La Carta de Jeremías, también conocida como la Epístola de Jeremías, es un libro deuterocanónico (o apócrifo) del Antiguo Testamento. Tradicionalmente se atribuye al profeta Jeremías y se presenta como una carta dirigida al pueblo que iba a ser llevado prisionero a Babilonia. En la tradición católica figura como la última parte del Libro de Baruc (frecuentemente denominada Baruc 6), mientras que en las iglesias ortodoxas suele aparecer como un libro independiente.
Autor y datación
La Carta se considera en la mayoría de los estudios modernos pseudepigráfica: se atribuye a Jeremías, pero probablemente fue compuesta por un autor posterior. La obra muestra rasgos literarios y lingüísticos que sugieren una composición en griego koiné, posiblemente en algún momento entre los siglos II y I a. C. No obstante, algunos investigadores proponen que pudo derivar de una fuente hebrea o aramea anterior. En cualquier caso, su autor real es desconocido y su intención es pedagógica y polémica más que histórica.
Contenido y estructura
La Carta de Jeremías es breve y tiene forma epistolar: se presenta como un mensaje dirigido a los exiliados en Babilonia para advertirles contra la idolatría. Su estructura puede resumirse así:
- Introducción que enmarca la carta como enviada desde Jerusalén.
- Una larga condena de los ídolos: descripción de su impotencia, fragilidad y origen humano (hechos por manos humanas, montados en talleres, incapaces de moverse, hablar o responder).
- Invectivas contra los que fabrican y adoran imágenes, mostrando la absurda cadena de dependencia (el hombre hace el ídolo y luego lo teme o lo sirve).
- Conclusión con exhortación a confiar en Yahvé y a evitar la idolatría.
El tono es frecuentemente satírico y retórico: el autor utiliza preguntas, enumeraciones y parábolas para ridiculizar a los ídolos y a sus defensores.
Estado canónico
- Tradición católica: incluida en la Biblia como parte del Libro de Baruc (Baruc 6) o como epístola anexa; forma parte del canon deuterocanónico reconocido por la Iglesia Católica.
- Tradición ortodoxa: en muchas Iglesias ortodoxas figura como libro independiente y es considerada canónica o de lectura útil.
- Tradición judía y protestante: no forma parte del Tanaj ni del canon protestante; se clasifica habitualmente entre los escritos apócrifos o pseudepigráficos.
Temas principales
- Crítica de la idolatría: núcleo del texto; se demuestra la imposibilidad de que una obra de manos humanas sea objeto de culto divino.
- Monoteísmo y fidelidad: exhortación a mantener la fe en Yahvé pese al cautiverio y a la presión cultural del entorno babilónico.
- Juicio contra la superstición: denuncia de prácticas religiosas vacías y de la dependencia humana respecto a objetos inertes.
- Dimensión pedagógica: enseña a la comunidad exiliada a discernir entre lo verdadero y lo falso en materia religiosa.
Valor histórico y literario
Aunque no ofrece datos históricos directos sobre Jeremías, la Carta es valiosa para entender las actitudes judías frente a la idolatría en la época helenística y para apreciar la literatura judía de carácter polémico y didáctico. Su lenguaje vivo y su ironía la hacen también un ejemplo notable de la crítica religiosa antigua.
Manuscritos y transmisiones
La obra se conserva en la tradición de la Septuaginta y en la Vulgata latina (donde suele aparecer como añadido a Baruc). Su falta en el corpus hebreo y su presencia en traducciones cristianas explican en parte su distinto tratamiento en las diversas confesiones cristianas.
Uso litúrgico y recepción
En la Iglesia occidental la Carta no suele tener un uso litúrgico destacado, aunque forma parte de las lecturas posibles al estar incluida en los libros deuterocanónicos. En la tradición oriental su consideración varía según las Iglesias locales, donde a veces se lee como obra independiente y se valora por su enseñanza contra la idolatría.
En resumen, la Epístola de Jeremías es una breve pero potente obra de carácter polémico y didáctico que ha circulado desde la antigüedad en la tradición cristiana. Su interés hoy es tanto teológico —por su firme defensa del monoteísmo— como literario, por su estilo mordaz y pedagógico.