Le Dieu Bleu (inglés: The Blue God) es un ballet en un acto. Jean Cocteau y Federico de Madrazo y Ochoa escribieron la historia del ballet. Reynaldo Hahn escribió la música. Michel Fokine diseñó las danzas y Léon Bakst los decorados y el vestuario. El ballet se estrenó en París en el Théâtre du Châtelet el 13 de mayo de 1912. Fue un fracaso. Los críticos consideraron que Nijinsky -el bailarín para el que se diseñó el ballet- posaba más que bailaba. El productor Sergei Diaghilev culpó a la música de Hahn del fracaso. Le Dieu Bleu se representó tres veces en París en 1912 y tres veces en Londres en 1913. El ballet no se ha vuelto a representar.

Contexto

El estreno de Le Dieu Bleu formó parte de la etapa experimental del grupo de los Ballets Russes dirigido por Sergei Diaghilev, que entre 1909 y la Primera Guerra Mundial buscaba mezclar artes visuales, música y danza en propuestas totalizadoras. Para la compañía trabajaron artistas y músicos de vanguardia y se apostó por una estética orientalista y exótica que, en este caso, se tradujo en una ambientación inspirada libremente en la India y en motivos “orientales” tal como los imaginaba la Europa de la época.

Argumento y estilo

El argumento es una escena ceremonial centrada en la aparición del “dios azul”, una figura divinizada que despierta la adoración y el deseo de los personajes. En la puesta se combinan elementos de ceremonia religiosa, sensualidad y espectáculo visual. La coreografía de Michel Fokine trató de integrar nuevos planteamientos expresivos, pero muchos espectadores y críticos consideraron que la actuación de Nijinsky —la presencia física y las poses diseñadas para él— primaban sobre el virtuosismo bailarín clásico.

Recepción en el estreno

Desde su presentación, Le Dieu Bleu recibió críticas duras. Se reprochó, por un lado, la música de Reynaldo Hahn, que fue calificada por varios comentaristas de poco dramática o insuficientemente sugestiva para sostener la acción escénica; por otro lado, la coreografía y la interpretación fueron juzgadas frías o afectadas. Diaghilev negó parte de la responsabilidad artística y cargó públicamente las culpas sobre la partitura. El montaje, pese a sus lujosos decorados y vestuarios de Léon Bakst los, no consiguió conectar con el público parisino y londinense.

Elementos visuales y musicales

Los aspectos visuales del ballet —decorados, iluminación, y vestuario— fueron, en cambio, recibidos con admiración por su riqueza cromática y su inventiva estilística: Léon Bakst los creó imágenes potentes que influyeron en la estética de la moda y del diseño escénico de la época. La música de Reynaldo Hahn, aunque bien orquestada, fue considerada por muchos insuficiente para sostener la teatralidad que exigía la propuesta. Hoy la partitura se conserva y puede consultarse, pero rara vez forma parte del repertorio.

Legado

Aunque Le Dieu Bleu fue un fracaso comercial y crítico, su producción es significativa como ejemplo de los riesgos artísticos que tomó la compañía de Diaghilev y de la tendencia orientalista que marcó parte del repertorio europeo de la época. Las imágenes y bocetos de Léon Bakst los y las fotografías del estreno han perdurado en archivos y museos y siguen siendo estudiadas por historiadores del teatro y de la danza como testimonio de la colaboración interdisciplinar característica de los Ballets Russes.

Razones del fracaso

  • Discrepancias entre música, coreografía e interpretación: muchos sintieron que las partes no se integraban de modo convincente.
  • Expectativas sobre Nijinsky: el público esperaba virtuosismo técnico y quedó sorprendido por el lenguaje corporal y las poses, que algunos calificaron de inmóviles.
  • Choque entre la modernidad buscada por Diaghilev y los gustos del público: la propuesta era ambiciosa pero quizá demasiado estilizada y hermética para la audiencia de entonces.

En conjunto, Le Dieu Bleu permanece como un episodio revelador de los desafíos de la innovación escénica: una obra con elementos de gran valor estético que, sin embargo, no logró la unidad dramática y la aceptación pública necesarias para perdurar en el repertorio.