La epistaxis es la salida de sangre por la nariz; en el lenguaje común se la conoce como hemorragia nasal. Aunque puede parecer alarmante, la mayoría de los episodios no ponen en peligro la vida. Se distinguen formas según la localización: la mayor parte son hemorragias nasales anteriores, mientras que las posteriores son menos frecuentes pero pueden ser más graves.
Causas y factores desencadenantes
Las hemorragias nasales pueden tener múltiples orígenes. Entre los más habituales se encuentran:
- Traumatismos locales, incluidos los pequeños (como hurgarse la nariz) y golpes.
- Sequedad de la mucosa nasal, favorecida por ambientes con cambios de temperatura o baja humedad.
- Infecciones respiratorias altas, rinitis alérgica o irritación crónica de la mucosa.
- Medicamentos que afectan la coagulación (anticoagulantes, antiagregantes) o el uso excesivo de descongestionantes nasales tópicos.
- Trastornos de la coagulación y enfermedades sistémicas menos comunes.
- Corpos extraños en niños y, en raros casos, tumores nasales.
Tipos de epistaxis
- Anteriores: se originan en la parte frontal del tabique nasal (zona de Kiesselbach). Son las más frecuentes y, por lo general, más fáciles de controlar.
- Posteriores: provienen de vasos localizados en la parte posterior de la cavidad nasal. Son menos frecuentes, tienden a ser más abundantes y pueden requerir atención hospitalaria especializada.
Primeros auxilios y manejo inicial
Ante una hemorragia nasal, se recomiendan medidas sencillas y efectivas:
- Sentarse e inclinar el tronco y la cabeza ligeramente hacia delante (evitar echar la cabeza hacia atrás para no tragar sangre).
- Presionar firmemente la parte blanda de la nariz (hueso del tabique no) durante 10–15 minutos continuos.
- Respirar por la boca y aplicar una compresa fría sobre el puente nasal o la nuca para ayudar a reducir el flujo.
- Tras cesar la hemorragia, evitar sonarse la nariz, esfuerzos físicos intensos y recoger objetos nasales durante 24–48 horas.
Si la hemorragia no cede con medidas básicas, puede ser necesario tratamiento médico que incluya cauterización química o eléctrica, taponamiento nasal, o en casos resistentes procedimientos endovasculares u operatorios.
Cuándo buscar atención médica
- Si el sangrado persiste más de 20–30 minutos a pesar de las medidas iniciales.
- Hemorragia abundante, dificultad respiratoria o pérdida de mucha sangre.
- Si el paciente toma anticoagulantes o tiene un trastorno de coagulación conocido.
- Repetición frecuente de epistaxis o sospecha de cuerpo extraño en niños.
- Signos de infección, mareo intenso, desmayo o hemorragia posterior.
Prevención
- Mantener una adecuada humedad ambiental en hogares y espacios cerrados, sobre todo en invierno.
- Evitar la manipulación violenta del interior de la nariz y el consumo indiscriminado de descongestionantes tópicos.
- Tratar rinitis y alergias para reducir la inflamación crónica.
- Revisar, con el médico, la conveniencia de ajustes en medicamentos que afectan la coagulación.
- Proteger la nariz frente a traumatismos durante actividades de riesgo.
Epidemiología y pronóstico
Las epistaxis son comunes y presentan un aumento de incidencia en meses fríos y secos, cuando las variaciones de temperatura y de humedad son más marcadas y las infecciones respiratorias altas son frecuentes. Afectan con mayor frecuencia a niños y a personas mayores. En la mayoría de los casos el pronóstico es favorable: la hemorragia se controla con medidas simples, aunque algunos casos requieren intervención médica especializada.