Nosferatu eine Symphonie des Grauens (traducción: Nosferatu: una sinfonía del horror) es una película de terror muda alemana de 1922 dirigida por F. W. Murnau. Está basada en la novela Drácula de Bram Stoker, aunque la adaptación no utilizó los nombres ni todos los detalles del libro original y se alteraron elementos para el filme.
Origen y producción
El guion fue adaptado para el cine por Henrik Galeen y la película se rodó a comienzos de 1921; su estreno oficial fue en 1922 en Alemania (más tarde llegó a otros países). La productora detrás del proyecto fue Prana Film, una compañía breve cuya única producción fue justamente esta película. Murnau combinó técnicas propias del expresionismo alemán con rodajes en localizaciones reales y escenarios pintados, creando una atmósfera inquietante que se aleja del vampiro aristocrático tradicional.
Trama y personajes
La historia sigue a un joven agente inmobiliario llamado Hutter que viaja a Transilvania para cerrar la venta de una propiedad. Allí conoce a un ser siniestro, un vampiro llamado Conde Orlok (interpretado por Max Schreck), que termina trasladándose en un barco a la ciudad costera de Wisborg, trayendo consigo la peste y la muerte. En Wisborg, la esposa de Hutter, Ellen, se convierte en pieza clave para detener al ser. La película destaca por la caracterización grotesca y ratonil de Orlok, su figura encorvada, dedos largos y orejas puntiagudas, que difieren notablemente del estereotipo del conde elegante.
Otros intérpretes relevantes son Gustav von Wangenheim (Hutter), Greta Schröder (Ellen) y Alexander Granach (Knock), entre otros. La película juega con elementos simbólicos: sombras alargadas, la llegada de la plaga asociada al vampiro y el sacrificio amoroso que permite la derrota del monstruo al amanecer.
Juicio, derechos y estado actual
Tras el estreno, la viuda de Bram Stoker inició acciones legales por la semejanza con su obra, lo que desembocó en una sentencia que ordenaba la destrucción de las copias de la película y el cierre de Prana Film por infracción de los derechos de autor. A pesar de ello, varias copias sobrevivieron en archivos y colecciones privadas, permitiendo la conservación y posterior difusión del filme.
La película está en dominio público en Estados Unidos, lo que ha facilitado su amplia distribución, la aparición de múltiples restauraciones y la creación de numerosos montajes musicales distintos para proyecciones en vivo y ediciones comerciales. En otros países, incluida Alemania, la situación de derechos ha sido más compleja y ha variado a lo largo del tiempo.
Recepción, legado e influencia
Originalmente fue un fracaso comercial y su acogida fue desigual, pero con el tiempo la valoración crítica de Nosferatu creció hasta convertirla en una obra de referencia del cine de terror y del cine mudo en general. Tiene un fuerte seguimiento de culto y se le reconoce como una de las piezas fundacionales del imaginario vampírico en el cine, influyendo en la representación del vampiro como figura de la pestilencia, el aislamiento y el horror visual.
La crítica contemporánea y la historiografía del cine han ensalzado su potencia visual, su uso expresionista de la luz y la sombra, su montaje y su capacidad para transmitir terror sin recursos sonoros. En plataformas modernas la película ha recibido excelentes valoraciones: en Rotten Tomatoes obtuvo la etiqueta "Certified Fresh" (98% de críticas favorables, basada en 46 reseñas). En 2010 ocupó el vigésimo primer puesto en la lista de las 100 mejores películas del cine mundial de la revista Empire.
Versiones, restauraciones y homenajes
Desde mediados del siglo XX se han realizado numerosas restauraciones y ediciones con distintas bandas sonoras, desde grabaciones orquestales hasta acompañamientos contemporáneos y electrónicos. La iconografía de Orlok y la atmósfera de la película han inspirado remakes y obras derivadas, entre las que destaca Nosferatu the Vampyre (1979), dirigida por Werner Herzog y protagonizada por Klaus Kinski, que rinde homenaje a la obra de Murnau reinterpretando sus motivos.
Hoy, Nosferatu sigue proyectándose en ciclos de cine mudo y festivales, donde se exhibe tanto en su versión más completa posible como en montajes con música en vivo, confirmando su condición de clásico que sigue sorprendiendo por su poder visual y su capacidad de sugerir terror más allá de las palabras.


