Paul Ludwig Hans Anton von Beneckendorff und von Hindenburg (2 de octubre de 1847 - 2 de agosto de 1934) fue un mariscal de campo y estadista alemán. Proveniente de la aristocracia terrateniente prusiana, Hindenburg hizo carrera en el ejército imperial y se convirtió en una figura emblemática para un amplio sector conservador y nacionalista de Alemania.

Trayectoria militar y Primera Guerra Mundial

Hindenburg se retiró del ejército en 1911, tras décadas de servicio que incluyeron la guerra franco-prusiana, pero se reincorporó al ejército alemán al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Su fama nacional se consolidó cuando, junto a Erich Ludendorff, obtuvo la decisiva victoria en la batalla de Tannenberg en 1914, que supuso un gran golpe a las fuerzas rusas en el Frente Oriental.

Ascendido posteriormente a altos mandos, Hindenburg y Ludendorff lideraron la dirección militar de Alemania durante buena parte del conflicto, hasta el desgaste final de 1918. Tras la derrota y las presiones políticas, Hindenburg se retiró de nuevo en 1919, aunque su imagen pública quedó asociada al liderazgo militar y a la llamada "leyenda de Tannenberg".

De la jubilación a la presidencia

Después de su segunda retirada, Hindenburg permaneció una figura respetada por amplios sectores del país. En 1925 aceptó volver a la vida política y fue elegido como segundo presidente de Alemania, cargo que desempeñó con autoridad simbólica y real en un contexto de crisis económica, polarización política y debilitamiento de la República de Weimar.

Con el paso de los años su avanzada edad y su salud precaria limitaron su capacidad de actuación directa, pero su prestigio seguía siendo muy alto. En 1932, a los 84 años, decidió presentarse a la reelección: muchos lo consideraban el único candidato capaz de frenar a Adolf Hitler, al que veía como un extremista peligroso. En la elección presidencial de 1932 Hindenburg derrotó a Hitler en la segunda vuelta, aunque el Partido Nazi había ganado gran fuerza política y parlamentaria.

Nombramiento de Hitler y consecuencias

Aunque personalmente reticente a Hitler, Hindenburg contó con un círculo de asesores conservadores y antiguos militares que buscaban una solución política para estabilizar el gobierno. Franz von Papen, entre otros, convenció a Hindenburg de que la élite conservadora y los militares podrían controlar a Hitler si era incorporado a un gabinete como canciller de Alemania, y que la alternativa más peligrosa sería la toma del poder por los comunistas (comunistas).

Como resultado, Hindenburg nombró a Hitler canciller el 30 de enero de 1933. La expectativa de que Hitler quedaría supeditado a ministros conservadores y a la presidencia no se cumplió: tras el incendio del Reichstag y la crisis posterior, el régimen nazi aceleró la concentración del poder. En marzo de 1933 Hitler consiguió el apoyo del Reichstag para aprobar la Ley de Habilitación de 1933, que otorgaba poderes legislativos extraordinarios al ejecutivo y permitió al gobierno nazi gobernar por decreto.

En los meses siguientes Hitler consolidó su dominio: suprimió la oposición, ilegalizó otros partidos políticos y erosionó las instituciones democráticas. La actuación de Hindenburg —y su decisión de confiar en una solución conservadora dentro de un gabinete de coalición— fue un factor clave que facilitó el ascenso de Hitler al poder, aun cuando Hindenburg no apoyara la ideología nazi.

Muerte y legado

Hindenburg murió el 2 de agosto de 1934. Poco después, Hitler declaró vacante el cargo de Presidente y, combinando esta vacante con su posición de canciller, se proclamó Führer (Jefe de Estado y Jefe de Gobierno), consolidando así la dictadura totalitaria en Alemania.

La figura de Hindenburg resulta polémica: por un lado fue considerado un héroe militar y una autoridad que muchos respetaban; por otro, su incapacidad para contener a los círculos conservadores que tramaron la llegada de Hitler y su decisión final de nombrarlo canciller han convertido su legado en objeto de crítica histórica. Su papel ejemplifica cómo decisiones tomadas en un contexto de crisis, por actores que creen controlar la situación, pueden tener consecuencias imprevistas y dramáticas.

El famoso zepelín Hindenburg, destruido por un incendio en 1937, lleva su nombre, al igual que la calzada que une la isla de Sylt con el territorio continental de Schleswig-Holstein, la Hindenburgdamm, construida durante su mandato.