La Gran Duquesa María Nikolaevna de Rusia (María Nikolaevna Romanova; en ruso: Великая Княжна Мария Николаевна, 26 de junio [O.S. 14 de junio] de 1899 - 17 de julio de 1918) fue la tercera hija del zar Nicolás II de Rusia y de la zarina Alejandra Fiódorovna (Alix de Hesse). Perteneciente a la última generación de la dinastía Romanov, vivió la caída del régimen imperial y, tras ser asesinada en la Revolución Rusa de 1917, fue canonizada como portadora de la pasión por la Iglesia Ortodoxa Rusa (canonización colectiva de la familia imperial, año 2000).
María creció en el seno de una familia muy unida en el Palacio de Alejandro y recibió la educación propia de las grandes duquesas: idiomas, música, dibujo y etiqueta, junto con una formación religiosa conservadora. Desde niña mostró una personalidad afectuosa y coqueta, con interés por la moda y la vida social, pero también sentido del deber y cariño por sus familiares. Era muy unida a sus hermanas y a su hermano el zarevich, y disfrutaba de juegos y paseos en el entorno familiar.
Actividad y compromiso durante la guerra
Con el estallido de la Primera Guerra Mundial la familia imperial intensificó sus actividades de beneficencia. Aunque María era demasiado joven para ser oficialmente enfermera de la Cruz Roja como algunas de sus hermanas mayores, desempeñó funciones de patronazgo: fue mecenas y patrona de un hospital, visitaba a los soldados heridos y colaboraba en tareas de asistencia a los convalecientes. Se interesaba mucho por la vida de los soldados y, en un ambiente marcado por la guerra, llegó a enamorarse inocentemente de varios jóvenes que conoció en esos círculos.
María quería casarse y formar una familia numerosa; su juventud y su carácter romántico alimentaron rumores y esperanzas de compromisos que nunca llegaron a concretarse. En la corte tenía fama de ser coqueta desde muy joven, sin que ello le restara sensibilidad hacia las responsabilidades públicas.
Detención y últimos meses
Tras la abdicación de su padre en marzo de 1917, la familia quedó bajo arresto domiciliario y posteriormente fue trasladada a Tobolsk (Siberia) en agosto de 1917, y luego a Ekaterimburgo en la primavera de 1918. En la llamada Casa Ipátiev permanecieron aislados y vigilados por los revolucionarios. María, como el resto de su familia, vivió estos meses en condiciones angustiantes: restricciones de movimiento, interrogatorios y la incertidumbre sobre su destino.
Asesinato y hallazgo de los restos
La noche del 17 de julio de 1918 la familia imperial fue fusilada en el sótano de la Casa Ipátiev por un pelotón bolchevique; María murió junto a sus padres, hermanos y numerosos servidores. Durante décadas surgieron leyendas y teorías sobre la posible supervivencia de alguno de los hijos, especialmente por la fama de su hermana menor, la Gran Duquesa Anastasia Nikolaevna de Rusia, sobre la cual circularon historias de supuestas huidas.
En la década de 1990 se sugirió que la Gran Duquesa cuyos restos no estaban en la tumba de los Romanov podría ser María. En 1991 se descubrió un primer enterramiento cerca de Ekaterimburgo con varios restos óseos; esos hallazgos permitieron identificar la mayor parte de la familia, pero faltaban los restos de dos de los hijos. En 2007 se localizaron más restos en una segunda fosa. Los análisis de ADN realizados sobre ambos hallazgos demostraron de forma concluyente que toda la familia imperial había sido asesinada en 1918 y permitieron completar la identificación de los cuerpos.
Canonización, memoria y legado
La figura de María, junto a la de sus familiares, ha sido objeto de distintas valoraciones: para la Iglesia Ortodoxa Rusa y sus fieles, su canonización como portadora de la pasión la inscribe en el recuerdo litúrgico; para historiadores y público general, su biografía representa el dramatismo de una dinastía anclada en tradiciones que desaparecieron con la Revolución. La confusión sobre la suerte de los miembros de la familia alimentó relatos y obras de ficción que contribuyeron a la leyenda de los Romanov.
Hoy, el lugar de los hechos está marcado por el conjunto conmemorativo y el Iglesia sobre la Sangre en Ekaterimburgo, erigida en la década de 2000 en memoria de los asesinados, y por museos y exposiciones que conservan recuerdos de la familia. El estudio forense y las pruebas genéticas que aclararon el destino de María y sus parientes constituyen además un caso pionero en identificación histórica moderna y cerraron una larga controversia pública.
Aunque su vida fue breve, la figura de la Gran Duquesa María Nikolaevna sigue evocando la mezcla de privilegio, ingenuidad y tragedia que caracterizó el final de la era imperial rusa.

