El esferoide oblato es una figura geométrica muy común en astronomía y geodesia. Se parece a una esfera, pero está ligeramente achatada por los polos y ensanchada en el ecuador. Por eso, el diámetro de polo a polo es menor que el diámetro de ecuador a ecuador. Las formas de este tipo se relacionan con los elipsoides, especialmente con aquellos que se obtienen al girar una elipse alrededor de uno de sus ejes.
Los esferoides oblatos presentan simetría rotacional alrededor de un eje que une los polos. Esa simetría aparece porque la rotación genera una fuerza centrífuga que actúa con mayor intensidad en la zona ecuatorial, produciendo el abultamiento característico. Cuanto más rápido gira un cuerpo, mayor suele ser su achatamiento.
Ejemplos de esferoide oblato en la naturaleza
Muchos planetas tienen esta forma, incluidos la Tierra y Saturno. En el caso de la Tierra, el achatamiento es pequeño, pero medible: el planeta no es una esfera perfecta, sino un esferoide oblato muy cercano a la esfera. De hecho, la diferencia entre el radio ecuatorial y el radio polar es de varios kilómetros, suficiente para que se observe en cálculos astronómicos, mapas y sistemas de navegación.
La forma real de nuestro planeta es todavía un poco más compleja, porque la distribución de masas no es uniforme. Por eso, además del esferoide oblato, se habla del geoide para describir la superficie equipotencial que mejor se ajusta al nivel medio del mar. Aun así, el esferoide oblato sigue siendo el modelo matemático más práctico para representar la Tierra en muchas aplicaciones.
En el Sistema Solar también se observan esferoides oblatos en otros cuerpos que giran con rapidez. Saturno es uno de los casos más llamativos, ya que su rotación produce un achatamiento mucho mayor que el de la Tierra. Júpiter presenta un efecto similar. En general, los planetas gaseosos suelen mostrar un abultamiento ecuatorial más pronunciado que los planetas rocosos.
Las estrellas también pueden adoptar esta forma si giran lo bastante rápido. El giro de una estrella modifica su equilibrio interno y puede hacer que su contorno sea más ancho en el ecuador que en los polos. El Sol gira a unos 2 km por segundo en su ecuador, por lo que su achatamiento es pequeño, aunque existe. En otras estrellas de rotación rápida, el efecto puede ser mucho más evidente.
Un caso extremo es el de las estrellas de neutrones, que pueden rotar a velocidades de miles de km/seg. En estos objetos, la gravedad es tan intensa que la materia se comprime enormemente, pero la rápida rotación aún puede deformarlos y convertirlos en esferoides oblatos muy marcados.
En resumen, el esferoide oblato es una forma clave para entender cuerpos celestes que giran. Sirve para describir con precisión la estructura de la Tierra, comparar planetas y estudiar cómo la rotación influye en la forma de los objetos astronómicos.
