Raoul Wallenberg (4 de agosto de 1912 - 1947?) fue un empresario y diplomático sueco. Ayudó a salvar a unos 100.000 judíos húngaros de ser asesinados por los nazis en 1944, durante el Holocausto en la Segunda Guerra Mundial. A menudo arriesgó su vida y más tarde se ganó la admiración mundial por sus esfuerzos heroicos.
Nacido en una familia influyente de banqueros y diplomáticos suecos, Wallenberg estudió arquitectura y comercio y trabajó en negocios internacionales antes de dedicarse a actividades humanitarias. En julio de 1944 fue destinado a la legación sueca en Budapest con el cargo de primer secretario y consejero de la misión. Llegó en un momento crítico: las deportaciones de judíos húngaros hacia los campos de exterminio ya estaban en marcha y la violencia de la milicia fascista húngara (la Arrow Cross) y los nazis se intensificaba.
Desde su puesto diplomático, Wallenberg implementó una serie de medidas creativas y arriesgadas para proteger a la población judía. Emitió pasaportes de protección suecos conocidos como Schutz-Pass o "pasaportes de protección", que identificaban a sus portadores como personas bajo la tutela de la legación sueca y, por tanto, protegidas de la deportación. Organizó y declaró como propiedades diplomáticas numerosos edificios —las llamadas "casas seguras"— donde refugiaron miles de personas. También visitó los guetos y las estaciones de tren, sobornó y amenazó a autoridades locales, y negoció directamente con oficiales alemanes y húngaros para frenar deportaciones y salvar vidas.
Wallenberg trabajó en colaboración con otros diplomáticos y voluntarios, organizaciones judías locales y ciudadanos que arriesgaron sus vidas para ocultar y trasladar a perseguidos. Gracias a estas acciones, y a su persistente actividad en las calles, se calcula que ayudó a salvar a decenas de miles de personas; muchas estimaciones citan la cifra de hasta 100.000 vidas salvadas, aunque hay variaciones según las fuentes.
El 17 de enero de 1945, cuando Budapest quedó bajo control soviético, Wallenberg fue detenido por agentes soviéticos. A partir de entonces su destino se volvió incierto: estuvo en manos de la URSS y la versión oficial soviética posterior sostuvo que había muerto en prisión en julio de 1947 en la cárcel de la Lubyanka en Moscú. Sin embargo, las circunstancias precisas de su detención, los informes contradictorios y la falta de documentación clara han mantenido su desaparición como un misterio y un tema de investigación y controversia durante décadas.
El legado de Raoul Wallenberg es amplio. Ha sido reconocido póstumamente en numerosos países con honores, monumentos, calles, plazas y escuelas que llevan su nombre. Instituciones como Yad Vashem lo han reconocido entre los Justos entre las Naciones por su valentía y su sacrificio para proteger a los judíos durante el Holocausto. Su figura se convirtió en símbolo de la diplomacia humanitaria y de la capacidad de una sola persona para marcar la diferencia en situaciones extremas.
Aunque las preguntas sobre su final inmediato siguen sin respuestas totalmente concluyentes, la memoria de sus acciones continúa viva: su trabajo en Budapest es estudiado como ejemplo de intervención diplomática en favor de la protección de civiles y como lección sobre el compromiso moral frente a la persecución sistemática.

