La conducción de calor (o conducción térmica) es el movimiento de calor de un objeto a otro que tiene diferente temperatura cuando se tocan. Por ejemplo, podemos calentarnos las manos tocando botellas de agua caliente. Cuando las manos frías tocan la botella de agua caliente, el calor fluye desde el objeto más caliente (la botella de agua caliente) al más frío (la mano). Se fabrican objetos con diferente conductividad térmica, por ejemplo, utensilios de cocina para calentar cosas o recipientes aislantes para mantener calientes las cosas o frías las cosas.
Otras formas de transferir el calor son la radiación térmica y/o la convección. Por lo general, más de uno de estos procesos ocurre al mismo tiempo.
Cómo funciona la conducción térmica
La conducción térmica ocurre porque las regiones con mayor energía térmica (mayor temperatura) transfieren esa energía a regiones con menor energía térmica. A escala microscópica, esta transferencia puede ocurrir de dos maneras principales:
- En metales: los electrones libres, además de las vibraciones de la red cristalina, transportan energía eficazmente, por eso los metales suelen tener alta conductividad.
- En aislantes y sólidos no metálicos: la energía se transfiere principalmente mediante vibraciones de la red atómica o molecular (fonones).
En forma matemática, la conducción sigue la ley de Fourier, que en términos sencillos dice que el flujo de calor es proporcional al gradiente de temperatura y a la conductividad térmica del material. Esto se expresa habitualmente como q = -k · ∇T, donde q es el flujo de calor, k la conductividad térmica y ∇T el gradiente de temperatura.
Factores que afectan la conducción
- Conductividad térmica del material (k): materiales con k grande conducen mejor el calor.
- Diferencia de temperatura: mayor diferencia genera mayor flujo de calor.
- Área de contacto: a mayor área, mayor cantidad de calor transferido (si todo lo demás es igual).
- Espesor del material: a mayor espesor, mayor resistencia térmica y menor flujo para una misma diferencia de temperatura.
- Resistencia de contacto: cuando dos superficies no están perfectamente unidas, aparece una resistencia adicional que reduce la conducción.
Ejemplos prácticos
- Utensilios de cocina: las sartenes usan metales (cobre, aluminio) con alta conductividad para calentar rápidamente; a menudo tienen capas diferentes para combinar buena conducción y durabilidad.
- Aislamiento térmico: materiales como la lana, el poliestireno o el aire atrapado tienen baja conductividad y se usan para mantener la temperatura dentro de edificios o recipientes.
- Disipadores en electrónica: piezas de metal (generalmente aluminio o cobre) que conducen el calor desde componentes calientes hacia aletas que lo entregan al aire.
- Un cucharón en sopa caliente: la cuchara se calienta por conducción; si es metálica se calienta rápido, si es de madera, lentamente.
- Botellas térmicas: usan vacíos o capas aislantes para impedir la conducción (y también la convección y la radiación) y así conservar la temperatura.
Valores típicos de conductividad (aprox.)
- Cobre: ~400 W·m⁻¹·K⁻¹
- Aluminio: ~205 W·m⁻¹·K⁻¹
- Acero inoxidable: ~15–20 W·m⁻¹·K⁻¹
- Vidrio: ~0,8–1,0 W·m⁻¹·K⁻¹
- Madera: ~0,1–0,2 W·m⁻¹·K⁻¹
- Aire (a presión atmosférica): ~0,024 W·m⁻¹·K⁻¹
Consejos prácticos y consideraciones
- Para reducir pérdidas térmicas use materiales aislantes, disminuya el área de contacto o aumente el espesor.
- En aplicaciones donde se quiere conducir calor (como disipadores), se buscan materiales con alta conductividad y buena superficie de intercambio con el medio.
- Recuerde que en la práctica la conducción suele aparecer junto con convección y radiación; por ejemplo, una olla en la estufa combina los tres mecanismos.
- En situaciones de seguridad, la conducción puede causar quemaduras: use mangos aislantes o guantes para evitar contacto directo.
La comprensión de la conducción térmica ayuda a diseñar mejores sistemas de calefacción, refrigeración, aislamiento y gestión térmica en numerosas aplicaciones domésticas e industriales.


