La unción de los enfermos es un sacramento (una ceremonia sagrada) en el catolicismo romano y en otras confesiones cristianas. Se administra a las personas que están "en peligro debido a la enfermedad o la vejez".
No es necesario estar agonizando para recibir la Unción de los Enfermos. Puede darse a cualquier persona con una enfermedad grave o una condición médica de la que podría morir, así como en situaciones de fragilidad por la edad, antes de una operación seria, o en empeoramientos de enfermedades crónicas.
Este sacramento también se denomina simplemente Unción. En épocas pasadas se le llamaba Extremaunción, pero desde el Concilio Vaticano II se ha insistido en el término Unción de los Enfermos para subrayar su uso pastoral no solo en el momento de la muerte sino siempre que hay peligro por enfermedad. La palabra "unción" designa el gesto de poner aceite sobre la persona, y el aceite es una parte importante de la ceremonia.
Formas y elementos del sacramento
- Ministerio: el ministro ordinario es un sacerdote (o el obispo). Un diácono o un laico no pueden administrar válidamente este sacramento.
- Gestos principales: imposición de manos y unción con óleo (normalmente en la frente y en las manos), acompañadas de oraciones. La imposición de manos es signo de la transmisión de la gracia y la unción simboliza la consagración y la fortaleza.
- Material litúrgico: se utiliza el óleo de los enfermos, que habitualmente bendice el obispo en la Misa Crismal o en otra celebración diocesana.
- Complementos: cuando sea posible, antes de la unción se puede administrar el sacramento de la reconciliación (confesión) y, si la persona está cerca de la muerte, también el Viático (la comunión para el tránsito).
Efectos espirituales y pastorales
La Unción de los Enfermos ofrece varios frutos espirituales:
- Fortaleza y consuelo para sobrellevar la enfermedad y el sufrimiento.
- Participación en la pasión de Cristo: la gracia ayuda a unir el sufrimiento personal con la obra redentora de Jesús.
- Perdón de los pecados si la persona no puede confesarse por su enfermedad (cuando no sea posible recibir el sacramento de la penitencia antes).
- Posible alivio o sanación física, si la voluntad de Dios lo dispone; sin embargo, el principal fin del sacramento es la salud espiritual y la gracia para enfrentar la enfermedad.
Fundamento bíblico e histórico
El sacramento está basado en la enseñanza de la Iglesia y en textos bíblicos como Santiago 5,14–15: "¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor; y la oración de fe salvará al enfermo". Históricamente, la práctica fue asociada con la preparación para la muerte (de ahí el nombre antiguo "Extremaunción"), pero la renovación litúrgica y pastoral del siglo XX amplió su aplicación a toda situación grave de enfermedad o fragilidad.
Cuándo y cómo pedirla
- Se recomienda solicitar la unción cuando aparece una enfermedad grave, antes de una operación mayor, en empeoramientos de enfermedades crónicas, o cuando la persona anciana se vuelve especialmente vulnerable.
- Para recibirla, conviene llamar a la parroquia o pedir a un sacerdote que vaya al domicilio, hospital o residencia. Si la persona está en peligro inminente y no hay sacerdote disponible, se debe intentar contactar urgentemente con el clero; el sacramento, sin embargo, solo lo puede administrar un sacerdote u obispo.
- Es un gesto comunitario: la Iglesia acompaña con oración y cercanía al enfermo y a su familia.
Relación con las "últimas ceremonias"
La expresión popular "últimos oficios" o "last rites" suele agrupar varios ritos que se dan a los moribundos: confesión, Unción de los Enfermos y el Viático. La Iglesia distingue claramente estos sacramentos y su orden: aunque la unción suele darse cuando la muerte es inminente, hoy se administra también en situaciones no terminales para ofrecer sanación y fortaleza.
En resumen, la Unción de los Enfermos es un sacramento de acompañamiento y gracia: acoge el sufrimiento humano, ofrece perdón si es necesario y fortalece al creyente para enfrentar la enfermedad, la vejez o la cercanía de la muerte.


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