Una ancla es un dispositivo concebido para impedir el desplazamiento de una embarcación respecto al lecho marino. Tradicionalmente asociada con la imagen de un objeto metálico pesado colgando desde la roda, la ancla cumple la función esencial de transformar la fuerza ejercida por viento, corriente y oleaje en una resistencia estable sobre el fondo. En términos generales se usan tanto en barcos pequeños como en grandes buques o en sistemas de fondeo fijo.
Partes y características principales
Aunque hay muchas formas y variantes, la estructura básica de una ancla suele incluir un cuadro o cabeza, un eje o espiga, palas o brazos (llamadas palas o estrella) y un punto de unión para la cadena o cabo. Algunos modelos incorporan pieza de tope o todavía (stock) para ayudar a orientar la pala hacia el fondo:
- Cabeza o corona: unión entre el eje y las palas.
- Espiga o caña: elemento longitudinal que transmite la tensión.
- Palas (flukes): partes que penetran y agarran el fondo.
- Anilla o grillete: punto de anclaje para la cadena o cabo.
Cómo funciona
El principio de sujeción puede basarse en el peso (anclas pesadas o bloques de hormigón usados en amarres permanentes) o, más eficazmente para anclas temporales, en la geometría: palas que cavan y agarran la sedimentación. La fuerza de retención depende de la forma de la ancla, la naturaleza del fondo (arena, fango, roca o hierba marina), la longitud y elasticidad de la cadena o cabo (llamada rodeo) y el ángulo de tiro. Un buen fondeo suele exigir que la longitud de rodeo sea varias veces la profundidad para aumentar la fricción y la estabilidad.
Tipos y distinciones
Existen numerosas familias de anclas, entre las que se distinguen:
- Anclas temporales: diseñadas para ser izadas y trasladadas con la embarcación (por ejemplo, de arado, de pala o de doble aleta).
- Anclas permanentes o bloques de amarre: estructuras fijas colocadas en el fondo para amarres prolongados.
- Modelos específicos: raíces históricas como las de tipo anfibio o patrones clásicos (Admiralty), y modelos modernos como Danforth, CQR o tipo “Bruce”, cada uno optimizado para distintos fondos y usos.
Historia y evolución
Las primeras anclas fueron simples pesos de piedra o madera utilizados desde la antigüedad; con el tiempo se incorporó el hierro y se desarrollaron diseños que buscaban que las palas penetraran mejor el fondo. En el siglo XIX y XX se estandarizaron modelos y materiales, mejorando la eficiencia del agarre y la capacidad de izado. Las innovaciones más recientes se centran en materiales más ligeros, tratamientos anticorrosión y diseños hidrodinámicos para facilitar el arrastre y almacenamiento.
Usos y consideraciones prácticas
Además de fijar embarcaciones durante la noche o en espera de atraque, las anclas sirven para salvaguardar maniobras, crear puntos de giro en trabajos marinos y asegurar plataformas temporales. La elección correcta depende del tipo de fondo, tamaño de la embarcación y condiciones meteorológicas. Es importante inspeccionar coronas y grilletes, evitar enredos y conocer técnicas de rescate en caso de que el ancla quede enganchada.
Para ampliar información sobre materiales modernos consulte recursos sobre metales y aleaciones, para entender la interacción con el fondo del mar y estudiar la geología del lecho marino. Estos aspectos ayudan a seleccionar el ancla y el rodeo idóneos según cada situación.





