Los tuátaras son reptiles que parecen lagartos. Sin embargo, son los únicos supervivientes de un orden de reptiles que floreció hace 200 millones de años.

Ahora sólo existe el género Sphenodon, con dos especies de Tuatara. Ambas son endémicas (sólo viven en) Nueva Zelanda. Los lagartos y las serpientes son los parientes vivos más cercanos del tuatara.

Los tuátaras son de color verde-marrón y miden hasta 80 cm desde la cabeza hasta el final de la cola. Tienen una cresta espinosa a lo largo del lomo: la palabra maorí tuatara hace referencia a ella. La cresta es más pronunciada en los machos. Los tuátaras son especiales en muchos aspectos. Uno de ellos es el patrón de sus dientes. Tienen dos filas de dientes en la mandíbula superior que se superponen a una fila en la mandíbula inferior. Esto es único entre las especies vivas.

Taxonomía y parentesco

Los tuátaras pertenecen al orden Rhynchocephalia (también llamado Sphenodontia), un linaje que se separó tempranamente del resto de los reptiles. Aunque externamente se asemejan a los lagartos, no forman parte del suborden Squamata (lagartos y serpientes); su anatomía del cráneo y sus rasgos dentales son muy distintos, lo que refleja una historia evolutiva independiente de más de 200 millones de años.

Características físicas y adaptación

  • Tamaño: hasta unos 80 cm de longitud total (incluida la cola), con los machos generalmente más grandes y robustos que las hembras.
  • Dientes y alimentación: poseen dientes acrodontos (fijos sobre el borde de los maxilares) con el patrón único de dos filas superiores que se superponen a la inferior; los dientes no se reemplazan como en muchos otros reptiles y se desgastan con la edad. Son carnívoros oportunistas: se alimentan de invertebrados, pequeños vertebrados, huevos y carroña.
  • Ojo parietal: conservan un «tercer ojo» en la parte superior del cráneo (ojo parietal) que en juveniles es más evidente; tiene funciones fotosensoriales vinculadas a la regulación hormonal y los ritmos circadianos, no a la visión detallada.
  • Metabolismo y temperatura: toleran temperaturas más bajas que la mayoría de los reptiles y pueden estar activos en noches frescas; su metabolismo es lento y están adaptados a los climas templados y variables de Nueva Zelanda.

Reproducción y ciclo de vida

  • Madurez sexual: tardan en alcanzar la madurez (a menudo entre 10 y 20 años), una de las razones por las que sus poblaciones se recuperan lentamente.
  • Postura e incubación: las hembras ponen huevos en madrigueras o montículos de tierra; la incubación es larga (habitualmente más de 12 meses), lo que los hace especialmente vulnerables a cambios ambientales.
  • Determinación sexual: la proporción de sexos está influida por la temperatura durante la incubación (determinación sexual dependiente de la temperatura), por lo que el calentamiento climático puede alterar los sexos nacidos y afectar a las poblaciones.
  • Esperanza de vida: son longevos; se conocen individuos que superan las varias décadas y llegan a vivir más de un siglo en condiciones protegidas.

Hábitat y distribución

Los tuátaras son endémicos de Nueva Zelanda. Históricamente ocupaban la mayor parte del archipiélago, pero hoy su presencia natural está restringida principalmente a islas costeras y reservas donde los depredadores introducidos han sido erradicados. En los últimos años se han llevado a cabo programas de redistribución y reintroducción en áreas protegidas de la isla continental tras la creación de cercas a prueba de depredadores o la eliminación de ratas y mustélidos.

Amenazas y conservación

  • Depredadores introducidos: ratas, mustélidos y gatos introducidos por humanos han sido la principal causa del declive, ya que depredan huevos, crías y adultos pequeños.
  • Pérdida y fragmentación del hábitat: la alteración humana del paisaje y la competencia con especies introducidas afectan su supervivencia local.
  • Cambio climático: al depender la determinación sexual de la temperatura durante la incubación, el calentamiento global puede provocar sexos desbalanceados y reducir la viabilidad a largo plazo de poblaciones aisladas.
  • Medidas de conservación: incluyen la protección legal, programas de cría en cautividad, translocaciones a islas libres de depredadores y restauración de hábitats. Las organizaciones de conservación y el gobierno de Nueva Zelanda mantienen esfuerzos continuos para proteger y recuperar poblaciones.

Importancia cultural y científica

El tuátara tiene gran valor cultural para los pueblos maorí y es emblemático de la fauna única de Nueva Zelanda. Científicamente, su conservación es prioritaria porque conservar al tuátara significa preservar un linaje vivo que aporta información clave sobre la evolución temprana de los reptiles y la biología de vertebrados primitivos.

Cómo verlos y protegerlos

  • En Nueva Zelanda, los tuátaras pueden observarse en reservas, santuarios y algunas islas gestionadas por autoridades de conservación; muchas visitas son guiadas y reguladas para no perturbarlos.
  • Evitar la introducción de especies invasoras, apoyar proyectos de conservación y respetar las normas locales son acciones concretas para ayudar a su supervivencia.

En resumen, los tuátaras (Sphenodon) son un grupo único y antiguo de reptiles con rasgos anatómicos y ecológicos propios. Su lenta reproducción, longevidad y dependencia de hábitats libres de depredadores hacen que la conservación activa sea esencial para garantizar que este «fósil viviente» continúe existiendo en Nueva Zelanda.