Luis XVIII (1755–1824) fue rey de Francia desde abril de 1814 hasta marzo de 1815 y de nuevo desde julio de 1815 hasta septiembre de 1824. Su llegada al trono formó parte de la Restauración borbónica después del primer abdicación de Napoleón I. Durante su reinado se implantó una monarquía constitucional, lo que reducía el poder absoluto del monarca, aunque Luis XVIII conservó influencia política y tomó decisiones relevantes en materia de gobierno.

Orígenes y exilio

Nacido en Versalles el 17 de noviembre de 1755, era hermano menor de Luis XVI de Francia y ostentó en su vida cortesana el título de conde de Provenza. Tras el estallido de la Revolución Francesa de 1789 permaneció algún tiempo en Francia, pero en 1791 salió del país y vivió en el exilio. El entorno de la monarquía y los partidarios realistas le consideraron cabeza de la Casa de Borbón cuando, después de la ejecución de Luis XVI en 1793 y la muerte del hijo de éste en 1795, adoptó el título de Luis XVIII.

Durante casi dos décadas vivió como pretendiente en distintas cortes europeas y movilizó el apoyo de los emigrados realistas. Su situación cambió con la derrota de Napoleón y la intervención de las potencias coalisadas, que facilitaron su regreso al trono en 1814.

La restauración y la Carta de 1814

Al regresar al poder tras la caída de Napoleón en 1814, Luis XVIII intentó conciliar la monarquía tradicional con las transformaciones políticas y sociales que habían ocurrido desde 1789. Promulgó la Carta Constitucional de 1814, un documento que estableció un régimen monárquico limitado por leyes y garantizó ciertos derechos civiles. Entre sus rasgos principales estuvieron un Parlamento bicameral, la conservación de muchos de los logros administrativos y jurídicos de la época napoleónica (como el Código Civil) y el reconocimiento de la libertad de culto y de propiedad, aunque la Corona y los partidarios realistas recuperaron posiciones en la administración y en el Ejército.

Los Cien Días, Waterloo y el segundo reinado

La vuelta de Napoleón I. en 1815 —el episodio conocido como los Cien Días— obligó a Luis XVIII a huir otra vez al exilio, trasladándose a Bélgica. Tras la derrota definitiva de Napoleón en Waterloo y el restablecimiento del orden por las potencias aliadas, Luis pudo regresar y retomar la Corona. A partir de entonces gobernó hasta su muerte en 1824.

Política interior y legado

El reinado de Luis XVIII se caracterizó por buscar un equilibrio entre moderados y ultrarrealistas (los llamados "ultras"). En sus primeros años favoreció gobiernos más moderados que respetaran la Carta, pero la presión de sectores conservadores y episodios de represión contra ex-revolucionarios o bonapartistas marcaron algunos períodos de su gobierno. Conservó muchas reformas del período revolucionario y napoleónico —en particular, la propiedad de los bienes nacionales—, lo que contribuyó a la estabilidad social y económica, aunque también fomentó descontentos entre los partidarios de cambios más democráticos y entre los adeptos a Napoleón.

Luis XVIII no dejó herederos directos y, tras su muerte en 1824, le sucedió su hermano el conde de Artois, quien gobernó como Carlos X y amplió la orientación conservadora del trono borbónico.

Valoración histórica

La figura de Luis XVIII se valora como la de un monarca pragmático que trató de reconciliar el pasado dinástico con las realidades políticas surgidas de la Revolución y del Imperio. Su aceptación de una carta constitucional y su decisión de mantener muchas instituciones revolucionarias y napoleónicas fueron decisivas para la continuidad del Estado francés en una época de profundas divisiones.