La prostatitis es cualquier forma de inflamación de la glándula prostática. Dado que las mujeres no tienen una glándula prostática, es una afección que sólo se da en los hombres, aunque las mujeres tienen glándulas parauretrales microscópicas de Skene conectadas al tercio distal de la uretra en el espacio prevaginal que son homólogas a la próstata, y pueden causar síntomas.

El diagnóstico de prostatitis se asigna en el 8% de las visitas al urólogo y en el 1% de las visitas al médico de atención primaria en los Estados Unidos.

Tipos de prostatitis

  • Prostatitis bacteriana aguda: infección súbita y grave de la próstata, con fiebre y signos de infección sistémica.
  • Prostatitis bacteriana crónica: infección recurrente o persistente de la próstata; suele diagnosticarse por cultivos positivos repetidos.
  • Síndrome de dolor pélvico crónico (prostatitis crónica no bacteriana): dolor pélvico persistente sin evidencia clara de infección; es la forma más frecuente.
  • Prostatitis inflamatoria asintomática: presencia de inflamación en la próstata detectada en pruebas, pero sin síntomas perceptibles.

Causas

Las causas varían según el tipo:

  • Infecciosas: bacterias comunes del tracto urinario como Escherichia coli, Proteus, Klebsiella y Pseudomonas. En hombres jóvenes pueden participar patógenos de transmisión sexual como Chlamydia trachomatis o Neisseria gonorrhoeae.
  • Reflujo de orina: flujo retrógrado de orina hacia los conductos prostáticos que facilita la inflamación o infección.
  • Instrumentación u otras intervenciones: cateterismo uretral, biopsias o cirugías pueden introducir bacterias.
  • Factores no infecciosos: disfunción del suelo pélvico, alteraciones neurológicas, respuestas inflamatorias o factores psicógenos contribuyen sobre todo en el síndrome de dolor pélvico crónico.

Síntomas

Los síntomas dependen del tipo, pero los más frecuentes son:

  • Dolor o molestia en la zona perineal, sacra, la parte baja del abdomen o los testículos.
  • Síntomas urinarios: urgencia, frecuencia, dificultad para iniciar la micción, flujo débil, dolor al orinar (disuria) y nicturia.
  • Dolor durante o después de la eyaculación; disminución de la libido o disfunción sexual.
  • En la prostatitis aguda: fiebre, escalofríos, malestar general y posible retención urinaria.
  • En algunos casos: sangre en la orina o el semen.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la historia clínica, la exploración y pruebas complementarias:

  • Historia y examen físico: la exploración incluye tacto rectal (DRE) para evaluar tamaño, sensibilidad y textura de la próstata; en prostatitis aguda puede estar dolorosa y aumentada de tamaño.
  • Análisis de orina y urocultivo: para detectar infección del tracto urinario y bacterias causantes.
  • Pruebas específicas: el examen de orina antes y después del masaje prostático o el estudio de secreciones prostáticas puede ayudar a diferenciar tipos (aunque el masaje está contraindicado en la prostatitis aguda por riesgo de bacteriemia).
  • Análisis de sangre: hemograma y marcadores inflamatorios (PCR, VSG) si hay signos sistémicos.
  • Imagen: ecografía transrectal o ecografía abdominal en casos seleccionados; la resonancia magnética se usa en situaciones complejas. Cistoscopia si se sospecha obstrucción o patología vesical asociada.

Tratamiento

El tratamiento depende del tipo de prostatitis:

  • Prostatitis bacteriana aguda: requiere antibióticos sistémicos inmediatos (por ejemplo, fluoroquinolonas o trimetoprim-sulfametoxazol, según sensibilidad local y resultados de cultivo), normalmente durante 2–4 semanas o más si es necesario. Manejo del dolor, hidratación y, a veces, hospitalización si hay sepsis o retención urinaria.
  • Prostatitis bacteriana crónica: tratamiento prolongado con antibióticos dirigidos por cultivo (semanas a meses), junto con medidas para aliviar los síntomas: alfa-bloqueantes (mejoran el flujo urinario), antiinflamatorios y fisioterapia del suelo pélvico.
  • Síndrome de dolor pélvico crónico: enfoque multimodal: fisioterapia específica, técnicas de relajación y control del estrés, analgésicos y antiinflamatorios, alfa-bloqueantes para síntomas urinarios y, en algunos casos, fármacos para dolor neuropático (p. ej. amitriptilina, gabapentina). Los antibióticos solo si hay evidencia de infección.
  • Medidas generales: baños de asiento tibios, evitar irritantes (alcohol, cafeína, comidas picantes), mantenerse hidratado y vaciar la vejiga con regularidad. En casos refractarios puede considerarse la derivación a una unidad de dolor, intervenciones mínimamente invasivas o cirugía en situaciones seleccionadas.

Complicaciones

  • Absceso prostático (emergencia que puede requerir drenaje).
  • Infecciones recurrentes del tracto urinario.
  • Obstrucción crónica de la salida vesical y deterioro de la función de la vejiga.
  • Dolor pélvico crónico y repercusiones en la calidad de vida y la función sexual.

Prevención y consejos prácticos

  • Mantener buena hidratación y hábitos miccionales (no retrasar la micción).
  • Practicar sexo seguro para reducir el riesgo de infecciones de transmisión sexual.
  • Evitar el uso innecesario de sondas urinarias y tratar prontamente las infecciones urinarias.
  • Reducir factores que empeoran los síntomas: alcohol, cafeína, tabaco y comidas picantes; alternar períodos de reposo con movilización si se pasa mucho tiempo sentado.

Cuándo consultar con urgencia

  • Fiebre alta, escalofríos o signos de sepsis.
  • Incapacidad para orinar (retención aguda).
  • Dolor intenso o empeoramiento súbito de los síntomas.
  • Sangre abundante en la orina o en el semen.

Pronóstico: la prostatitis aguda responde bien al tratamiento cuando se identifica y trata precozmente. La prostatitis crónica y el síndrome de dolor pélvico crónico pueden requerir tratamiento prolongado y un enfoque multidisciplinar (urología, fisioterapia, medicina del dolor y apoyo psicológico) para mejorar los síntomas y la calidad de vida.

Ante cualquier duda o síntoma persistente, consulte a un profesional de la salud para una evaluación y tratamiento adecuados.