidas se utilizan para interrumpir la transmisión.
  3. La vigilancia de la parálisis flácida aguda y el muestreo ambiental detectan la circulación residual del virus.

Historia, esfuerzos de erradicación y datos destacados

Las grandes epidemias de la primera mitad del siglo XX provocaron una gran preocupación pública y llevaron al desarrollo de vacunas por investigadores como Jonas Salk y Albert Sabin. La Iniciativa Mundial para la Erradicación de la Polio, puesta en marcha en 1988, coordinó campañas masivas de vacunación y vigilancia en todo el mundo; en aquel momento había aproximadamente 350.000 casos notificados, y las campañas posteriores redujeron los casos en más del 99% en muchas regiones. El progreso ha eliminado la polio de la mayoría de los países; sin embargo, la erradicación completa ha sido difícil por obstáculos políticos, logísticos y biológicos, incluidos los raros brotes de poliovirus derivados de la vacuna en comunidades con baja inmunización. Para un contexto histórico y figuras destacadas afectadas por la polio, véase la reseña de Franklin Delano Roosevelt, que vivió con polio paralítica.

Hoy en día, la erradicación sigue siendo una prioridad de salud pública. Mantener una alta cobertura vacunal, responder con rapidez a los brotes y contar con una vigilancia fiable son esenciales para evitar el regreso de la transmisión. Para recursos más técnicos y orientación de las autoridades sanitarias, consulte los enlaces designados sobre manifestaciones clínicas, vacunas y vigilancia: síntomas, diseminación por la sangre, neuroinvasión, músculos afectados, parálisis, apoyo para la movilidad, necesidades de silla de ruedas, atención respiratoria, vacunación, tipos de vacunas, OMS, tendencias mundiales, CDC y notas históricas.