Mijaíl Fokine (23 de abril [O.S. 11 de abril] de 1880 - 22 de agosto de 1942) fue un coreógrafo y bailarín ruso. Nació en SanPetersburgo, hijo de un próspero comerciante de clase media. A los nueve años fue admitido en la Escuela Imperial de Ballet de San Petersburgo, donde recibió la formación académica del repertorio clásico y la técnica de la época. En 1898, al cumplir los 18 años, debutó en el escenario del Teatro Imperial Mariinsky con la obra Paquita, formando parte del Ballet Imperial Ruso. En 1902 se incorporó como profesor a la escuela de ballet del Teatro Imperial.
Desde sus primeros años en escena, Fokine mostró el deseo de renovar el arte del ballet. Rechazó la idea de que la virtuosidad técnica fuera un fin en sí misma y defendió que el movimiento moest reflejar el sentimiento y la música. Criticó la mímica convencional y los vestuarios anacrónicos que, a su juicio, impedían la unidad dramática de una obra. Para él, cada elemento —coreografía, música, escenografía y vestuario— debía colaborar para expresar una idea o un estado de ánimo único.
Principios y aportaciones
- Unidad artística: buscó que la coreografía estuviera al servicio de la música y del tema, no de la exhibición técnica.
- Economía de la pantomima: sustituyó la mímica artificial por gestos más naturales y significativos integrados al movimiento dancístico.
- Autenticidad del vestuario y la escenografía: propugnó ropas y decorados que estuvieran en consonancia con la acción, rompeando con trajes convencionales que distraían al público.
- Libertad del torso y los brazos: fue pionero en dar mayor expresividad al torso, al port de bras y al uso del cuerpo entero, no sólo a las piernas y los pies.
- Nuevo papel del cuerpo de baile: convirtió al corps de ballet en un elemento dramático activo, no simplemente en un marco decorativo para las estrellas.
Algunas de sus primeras y más personales creaciones son Acis y Galatea (1905) y El cisne moribundo (a menudo citado como The Dying Swan), un solo creado para Anna Pavlova sobre la música de Le Cygne de Saint-Saëns. También en esta etapa concibió Chopiniana (que más tarde revisaría como Les Sylphides), montajes que mostraban su interés por piezas breves, unitarias y de gran fuerza expresiva.
En 1909, Sergei Diaghilev lo invitó a integrarse como coreógrafo en sus influyentes Ballets Rusos de París, donde Fokine alcanzó proyección internacional. Para los Ballets Rusos creó y puso en escena títulos que hoy se consideran obras maestras: entre ellos figuran El pájaro de fuego (con música de Igor Stravinsky), Petrushka, Le Spectre de la Rose y Daphnis et Chloé. También montó una versión escénica del poema sinfónico Scheherazade de Rimsky-Korsakov, que destacó por su colorido plástico y dramático.
La relación con Diaghilev fue fructífera pero tensa: en 1912 Fokine rompió definitivamente la colaboración, en parte por rivalidades personales (incluida la estrecha relación de Diaghilev con Vaslav Nijinsky) y por diferencias creativas sobre la dirección artística de la compañía. Tras la Primera Guerra Mundial y los cambios políticos en Rusia, Fokine se estableció en el extranjero: vivió en Suecia a partir de 1918 y más tarde se trasladó a Nueva York, donde fundó una escuela de ballet, enseñó y siguió actuando junto a su esposa, Vera Fokina. Se nacionalizó estadounidense en 1932 y falleció en Nueva York el 22 de agosto de 1942.
Obras destacadas y legado
En el transcurso de su carrera, Fokine montó más de 70 ballets en Europa y Estados Unidos. Sus creaciones —desde Les Sylphides y Le Carnaval hasta Le Pavillon d'Armide y los grandes espectáculos para los Ballets Rusos— marcaron un cambio decisivo en el lenguaje coreográfico del siglo XX. Muchas de estas piezas, en especial El pájaro de fuego, Petrushka y Le Spectre de la Rose, siguen formando parte del repertorio de las principales compañías del mundo.
La importancia de Fokine radica en haber sentado las bases del ballet moderno: sus reformas favorecieron una danza más expresiva, cohesionada y cercana a la música y al teatro. Su influencia perdura en la manera de concebir la coreografía como arte total, en la valoración del cuerpo como medio expresivo completo y en la integración de la escenografía y el vestuario como elementos dramáticos esenciales.
Reconocimientos: aunque en vida enfrentó controversias y rivalidades, la labor de Fokine fue revisada y valorada por generaciones posteriores: críticos, historiadores y coreógrafos le reconocen como uno de los grandes renovadores del ballet clásico, responsable de abrir el camino a la experimentación y a la modernización del repertorio dancístico.
