El vuelo 123 de Japan Airlines era un vuelo nacional regular desde el Aeropuerto de Haneda de Tokio (también conocido como Aeropuerto Internacional de Tokio) al Aeropuerto Internacional de Osaka (también conocido como Aeropuerto de Osaka Itami). El 12 de agosto de 1985, el Boeing 747-146SR (matrícula JA8119) sufrió problemas mecánicos 12 minutos después de despegar. El avión se estrelló contra el monte Takamagahara, en la prefectura de Gunma, 32 minutos después, después de que los pilotos intentaran controlar el avión, pero no lo consiguieron. Murieron 520 personas y sólo 4 sobrevivieron. El accidente se debió a una reparación incorrecta tras un incidente de cola, que provocó la fatiga del metal y finalmente un fallo estructural en vuelo, en el que toda la cola del avión se separó del mismo.

Resumen del accidente

El 12 de agosto de 1985 el vuelo despegó con destino a Osaka. Aproximadamente 12 minutos después del despegue se produjo una explosión interna por descompresión en la parte trasera de la aeronave: el mamparo de presión posterior se rompió, lo que provocó la pérdida del estabilizador vertical y de los sistemas hidráulicos que controlaban los mandos de vuelo. Sin control de superficies, la tripulación intentó maniobrar el avión mediante la variación de empuje de los motores y otras técnicas de emergencia durante unos 32 minutos, mientras la aeronave describía una trayectoria errática sobre la región montañosa. Finalmente el avión impactó contra el monte Takamagahara (también llamado monte Osutaka) y se incendió.

Causa y hallazgos de la investigación

La investigación oficial, llevada a cabo por la Comisión de Investigación de Accidentes Aeronáuticos de Japón (y con participación internacional), concluyó que la causa principal fue una reparación defectuosa del mamparo de presión trasero realizada años antes, tras un incidente de "tailstrike" (impacto de cola) ocurrido en 1978 en el Aeropuerto de Osaka Itami. La reparación no siguió correctamente las especificaciones técnicas del fabricante: se empleó un método de refuerzo inapropiado y quedaron omisiones en las filas de remaches, lo que permitió la iniciación y propagación de grietas por fatiga con el paso del tiempo. Eventualmente estas grietas se extendieron hasta producir una falla catastrófica del mamparo, la rápida descompresión y la separación de la sección de cola.

Víctimas y supervivientes

  • En total fallecieron 520 personas, lo que convierte a este accidente en el peor incidente en el que estuvo involucrado un único avión por número de víctimas mortales.
  • Solo 4 pasajeros sobrevivieron al impacto; los supervivientes fueron rescatados en condiciones difíciles debido a la ubicación remota del lugar del siniestro y al incendio.
  • Las víctimas incluían pasajeros de distintas edades y ocupaciones; entre ellas hubo familias y viajeros habituales de la ruta doméstica Tokio–Osaka.

Consecuencias y lecciones aprendidas

  • El accidente generó una fuerte crítica sobre las prácticas de mantenimiento y control de calidad en la aviación. Las conclusiones llevaron a revisar y reforzar los procedimientos de reparación estructural, la supervisión de los trabajos de mantenimiento y la certificación de dichas reparaciones.
  • Se introdujeron mejoras en la inspección para detectar grietas por fatiga en mamparos y otras zonas críticas, y se enfatizó la necesidad de seguir estrictamente los manuales del fabricante y las aprobaciones técnicas.
  • El suceso también impulsó mejoras en la formación de tripulaciones para el manejo de fallos hidráulicos y en técnicas de control del avión usando empuje diferencial cuando las superficies de control quedan inoperativas.
  • Hubo además discusión pública, sanciones administrativas y acciones legales relacionadas con la aerolínea y con procedimientos de mantenimiento, que llevaron a reformas internas y a cambios regulatorios en Japón.

Lugar del impacto, rescate y memoria

El accidente ocurrió en una zona montañosa, lo que dificultó las tareas de búsqueda y rescate y la recuperación de restos. El lugar se convirtió en un sitio de duelo para familiares y comunidades afectadas; existen memoriales y ceremonias conmemorativas para recordar a las víctimas. El accidente tuvo también un profundo impacto en la opinión pública y en la industria aérea japonesa, dejando una huella duradera en las políticas de seguridad aérea del país.

El accidente del vuelo 123 de Japan Airlines sigue siendo estudiado y citado como caso emblemático de cómo una reparación inadecuada y la fatiga estructural pueden provocar una catástrofe, y por la importancia de la supervisión técnica, la transparencia y la mejora continua de las prácticas de seguridad en la aviación.