Una hemorragia intracraneal es un sangrado en el cerebro. ("Intracraneal" significa "dentro del cráneo"; "hemorragia" significa "sangrado peligroso"). El tipo más peligroso de ictus, el ictus hemorrágico, es un tipo de hemorragia intracraneal. Se trata de una hemorragia cerebral que se produce cuando el cerebro no se ha lesionado.
Cuando los vasos sanguíneos del cerebro se rompen o se lesionan, sangran. Las hemorragias cerebrales son muy peligrosas, porque si se acumula suficiente sangre, ésta puede comprimir o aplastar el cerebro. También puede hacer imposible que el oxígeno pase por la sangre a partes del cerebro. Sin oxígeno, estas partes del cerebro morirán.
Tipos de hemorragia intracraneal
- Hemorragia intracerebral (intraparenquimatosa): sangrado dentro del tejido cerebral; es la forma más frecuente de ictus hemorrágico.
- Hemorragia subaracnoidea: sangrado en el espacio entre el cerebro y la membrana que lo recubre (la aracnoides); suele causar un dolor de cabeza súbito e intenso y a menudo se debe a la ruptura de un aneurisma.
- Hematoma subdural y epidural: acumulación de sangre entre las membranas que rodean el cerebro o entre el cráneo y estas membranas; suelen asociarse a traumatismos.
Causas y factores de riesgo
- Hipertensión arterial: la causa más frecuente de hemorragia intracerebral espontánea.
- Ruptura de aneurismas o malformaciones arteriovenosas (MAV).
- Traumatismos craneales, especialmente en hematomas subdural o epidural.
- Medicamentos que alteran la coagulación: anticoagulantes y antiagregantes aumentan el riesgo de sangrado.
- Trastornos de la coagulación, consumo excesivo de alcohol, tabaquismo y edad avanzada.
- Amiloidosis cerebral en ancianos: fragilidad de los vasos.
- Tumores cerebrales que sangran.
Síntomas de alarma
- Cefalea súbita e intensa (sobre todo en la hemorragia subaracnoidea).
- Debilidad o pérdida de movimiento en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o comprender.
- Pérdida de visión, mareo, pérdida de equilibrio o coordinación.
- Confusión, somnolencia o pérdida de conciencia.
- Convulsiones o vómitos sin causa aparente.
Ante cualquiera de estos síntomas debe solicitarse atención médica de urgencia.
Diagnóstico
- Tomografía computarizada (TC): estudio inicial rápido y sensible para detectar sangre en el cráneo.
- Resonancia magnética (RM): puede aportar más detalle sobre la lesión y el tejido circundante.
- Angiografía (TC o por cateterismo): para identificar aneurismas o malformaciones vasculares.
- Análisis de sangre: evaluación de la coagulación y búsqueda de causas tratables.
- A veces, punción lumbar si se sospecha hemorragia subaracnoidea y la TC es normal.
Tratamiento inmediato y definitivo
- Medidas iniciales: estabilizar vía aérea, respiración y circulación; monitorización en urgencias o UCI neurológica.
- Control de la presión arterial: reducir la presión de forma controlada para disminuir la expansión del hematoma.
- Reversión de anticoagulación cuando procede (vitamina K, concentrados de complejo protrombínico, agentes específicos como idarucizumab o andexanet alfa según el fármaco).
- Tratamiento de la hipertensión intracraneal: diuréticos osmóticos (manitol), solución salina hipertónica, control de la ventilación; drenaje ventriculostómico si hay hidrocefalia.
- Intervención neuroquirúrgica: evacuación del hematoma, craniectomía descompresiva o reparación de aneurismas por clipaje o embolización endovascular cuando está indicada.
- Rehabilitación: fisioterapia, terapia ocupacional y logopedia para recuperar funciones y minimizar secuelas.
Complicaciones y pronóstico
El pronóstico depende del lugar y tamaño del sangrado, la edad, el estado neurológico al ingreso y la rapidez del tratamiento. Las complicaciones posibles incluyen aumento de la presión intracraneal, hidrocefalia, convulsiones, déficit neurológico permanente e infección tras procedimientos. Muchas personas requieren rehabilitación prolongada; la mortalidad y las secuelas pueden ser altas en hemorragias extensas.
Prevención y consejos prácticos
- Control estricto de la presión arterial y de otros factores de riesgo cardiovascular.
- Uso responsable y vigilancia médica de anticoagulantes y antiagregantes; ajustar dosis y controlar la coagulación.
- Evitar consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo; mantener peso y actividad física adecuados.
- Tratar aneurismas o malformaciones vasculares cuando el especialista lo recomiende.
- Prevenir caídas en personas mayores para reducir el riesgo de traumatismo craneal.
Cuándo acudir a urgencias: ante un dolor de cabeza muy intenso y súbito, debilidad o pérdida de sensibilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar, pérdida de conciencia o convulsiones.
Si sospecha una hemorragia intracraneal, la atención médica inmediata mejora las posibilidades de supervivencia y recuperación.



