La fiebre de Lassa o fiebre hemorrágica de Lassa es una fiebre causada por el virus de Lassa. Es común en África Occidental. Una de cada 80 personas que contraen la fiebre de Lassa muere. Algunos casos son graves y requieren el ingreso en un hospital. Estos casos tienen una tasa de mortalidad de 1 de cada 5. La fiebre de Lassa se descubrió en 1969 después de que dos enfermeras murieran a causa de la enfermedad. Recibe su nombre de la ciudad del estado de Borno (Nigeria) donde se diagnosticó por primera vez.
Síntomas
Los signos y síntomas suelen comenzar de forma gradual entre 6 y 21 días después de la exposición. Pueden variar desde leves hasta potencialmente mortales. Los más comunes son:
- Fiebre y debilidad generalizada.
- Cefalea, dolor de garganta y dolor muscular.
- Tos, dificultad respiratoria y dolor en el pecho.
- Vómitos, diarrea y dolor abdominal.
- En los casos graves: hemorragias (sangrado de encías, nariz o digestivo), shock, hinchazón facial y alteraciones neurológicas como convulsiones o pérdida de la audición.
La pérdida de audición puede ser una secuela permanente en algunos pacientes.
Causas y formas de transmisión
El reservorio principal del virus son roedores del género Mastomys (conocidos como “ratas multimastomys” o “ratas de la vaina”), que liberan el virus en su orina y heces. Las formas de transmisión incluyen:
- Contacto directo o indirecto con excrementos o orina de roedores (al contaminar alimentos, utensilios o superficies).
- Inhalación de partículas contaminadas (polvo con orina/secreciones de roedores).
- Transmisión persona a persona por contacto con fluidos corporales (sangre, secreciones), especialmente en entornos sanitarios sin medidas de protección adecuadas.
- Transmisión de madre a hijo en el embarazo o durante el parto.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la sospecha clínica en personas procedentes o con exposición en áreas endémicas y se confirma mediante pruebas de laboratorio, como PCR para detectar el ARN viral, pruebas de antígeno o serología (anticuerpos IgM/IgG). Debido al riesgo de contagio, las muestras deben manejarse en laboratorios con bioseguridad adecuada.
Tratamiento
No existe un tratamiento antiviral específico ampliamente aprobado aparte de la ribavirina, que puede ser útil si se administra en etapas tempranas de la enfermedad. El manejo principal es de soporte y puede incluir:
- Rehidratación y corrección de desequilibrios electrolíticos.
- Soporte respiratorio y hemodinámico en casos graves.
- Control de infecciones secundarias y vigilancia de complicaciones.
La atención médica temprana mejora los resultados; por eso es importante consultar en cuanto aparezcan signos de alarma.
Prevención y control
Las medidas para reducir el riesgo de transmisión incluyen:
- Control de roedores: almacenamiento de alimentos en recipientes cerrados, limpieza doméstica, eliminación segura de residuos y sellado de viviendas para evitar el ingreso de roedores.
- Higiene personal: lavado de manos frecuente y prácticas de manipulación segura de alimentos.
- Medidas en centros de salud: uso de equipo de protección personal, aislamiento de casos sospechosos, manejo seguro de muestras y prácticas de control de infecciones para evitar brotes nosocomiales.
- Educación comunitaria: informar sobre riesgos y medidas preventivas, y promover la búsqueda rápida de atención médica.
- Prácticas de entierro seguras: en contextos de fallecimiento por la enfermedad, para reducir el riesgo de transmisión.
Distribución y riesgo epidemiológico
La fiebre de Lassa es endémica en varios países de África Occidental, como Nigeria), Sierra Leona, Liberia y Guinea, y genera brotes estacionales. Aunque la mayoría de las infecciones son leves o asintomáticas, el impacto en la salud pública es importante por la posibilidad de casos graves y brotes en centros sanitarios.
Qué hacer si sospecha infección
- Buscar atención médica de inmediato, sobre todo si ha estado en áreas endémicas y presenta fiebre y síntomas compatibles.
- Informar al personal sanitario sobre cualquier posible exposición a roedores o contactos con personas enfermas.
- Evitar el contacto cercano con otras personas hasta que se confirme el diagnóstico y se tomen medidas de aislamiento.
La vigilancia, el diagnóstico temprano, el fortalecimiento de la atención sanitaria y las medidas comunitarias para reducir el contacto con roedores son clave para prevenir y controlar la fiebre de Lassa en las zonas afectadas.

