El final del Eoceno fue el comienzo del Oligoceno (hace 33,9 millones de años). Está marcado por un recambio floral y faunístico a gran escala: cambios en la composición de comunidades terrestres y marinas que dieron paso, con el tiempo, a ecosistemas de aspecto más moderno.
Cambios climáticos y extensión de hielos
Fue una época de grandes cambios climáticos, especialmente de enfriamiento. El evento más notable es el cambio isotópico conocido como Oi-1, un brusco desplazamiento en los isótopos de oxígeno que marca el inicio de la formación sostenida de la capa de hielo en la Antártida. Este enfriamiento provocó una caída del nivel del mar por la captación de agua en los nuevos casquetes glaciares y una reorganización de las corrientes oceánicas y de los hábitats costeros.
Causas propuestas del enfriamiento y la extinción
- Descenso del dióxido de carbono: Una de las principales teorías científicas predice un descenso del dióxido de carbono atmosférico. El CO2 habría disminuido lentamente durante el Eoceno medio y tardío y, según modelos y registros geoquímicos, pudo cruzar un umbral climático hace unos 34 millones de años que facilitó la glaciación antártica y el enfriamiento global.
- Procesos tectónicos y oceanográficos: Cambios en la configuración de los continentes y estrechos marinos modificaron las circulaciones oceánicas y la distribución de calor. La apertura de pasajes alrededor de la Antártida (por ejemplo, el pasaje de Tasmania) y la reorganización de las corrientes pueden haber favorecido el aislamiento térmico de la masa polar, aunque el momento exacto y la contribución de estos factores siguen en debate.
- Actividad volcánica: En la literatura se ha propuesto que episodios volcánicos de larga duración podrían haber afectado el clima por emisiones de CO2 y aerosoles, con efectos tanto de calentamiento a largo plazo como de enfriamiento temporal.
- Impactos de meteoritos: En esta época se produjeron varios impactos de meteoritos de gran tamaño. Uno de ellos provocó el cráter de impacto de la bahía de Chesapeake, a 40 km, y otro en el cráter de Popigai, a 100 km, en el centro de Siberia, que dispersó los restos quizá hasta Europa. La nueva datación del meteorito de Popigai sugiere que puede ser la causa de la extinción masiva. Los impactos habrían provocado perturbaciones ambientales inmediatas (ondas de choque, incendios, tsunamis) y forzamientos climáticos a corto y medio plazo por la inyección de polvos y aerosoles en la atmósfera.
Múltiples factores e interacción
No existe consenso en que una única causa explique todos los cambios observados: la evidencia apunta a una interacción entre la caída de los niveles de CO2, cambios tectónicos/oceanográficos, actividad volcánica y, posiblemente, impactos extraterrestres. En muchos estudios se plantea que un descenso gradual del CO2 dejó al sistema climático más sensible a perturbaciones de corta duración (como impactos o pulsos volcánicos), las cuales precipitaron el colapso de condiciones climáticas cálidas y la rápida formación de hielos.
Efectos sobre la vida marina y terrestre
La mayoría de los organismos afectados eran de naturaleza marina o acuática. Entre ellos se encontraban los últimos cetáceos antiguos, los Archaeoceti, que desaparecen del registro fosilífero al final del Eoceno. En océanos y estuarios se registraron extinciones y reestructuraciones en foraminíferos bentónicos, ostrácodos, equinodermos y muchas comunidades de invertebrados sensibles al enfriamiento, cambios de salinidad y caída de productividad.
En tierra, el enfriamiento y la sequedad relativa provocaron un recambio de la vegetación: disminuyeron las plantas tropicales y las selvas extensas en latitudes medias, aumentaron comunidades más tolerantes al frío y, con el tiempo, se favorecería la expansión de biomas abiertos. Estos cambios influyeron en la evolución de mamíferos y aves, con la aparición y diversificación de linajes que ocupan nichos más fríos o abiertos.
Evidencias geológicas y paleoclimáticas
Las reconstrucciones del evento se basan en múltiples registros: análisis isotópicos (oxígeno y carbono) en conchas marinas, cambios en la fauna bentónica, sedimentos continentales que muestran variaciones en el nivel del mar y la erosión, y la datación de cráteres de impacto y capas volcánicas. El patrón global de la señal Oi-1 —presente en muchos núcleos marinos— es una de las principales pruebas de que el enfriamiento y la formación de hielo fueron rápidos en términos geológicos.
Conclusión
El tránsito del Eoceno al Oligoceno fue un momento clave de reajuste climático y biológico que marcó la pérdida de comunidades térmicas y la emergencia de ecosistemas más fríos y modernos. Aunque la reducción del dióxido de carbono y la consiguiente glaciación antártica parecen haber sido motores centrales, la extinción y los cambios ambientales se entienden hoy como el resultado de la interacción de múltiples factores: variaciones en gases atmosféricos, movimientos tectónicos y circulación oceánica, actividad volcánica y episodios de impacto extraterrestre.

