Los fagocitos son los glóbulos blancos que protegen el organismo comiendo (fagocitando) la suciedad, las bacterias y las células muertas o moribundas. Son importantes para combatir las infecciones y para el desarrollo de la inmunidad. Los fagocitos participan tanto en la inmunidad innata como en la activación de la inmunidad adaptativa; en los vertebrados son células muy especializadas. Un litro de sangre humana puede contener del orden de miles de millones —dependiendo del estado de salud— de fagocitos circulantes, y en total el organismo alberga muchos más en tejidos y órganos. En condiciones normales, estos números varían según la edad, la infección y otros factores.

Funciones principales

  • Eliminación de patógenos y desechos: fagocitan bacterias, virus, hongos, partículas extrañas y restos celulares.
  • Destrucción microbiana: usan enzimas lisosómicas y especies reactivas para matar y degradar lo ingerido.
  • Presentación de antígeno: ciertas clases (por ejemplo, macrófagos y células dendríticas) procesan y presentan fragmentos de patógeno a linfocitos, iniciando la respuesta adaptativa.
  • Secreción de mediadores: liberan citocinas y quimiocinas que reclutan otras células inmunitarias y regulan la inflamación y la reparación tisular.
  • Mantenimiento de la homeostasis: participan en la eliminación de células muertas y en la remodelación de tejidos tras lesiones.

Tipos principales de fagocitos

  • Neutrófilos: son los fagocitos más abundantes en sangre. Responden rápidamente a la infección, fagocitan y destruyen microbios; su vida media es corta y forman parte esencial de la fase aguda de la inflamación.
  • Monocitos y macrófagos: los monocitos circulan en la sangre y, al emigrar a tejidos, se diferencian en macrófagos. Los macrófagos tisulares (p. ej., macrófagos alveolares, microglía en el cerebro) realizan fagocitosis, presentan antígenos y coordinan la reparación tisular.
  • Células dendríticas: especializadas en captar antígenos, migran a los ganglios linfáticos y activan linfocitos T, sirviendo de puente entre la inmunidad innata y la adaptativa.
  • Eosinófilos: fagocitan en menor medida; están especialmente implicados en la defensa contra parásitos y en reacciones alérgicas.
  • Otros fagocitos: células como los mastocitos o los osteoclastos muestran actividad fagocítica en contextos específicos; además, células tumorales y del sistema inmune pueden adquirir funciones fagocíticas en ciertas condiciones.

Mecanismo básico de la fagocitosis

  • Reconocimiento: los fagocitos detectan objetivos mediante receptores de superficie (p. ej., PRR) o mediante opsonización (marcaje por anticuerpos o complemento).
  • Ingestión: el objetivo es rodeado por la membrana celular y internalizado formando un fagosoma.
  • Destrucción: el fagosoma se fusiona con lisosomas —formando un fagolisosoma— donde enzimas y especies reactivas degradan al patógeno.
  • Presentación y respuesta subsecuente: fragmentos antigénicos pueden ser presentados en moléculas MHC para activar linfocitos T; además se secretan citocinas que modulan la respuesta inflamatoria.

Importancia clínica

  • Deficiencias: trastornos como la neutropenia o enfermedades genéticas (p. ej., enfermedad granulomatosa crónica) aumentan el riesgo de infecciones por defectos en la fagocitosis o en la capacidad de matar microbios.
  • Inflamación crónica: la activación persistente de macrófagos y neutrófilos contribuye a enfermedades crónicas (p. ej., artritis, aterosclerosis) y puede dañar tejidos sanos.
  • Sepsis: la respuesta exagerada de fagocitos y la liberación masiva de mediadores inflamatorios pueden llevar a disfunción orgánica.
  • Diagnóstico y seguimiento: recuentos leucocitarios, pruebas funcionales (como la reducción del azul de nitroazul) y estudios de citocinas ayudan a evaluar la función fagocítica y el estado inmunitario.

En resumen, los fagocitos son células clave para la defensa y la limpieza del organismo: actúan como los “barrenderos” y también como orquestadores de la respuesta inmune. Su equilibrio y función adecuada son esenciales para combatir infecciones y mantener la salud, mientras que su disfunción o activación excesiva se asocia a numerosas enfermedades.