El tiempo es el progreso continuo e interminable de la existencia y los acontecimientos. Sucede de forma aparentemente irreversible desde el pasado, pasando por el presente hasta el futuro.

Para medir el tiempo, podemos utilizar cualquier cosa que se repita regularmente. Un ejemplo es el comienzo de un nuevo día (cuando la Tierra gira sobre su eje). Otros dos son las fases de la luna (cuando orbita la Tierra) y las estaciones del año (cuando la Tierra orbita el Sol). Ya en la antigüedad, la gente desarrolló calendarios para llevar la cuenta del número de días de un año. También desarrollaron relojes de sol que utilizaban las sombras móviles proyectadas por el sol a lo largo del día para medir tiempos menores que un día. Hoy en día, los relojes de gran precisión pueden medir tiempos inferiores a la milmillonésima parte de un segundo. El estudio de la medición del tiempo es la horología.

La unidad de tiempo del SI (Sistema Internacional de Unidades) es un segundo, escrito como s.

En la física einsteiniana, el tiempo y el espacio pueden combinarse en un único concepto. Véase el continuo espacio-tiempo.