La diálisis consiste en el uso de una máquina para sustituir un riñón tras un fallo renal. La palabra diálisis viene del griego dialusis, dia que significa a través, y lusis que significa desprendimiento.
La diálisis puede utilizarse para personas que han enfermado y han perdido el uso de sus riñones durante un corto periodo de tiempo, o para personas que ya no tienen riñones que funcionen. La función del riñón es mantener el equilibrio de agua y minerales en el cuerpo. Estos minerales incluyen el sodio, el potasio, el cloruro, el calcio, el fósforo, el magnesio y el sulfato. Los riñones también eliminan los iones de hidrógeno de la sangre. La diálisis es capaz de eliminar estos desechos del cuerpo y ayudar a mantener el equilibrio de los minerales.
Sin embargo, los riñones también forman parte del sistema endocrino y producen eritropoyetina y calcitriol. Las máquinas de diálisis no pueden sustituir esta parte de la función renal.
¿Qué hace la diálisis?
- Elimina desechos y toxinas: retira urea, creatinina y otros productos del metabolismo que se acumulan cuando los riñones fallan.
- Equilibra electrolitos y minerales: corrige niveles de sodio, potasio, calcio, fósforo y otros iones para evitar arritmias y otros problemas.
- Controla el volumen de líquidos: elimina el exceso de agua que causa edema y sobrecarga cardíaca.
- Regula el equilibrio ácido-base: ayuda a corregir acidosis metabólica asociada a insuficiencia renal.
Tipos de diálisis
- Hemodiálisis: la sangre se extrae del cuerpo, pasa por un filtro (dializador) donde se limpia y se devuelve. Suele realizarse en un centro o en casa, por lo general 3 veces por semana, cada sesión de 3 a 5 horas. Requiere un acceso vascular, como una fístula arteriovenosa, un injerto o un catéter central.
- Diálisis peritoneal: utiliza la membrana peritoneal del propio paciente como filtro. Se introduce líquido dializante en la cavidad abdominal mediante un catéter y, tras un tiempo de intercambio, se drena con los desechos. Puede ser:
- Ambulatoria continua (CAPD): intercambios manuales varias veces al día.
- Automatizada (APD): una máquina realiza los intercambios durante la noche mientras el paciente duerme.
Limitaciones de la diálisis
La diálisis reemplaza funciones excretoras del riñón, pero no puede reproducir completamente todas sus funciones biológicas. En concreto:
- No produce hormonas renales de forma natural; por ejemplo, la eritropoyetina (que estimula la producción de glóbulos rojos) y el calcitriol (forma activa de la vitamina D) deben controlarse y, a menudo, tratarse con medicamentos.
- No reemplaza totalmente la regulación metabólica fina ni elimina todas las toxinas plasmáticas de la misma forma que un riñón sano.
Cuándo es necesaria la diálisis
La decisión de iniciar diálisis se basa en la función renal (filtrado glomerular), los síntomas y las complicaciones. Algunas razones comunes para comenzar diálisis son:
- Síntomas urémicos severos: náuseas persistentes, vómitos, pérdida de apetito, prurito intenso, fatiga extrema, confusión o encefalopatía.
- Hiperpotasemia grave que no responde a tratamiento médico (riesgo de arritmias).
- Sobrecarga de volumen con edema pulmonar o dificultad respiratoria que no cede con diuréticos.
- Acidosis metabólica severa persistente.
- Pericarditis urémica o signos de acumulación tóxica sistémica.
- En la insuficiencia renal aguda, cuando hay compromiso evidente de la vida por las razones anteriores.
Como orientativo, muchos equipos consideran iniciar diálisis cuando el filtrado glomerular es menor de aproximadamente 10–15 mL/min/1,73 m² o antes si aparecen síntomas o complicaciones.
Acceso vascular y procedimiento
Para hemodiálisis se necesita un acceso vascular fiable. Las opciones más habituales son:
- Fístula arteriovenosa (preferida): conexión quirúrgica entre una arteria y una vena que ofrece buen flujo y menor riesgo de infección.
- Injerto arteriovenoso: un conducto sintético cuando las venas del paciente no son adecuadas.
- Catéter venoso central: usado de forma temporal o cuando no es posible crear fístula; mayor riesgo de infección.
En diálisis peritoneal se coloca un catéter en la pared abdominal mediante cirugía menor para realizar los intercambios de líquido.
Riesgos y efectos secundarios
- Hipotensión durante la sesión (especialmente en hemodiálisis).
- Calambres musculares, náuseas y fatiga postdiálisis.
- Infecciones del acceso vascular o del catéter peritoneal (peritonitis).
- Coagulación del circuito o del catéter.
- Síndrome de desequilibrio de diálisis (confusión, cefalea) en inicio rápido.
Vida con diálisis y alternativas
La diálisis implica cambios en la dieta (control de líquidos, restricción de potasio y fósforo, adecuar la ingesta de proteínas según indicación), ajustes en medicamentos y visitas regulares al centro de diálisis o al equipo de diálisis domiciliaria. La calidad de vida puede mantenerse con apoyo médico, nutricional y social.
La trasplante renal es la alternativa a largo plazo más cercana a la función renal normal. Para muchas personas con enfermedad renal crónica avanzada, el trasplante ofrece mejor supervivencia y calidad de vida que la diálisis, cuando es posible y apropiado.
Conclusión
La diálisis es una terapia vital que sustituye muchas funciones del riñón cuando éste falla, pero tiene limitaciones y riesgos. Su inicio debe individualizarse según la función renal, los síntomas y las complicaciones. Un equipo multidisciplinario (nefrólogo, enfermería especializada, nutricionista y trabajador social) ayuda a elegir el tipo de diálisis más adecuado y a optimizar el manejo antes y durante el tratamiento.

