Tacto: definición, receptores y funciones

Tacto: descubre su definición, receptores y funciones. Aprende cómo la piel, temperatura y dolor se procesan en el lóbulo parietal y su papel en la percepción.

Autor: Leandro Alegsa

Este artículo trata sobre uno de los cinco sentidos principales. Para otros usos, véase Tacto (desambiguación)

El tacto es uno de los cinco sentidos principales que tienen los animales. Puede denominarse sentido del cuerpo o sentido del tacto. También tiene receptores sensoriales internos, e incluye la detección de la temperatura y el dolor. Hay un área especial en el cerebro que se utiliza para procesar la información del tacto. Se encuentra en el lóbulo parietal de la corteza cerebral.

Un animal sabe si algo está contra una parte de su cuerpo. Esto se llama sentido del tacto. El proceso de tocar algo puede llamarse sensación.

Los diminutos órganos sensoriales del tacto situados bajo la piel ayudan a los animales a sentir la dureza, la suavidad y la agudeza, por ejemplo. Los animales también tienen órganos sensoriales que sienten la temperatura y el dolor. Algunas partes del cuerpo, como las puntas de los dedos, tienen muchos más órganos sensoriales que otras.

Cuando los animales tocan cosas, las fibras nerviosas unidas al órgano sensorial envían mensajes al cerebro a través del sistema nervioso central. El cerebro interpreta los mensajes y los animales sienten cosas.

Receptores del tacto: tipos y funciones

El tacto se basa en distintos tipos de receptores en la piel y tejidos subcutáneos. Cada tipo está especializado en detectar estímulos concretos:

  • Corpúsculos de Meissner: detectan el tacto ligero y las vibraciones de baja frecuencia; se encuentran en las crestas de las yemas digitales y en zonas con piel glabra (sin vello).
  • Discos de Merkel: sensibles a la presión sostenida y a los detalles finos (percepción de formas y textura); tienen campos receptivos pequeños y alta resolución espacial.
  • Corpúsculos de Pacini: detectan vibraciones de alta frecuencia y cambios rápidos de presión; localizados en capas profundas de la piel y en tejido subcutáneo.
  • Corpúsculos de Ruffini: responden al estiramiento de la piel y a la presión sostenida; ayudan a percibir la dirección de la tensión cutánea.
  • Terminaciones nerviosas libres: incluyen nociceptores (dolor) y termorreceptores (calor/frío); son menos selectivas pero esenciales para la protección frente a daños y para la termorregulación.

Además existen receptores proprioceptivos en músculos, tendones y articulaciones que informan sobre la posición y el movimiento del cuerpo; estos forman parte de los receptores sensoriales internos.

Transducción y vías nerviosas

Cuando un receptor cutáneo se estimula, convierte la energía física (presión, vibración, temperatura) en señales eléctricas que viajan por las fibras nerviosas. Estas señales ascienden al cerebro por distintas vías:

  • La vía de la columna dorsal–lemnisco medial transmite el tacto discriminativo y la propiocepción fina hasta el núcleo del tálamo y de allí a la corteza somatosensorial.
  • La vía espinotalámica (anterolateral) transporta la información de dolor y temperatura hacia el tálamo y luego a áreas corticales y subcorticales para la percepción y la respuesta.

La corteza somatosensorial primaria (S1), situada en el lóbulo parietal de la corteza cerebral, organiza la información táctil de forma topográfica (homúnculo sensorial): zonas como las puntas de los dedos, labios y lengua ocupan mucho espacio cortical por su alta densidad de receptores.

Propiedades importantes

  • Campos receptivos: el área de piel de la que responde un receptor; campos pequeños permiten mayor resolución espacial (p. ej. en las yemas).
  • Adaptación: algunos receptores son de adaptación rápida (responden al inicio/cambio del estímulo) y otros de adaptación lenta (miden estímulos mantenidos).
  • Inhibición lateral: mecanismo cortical/periférico que mejora la detección de bordes y el contraste táctil.
  • Discriminación bidigital: la capacidad de distinguir dos puntos cercanos (prueba clínica de dos puntos) refleja la densidad receptor y la representación cortical.

Funciones del tacto

  • Protección: detectar peligros (temperaturas extremas, objetos punzantes) para activar respuestas defensivas.
  • Manipulación y destreza: sentir textura, firmeza y posición permite manipular herramientas y objetos con precisión.
  • Comunicación y vínculo social: el tacto (caricias, apretones) transmite información emocional y facilita el apego y la interacción social.
  • Percepción del propio cuerpo: junto con la propiocepción, el tacto contribuye a la conciencia postural y al control motor.
  • Aprendizaje y exploración: los bebés usan el tacto para explorar el mundo y desarrollar habilidades sensoriales y motoras.

Pruebas y alteraciones clínicas

En clínica se evalúa el tacto con pruebas sencillas: discriminación de dos puntos, sensibilidad a la vibración (diapasón), monofilamentos (Semmes‑Weinstein) y pruebas termoalgésicas. Alteraciones frecuentes:

  • Neuropatía periférica: pérdida de sensibilidad, parestesias o dolor neuropático (p. ej. en diabetes).
  • Anestesia o hipoestesia: ausencia o disminución de la sensación táctil.
  • Hiperestesia, alodinia, hiperalgesia: aumento de la sensibilidad o dolor ante estímulos normalmente no dolorosos.
  • Agnosia táctil (astereognosia): incapacidad para reconocer objetos mediante el tacto a pesar de sensaciones normales, por lesión cortical.
  • Síndrome del miembro fantasma: sensaciones táctiles y dolorosas en extremidades amputadas debido a reorganización neuronal.

Curiosidades y datos prácticos

  • Las puntas de los dedos y los labios son de las zonas más sensibles por su elevada densidad de receptores y gran representación en la corteza.
  • El tacto se combina con la vista y la propiocepción para formar una percepción táctil completa (p. ej. reconocer un objeto con los ojos cerrados).
  • La privación del tacto en etapas tempranas del desarrollo puede afectar al crecimiento y al comportamiento social de muchas especies.

En resumen, el tacto es un sistema sensorial complejo que integra múltiples tipos de receptores y vías nerviosas para permitir la percepción del mundo físico, proteger al organismo y facilitar la interacción con el entorno y con otros individuos.

El tacto como comunicación

Los humanos, y los mamíferos en general, se tocan a menudo. El tacto es un tipo de comunicación no verbal. Los comportamientos basados en el tacto son muy importantes para mantener unidos a los miembros de la familia y del grupo ("bonding"). Forma parte del "pegamento" de su vida social. Los monos que se acicalan entre sí son un buen ejemplo.

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