Samira Salih al-Nuaimi (también Samira Saleh Ali al-Naimi, Sameera Salih Ali al-Nuaimy, o سميرة صالح النعيمي en árabe) (1963 - 22 de septiembre de 2014) fue una abogada y activista de derechos humanos iraquí. Era reconocida en su comunidad por su trabajo legal y por su defensa de los derechos civiles en un contexto de creciente violencia y represión.

Activismo y críticas públicas

Samira se pronunció públicamente contra las acciones del grupo yihadista que había tomado el control de amplias zonas de Irak en 2014. Había criticado al Estado Islámico en Twitter por la destrucción deliberada de lugares religiosos y patrimonios culturales —entre ellos mezquitas, iglesias y santuarios— y por la persecución de minorías religiosas y de quienes expresaban opiniones discrepantes. Sus mensajes en redes sociales y su trabajo como abogada la convirtieron en una voz visible en defensa de la libertad de expresión y la pluralidad religiosa.

Detención, tortura y asesinato

Tras sus críticas, fue secuestrada por hombres enmascarados. Según informes de testigos, familiares y organizaciones de derechos humanos, fue torturada durante cinco días y posteriormente asesinada por el Estado Islámico (ISIS o Daish) el 22 de septiembre de 2014. La brutalidad de su muerte y la difusión de imágenes y noticias sobre el caso provocaron consternación en la opinión pública y entre defensores de derechos humanos.

Reacciones y legado

Las Naciones Unidas se pronunciaron enérgicamente contra la matanza y organizaciones internacionales de derechos humanos condenaron el asesinato, exigiendo investigaciones y rendición de cuentas. El caso de Samira Salih al-Nuaimi ilustró el extremo peligro que enfrentaban los defensores de derechos humanos y las voces disidentes bajo el dominio de grupos armados, y tuvo un efecto de alarma y desaliento entre activistas locales. Su memoria ha sido invocada en campañas de denuncia sobre la represión a la libertad de expresión y la protección de defensores de derechos humanos en zonas de conflicto.

Aunque la situación de seguridad en Irak y la dificultad para realizar investigaciones independientes limitaron la posibilidad de procesos judiciales plenos, el caso sigue siendo citado como ejemplo de la persecución sistemática de quienes se oponen a la violencia y la intolerancia. Samira es recordada por colegas y defensores como una abogada valiente que pagó con su vida por expresar su conciencia y defender el patrimonio cultural y la convivencia.