Un castrato (plural castrati) era un tipo de cantante masculino con una voz muy aguda sostenida hasta la edad adulta. El efecto vocal se obtenía normalmente por la castración antes de la pubertad, aunque en algunos casos voces muy agudas podían deberse a alteraciones hormonales. La palabra castrato significa literalmente “castrado”. Estos cantantes fueron figuras centrales en los primeros siglos de la ópera y en la música vocal sacra de los siglos XVII y XVIII. Muchos de los papeles principales de soprano en las óperas de Haendel y de otros compositores de la época fueron pensados para castrati. Hoy en día esas partes suelen interpretarlas sopranos femeninas, mezzos o countertenores, porque ya no existen castrati.
Fisiología y características de la voz
Si la castración se realiza antes de la pubertad, impide el desarrollo normal de la laringe asociado a la testosterona: las cuerdas vocales no aumentan tanto su grosor ni la laringe su tamaño, con lo que la voz permanece en un registro agudo. Al mismo tiempo, el resto del cuerpo (tórax, pulmones y musculatura respiratoria) se desarrolla con características adultas, lo que permitía a muchos castrati producir un sonido de gran potencia y resistencia. Por ello su timbre combinaba una altura aguda con una capacidad pulmonar y una proyección propias de un adulto. Las voces de castrato podían abarcar registros equivalentes a soprano, mezzo o contralto, según el caso.
Contexto social y formación
La práctica de castrar a niños con buena voz era relativamente frecuente en algunas zonas, sobre todo en Italia, durante el siglo XVII y el XVIII. Aunque la castración era ilegal o moralmente censurada en muchos lugares, la pobreza y la promesa de una carrera artística hicieron que muchas familias accedieran a ella: la posibilidad de que un hijo se convirtiera en una estrella de la ópera o tuviera un sueldo seguro llevaba a la práctica. Tras la operación, muchos niños ingresaban en conservatorios o escuelas de música —particularmente en centros importantes como los conservatorios napolitanos y otras instituciones— donde recibían una formación intensa en técnica vocal, solfeo, interpretación y en instrumentos.
Los jóvenes castrados recibían un trato específico: estaban protegidos del frío, eran vigilados para evitar enfermedades y se les enseñaba tanto canto como ornamentación. Aquellos que no alcanzaban el nivel solista solían ingresar en los coros de iglesias, donde también eran muy apreciados por su tesitura estable y potente.
Papel en la ópera barroca y técnica interpretativa
En la ópera barroca —y especialmente en el llamado “opera seria”— los castrati solían encabezar el reparto y cantar papeles heroicos, protagonistas o amantes. La escritura vocal barroca privilegiaba arias muy ornamentadas, con secciones de tipo da capo que permitían la repetición y la improvisación de pasajes ornamentales. Los castrati eran célebres por su dominio del coloratura, los trinos, las agilidades y las cadenzas; su capacidad para ejecutar largas frases con control de la emisión y una gran expresividad los convirtió en las grandes estrellas del género.
La llegada y el éxito de la ópera italiana en Inglaterra en el siglo XVIII se deben en gran medida a figuras como el compositor de origen alemán Georg FriderichHändel, que se trasladó a Inglaterra en 1709 y escribió numerosas óperas italianas. Muchos de los cantantes que actuaban en Londres procedían de Italia y entre ellos hubo un gran número de castrati. El más famoso de ellos fue Farinelli, conocido por su virtuosismo y por el gran éxito público que alcanzó.
Fama, repertorio y cantantes destacados
Los castrati fueron las superestrellas de su tiempo: el público llenaba teatros para aplaudir y aclamar a sus cantantes favoritos. Compositores como Handel, Porpora, Hasse y Vinci escribieron papeles específicos para castrati, adaptando la tesitura y las agilidades a las cualidades de cada cantante. Además de Farinelli, otros nombres célebres (entre muchos) son Senesino, Caffarelli o Carestini, cada uno con características vocales y dramáticas apreciadas por su público y por los compositores de la época.
Declive, prohibiciones y legado
La popularidad de los castrati comenzó a disminuir en el siglo XIX por razones musicales, sociales y éticas. El gusto operístico cambió hacia una mayor verosimilitud dramática y hacia voces que se percibían más “naturales”; además, las críticas morales y las reformas legales contra la castración forzada se hicieron cada vez más firmes. A mediados del siglo XIX la figura del castrato en la ópera prácticamente había desaparecido, aunque algunos continuaron en coros religiosos y en instituciones como la Capilla Sixtina.
El último castrato conocido que llegó a grabar su voz fue Alessandro Moreschi, que murió en 1922 a los 64 años. Hay una grabación de su voz realizada en 1902 y otra en 1904; aunque son testimonios valiosos, la calidad técnica y el envejecimiento de Moreschi, junto con las limitaciones de la tecnología de la época, hacen que no sean una guía definitiva para imaginar cómo sonaban los grandes castrati en su plenitud.
Aspectos éticos y reconstrucciones modernas
La práctica de castrar niños por motivos artísticos suscita hoy fuertes objeciones éticas y legales; por ello se detuvo y, en la práctica, desapareció. El estudio histórico-musicológico intenta comprenderla desde contextos sociales y culturales distintos, sin legitimarla. En la interpretación actual del repertorio barroco, las partes originalmente escritas para castrati se asignan a contraltos, mezzos, sopranos y countertenores, o se adaptan y transponen según las necesidades de producción.
¿Cómo sonaban realmente?
No podemos saber con certeza cómo sonaban las mayores glorias castrati en su apogeo, pero las fuentes contemporáneas describen voces de gran extensión, agilidad y potencia, capaces de expresar un amplio rango dramático. Los tratados de estética vocal y las partituras con indicaciones de ornamentación ayudan a reconstruir parcialmente su arte. Hoy, investigaciones, reconstrucciones históricas y el uso de técnicas de canto antiguo permiten ofrecer aproximaciones plausibles sobre su sonido y su estilo interpretativo.
En resumen: el castrato fue un fenómeno musical, social y cultural complejo que marcó la historia de la ópera barroca. Su legado permanece en la música y en la técnica vocal, así como en el debate ético sobre la historia de la interpretación.

