La princesa María Luisa Teresa de Saboya (Maria Luisa Teresa; 8 de septiembre de 1749 - 3 de septiembre de 1792) nació como princesa de Saboya, en la rama de Saboya-Carignano. Posteriormente se casó con Luis Alejandro de Borbón, miembro de la Casa de Borbón, y en Francia fue conocida como la "princesa de Lamballe". Fue muy amiga y confidente de la reina María Antonieta y, al igual que la reina, murió a consecuencia de la violencia revolucionaria durante la Revolución Francesa. Su condición de extranjera y su cercanía con la monarquía —junto con figuras como la duquesa de Polignac— la convirtieron en blanco de la hostilidad popular.
Primeros años
Nació en Turín en 1749, perteneciente a la familia Saboya-Carignano, una de las ramas colaterales de la dinastía de Saboya. Era hija del príncipe Luis Víctor de Saboya-Carignano y de la princesa Cristina de Hesse-Rotenburg. Recibió una educación propia de la alta nobleza del siglo XVIII, orientada a las funciones cortesanas y a los deberes dinásticos.
Matrimonio y vida en la corte francesa
Se casó con Luis Alejandro de Borbón, por cuyo vínculo adoptó el título con el que llegó a ser conocida en la corte francesa: princesa de Lamballe. El matrimonio no dejó descendencia. Tras instalarse en Francia, María Luisa Teresa desarrolló su vida en los salones y palacios de la monarquía, ocupando cargos honoríficos y desempeñando el papel habitual de una dama de alto rango en la corte borbónica.
Relación con la reina María Antonieta
La princesa de Lamballe pasó a formar parte del círculo íntimo de la reina, con quien mantuvo una amistad estrecha y pública. Esa cercanía le granjeó tanto favores como críticas: mientras la reina buscaba compañía fiable entre nobles de confianza, los partidarios de la Revolución y buena parte de la opinión pública interpretaban estas amistades como un signo de decadencia y de influencia extranjera sobre la corona. La princesa y la duquesa de Polignac fueron, en particular, objeto de leyendas negras y de resentimiento popular por su papel junto a María Antonieta.
Muerte durante la Revolución
Con el estallido de la Revolución Francesa la situación de la familia real y sus allegados se volvió extremadamente precaria. El 3 de septiembre de 1792, en el marco de las llamadas Masacres de septiembre, la princesa de Lamballe fue asesinada por una muchedumbre revolucionaria en París. Su muerte fue especialmente violenta y su cuerpo sufrió mutilaciones; fuentes contemporáneas relatan que su cabeza fue exhibida públicamente en una pica. Muchas de las descripciones son gráficas y a veces contradictorias, y la naturaleza sensacionalista de algunos testimonios hace que existan distintas versiones sobre detalles concretos del suceso. Sin embargo, la condición de víctima de la represión callejera y la brutalidad de su asesinato quedan fuera de duda.
Legado y memoria
La figura de la princesa de Lamballe pasó a ser, tras su muerte, un símbolo utilizado por distintas corrientes: para los realistas y partidarios de la monarquía fue una mártir cuya barbarie justificaba la denuncia de la Revolución; para los revolucionarios fue un ejemplo de la caída de privilegios y de la impopularidad de la corte. Su trágico final alimentó la imaginación pública y la literatura histórica y ha sido objeto de numerosas biografías, investigaciones y representaciones artísticas. Al mismo tiempo, su historia sirve para recordar la violencia extrema que marcó algunos episodios de la Revolución Francesa y la complejidad de las emociones políticas de la época.

