La Segunda Flota es el nombre del segundo grupo de barcos enviados con colonos, convictos y suministros a la colonia de Sydney Cove en Port Jackson, Australia. Había seis barcos en la flota: una escolta de la Royal Navy, cuatro barcos de convictos y un barco de suministros.

Los barcos debían navegar juntos hacia Australia y llegar a la ensenada de Sidney en 1789. Sin embargo, el barco de escolta naufragó en el camino y no llegó, y un barco de convictos se retrasó y llegó dos meses después que los otros barcos.

A diferencia de la Primera Flota, en la que se hicieron grandes esfuerzos para mantener sanos a los convictos, la Segunda Flota fue dirigida por empresas privadas que mantuvieron a los convictos en condiciones horribles. Cuando llegaron a Sídney, los convictos enfermos eran un lastre para la colonia, que ya tenía problemas.

Organización del viaje y responsabilidades

La travesía fue gestionada por particulares contratados para transportar a los presos desde Gran Bretaña hasta la colonia. Estos contratos solían fijar los pagos en función del número de convictos embarcados, lo que creó incentivos perversos para economizar en comida, agua y atención sanitaria. Las naves salieron a finales de 1789 y parte de la flota llegó a principios de 1790, aunque las dificultades en la travesía provocaron separaciones y retrasos.

Condiciones a bordo y consecuencias sanitarias

Las condiciones en muchos de los barcos fueron de hacinamiento extremo, raciones insuficientes, ventilación deficiente y falta de higiene. Las enfermedades más comunes durante el viaje incluyeron disentería, escorbuto y otras infecciones gastrointestinales y respiratorias. Como resultado, murieron cientos de convictos durante la travesía y muchos más llegaron gravemente debilitados; un número importante falleció poco después de desembarcar debido a la debilidad, la desnutrición y la propagación de enfermedades en la colonia.

Impacto sobre la colonia

La llegada de tantos presos enfermos agravó la ya precaria situación de los colonos libres. La escasez de alimentos y mano de obra sana, junto con la necesidad de atender a los enfermos, tensionó los recursos y obligó a priorizar cuidados y logística. Además de la carga material, el episodio dañó la reputación de los contratistas y generó críticas en Gran Bretaña sobre la forma en que se gestionaba el transporte de convictos.

Repercusiones y cambios posteriores

La gravedad del episodio llevó a una mayor atención sobre las condiciones de transporte y a demandas de mayor supervisión oficial en viajes posteriores. Aunque la deportación de convictos continuó, la infamia de la Segunda Flota sirvió como ejemplo de los peligros de delegar totalmente la gestión humana a criterios exclusivamente comerciales y provocó llamadas a reformas en las prácticas de contratación y control sanitario durante las travesías.

Legado: La Segunda Flota quedó en la historia como uno de los episodios más negros del transporte de convictos a Australia: no solo por la elevada mortalidad durante el viaje, sino por las consecuencias humanas y administrativas que motivaron cambios en la forma en que la metrópoli supervisó las siguientes expediciones.