El Credo de los Apóstoles (en latín: Symbolum Apostolorum), a veces titulado Símbolo de los Apóstoles, es una declaración temprana de la creencia cristiana, un credo o "símbolo".
Es comúnmente utilizado por muchas denominaciones cristianas, durante las ceremonias religiosas y como resumen de las creencias cristianas. Se utiliza sobre todo en las ceremonias de las iglesias de tradición occidental, como el rito latino de la Iglesia Católica Romana, el luteranismo, la comunión anglicana y la ortodoxia occidental. También lo utilizan las denominaciones protestantes evangélicas, como los presbiterianos, los metodistas, los congregacionalistas y muchos bautistas.
El Credo se llama Credo de los Apóstoles porque consta tradicionalmente de doce artículos. La gente creía que después de Pentecostés, Dios inspiró a cada uno de los Doce Apóstoles de Jesús a escribir un artículo. Desde un punto de vista histórico y crítico, sin embargo, no existe evidencia de que los Doce Apóstoles compusieran directamente este texto; más bien se trata de una formulación baptismal que se fue desarrollando en la Iglesia primitiva.
Texto y contenidos principales
El Credo de los Apóstoles resume las creencias fundamentales en doce afirmaciones que, agrupadas, expresan la fe en Dios Padre, en Jesucristo y en el Espíritu Santo, así como en la Iglesia y la vida eterna. En castellano suele presentarse así (forma común):
- Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
- Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
- que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de la Virgen María,
- padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado,
- descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos,
- subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso;
- desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
- Creo en el Espíritu Santo,
- la santa Iglesia católica, la comunión de los santos,
- el perdón de los pecados,
- la resurrección de la carne,
- y la vida eterna. Amén.
Origen y desarrollo histórico
El Credo tiene sus raíces en las fórmulas de fe usadas en los ritos de bautismo de la Iglesia primitiva. Los primeros testimonios de una fórmula similar aparecen ya en los siglos II y III. Los estudiosos distinguen entre diversas formas tempranas (por ejemplo, el llamado «Antiguo Credo Romano») y la formulación latina que llegó a difundirse en la cristiandad occidental.
La atribución literal a los Doce Apóstoles es una tradición antigua que quiso subrayar la autoridad de la fórmula; históricamente, el texto evolucionó gradualmente como un resumen catequético y litúrgico, fijándose definitivamente en la Edad Media en la tradición latina occidental.
Uso litúrgico y pastoral
El Credo de los Apóstoles se utiliza de formas diversas según las tradiciones cristianas:
- En la Iglesia Católica Romana, se emplea en la liturgia bautismal y en algunas oraciones y catequesis; en la Misa ordinaria se suele proclamar el Credo niceno-constantinopolitano los domingos y fiestas, aunque en celebraciones particulares el Apostolorum puede ser utilizado.
- En iglesias anglicanas y luteranas es frecuente recitar el Credo de los Apóstoles como parte de la liturgia dominical o en la preparación bautismal.
- Muchas denominaciones protestantes lo mantienen como confesión de fe en cultos, en programas de enseñanza religiosa y como texto para la instrucción de los catecúmenos.
- En el rito del bautismo se utiliza como fórmula de profesión de fe —a veces por el candidato mismo o por los padrinos—, ya que su lenguaje es conciso y apto para la transmisión catequética.
Significado teológico y ecuménico
Teológicamente el Credo es valioso por su simplicidad y por condensar los puntos esenciales de la fe cristiana: la Trinidad en acción, la encarnación y la obra redentora de Cristo, la resurrección y la esperanza escatológica, además de la presencia del Espíritu y la realidad de la Iglesia. Por su difusión y aceptación en muchas tradiciones, tiene un gran valor ecuménico: constituye una base común de confesión entre católicos, ortodoxos occidentales, anglicanos, luteranos y muchas iglesias reformadas.
Algunos términos o frases han suscitado variantes y debates (por ejemplo, la interpretación de «descendió a los infiernos» o matices sobre la expresión «Iglesia católica»), pero en general el texto permite coincidencias doctrinales amplias sin entrar en las formulaciones teológicas más detalladas que caracterizan credos posteriores como el niceno.
Diferencias con el Credo niceno
- El Credo de los Apóstoles es más breve y de carácter principalmente bautismal y catequético.
- El Credo niceno-constantinopolitano (formulado en los concilios de Nicea y Constantinopla) es más extenso y fue elaborado para responder a controversias cristológicas y trinitarias (por ejemplo, la relación entre el Padre y el Hijo, la divinidad plena de Cristo).
- El lenguaje teológico del niceno es más preciso y técnico; el de los Apóstoles es más simple y apto para la instrucción popular.
Conclusión
El Credo de los Apóstoles sigue siendo hoy una de las fórmulas más conocidas y utilizadas del cristianismo occidental. Su valor reside en ofrecer un compendio claro y accesible de la fe cristiana, útil para la liturgia, la catequesis y como punto de encuentro ecuménico entre tradiciones diversas. Aunque su origen no sea literalmente apostólico, la tradición y la antigüedad del texto le confieren autoridad y un lugar permanente en la vida religiosa de muchas comunidades cristianas.