Se dice que Ingólfr Arnarson (islandés: Ingólfur Arnarson) y su esposa, Hallveig Frodesdatter, fueron los primeros pobladores nórdicos permanentes de Islandia. Según la tradición, fundaron Reikiavik en 874.
Fuentes y tradición
La principal fuente sobre Ingólfr es el Landnámabók (el «Libro de los asentamientos»), una compilación medieval que recoge las sagas y genealogías de los colonos nórdicos en Islandia. Otra obra importante es la Íslendingabók de Ari Þorgilsson, historiador del siglo XII, que también menciona a Ingólfr y aporta datos sobre los primeros pobladores. Estas fuentes combinan memoria oral, leyenda y algunos datos históricos, por lo que los detalles concretos deben interpretarse con cautela: parte de lo que relatan es tradición narrativa más que crónica estricta.
La llegada y la fundación de Reikiavik
Según el Landnámabók, Arnarson abandonó la actual Noruega tras verse envuelto en una disputa de sangre (una venganza o enfrentamiento que en la tradición nórdica podía obligar a emigrar). Había oído hablar de una isla que exploradores como Garðar Svavarsson y Flóki Vilgerðarson habían encontrado en el Atlántico. Con su hermanastro, Hjörleifr Hróðmarsson, navegó hacia Islandia.
La saga cuenta que, cuando avistó tierra, Arnarson arrojó por la borda sus altos pilares de asiento —las llamadas öndvegissúlur o «columnas del alto asiento», símbolos de autoridad en la casa— y prometió establecerse donde los dioses decidieran que los pilares llegaran a tierra. Dos de sus esclavos (o enviados) buscaron la costa durante tres años antes de encontrar los pilares en la pequeña bahía donde hoy se halla Reikiavik. Ese fue el lugar elegido para construir su vivienda, y la población tomaría el nombre de la bahía.
El nombre Reikiavik proviene de las palabras nórdicas que significan «bahía humeante» (reykja = humear, vík = bahía), en referencia al vapor que se eleva de fuentes termales y aguas geotérmicas de la zona, rasgo geográfico que explicaría la preferencia por ese emplazamiento.
Conflictos y Vestmannaeyjar
Mientras tanto, Hjörleifr Hróðmarsson fue asesinado por sus esclavos irlandeses a causa del maltrato que les infligía. Ingólfr persiguió a los asesinos hasta las islas que hoy se conocen como Vestmannaeyjar (Islas Westman) y los mató allí. El topónimo «Vestmannaeyjar» se interpreta porque los nórdicos llamaban a los irlandeses «vestmenn» (literalmente «hombres del oeste», por ser occidentales desde la perspectiva escandinava).
Legado y discusión histórica
Tras establecerse en el suroeste de Islandia, la tradición deja pocas noticias sobre la vida posterior de Ingólfr. Se dice que su hijo, Torstein (Þorsteinn Ingólfsson), tuvo un papel en la organización política temprana de la isla y que participó en la fundación del primer parlamento islandés, el Althing, que se constituyó alrededor del año 930 como asamblea legislativa y judicial. No obstante, la atribución precisa de actos concretos a individuos legendarios varía según las fuentes.
Desde el punto de vista arqueológico y crítico, la llegada de Ingólfr encaja con la evidencia de que la colonización nórdica de Islandia comenzó a finales del siglo IX. También hay indicios de ocupaciones anteriores o contemporáneas por monjes irlandeses (los llamados «papar»), que, según Ari Þorgilsson, abandonaron la isla al llegar los nórdicos porque no querían convivir con los paganos. La existencia de estos monjes y su interacción con los colonos nórdicos es tema de debate entre historiadores y arqueólogos, y varía según las interpretaciones de restos materiales y las fuentes narrativas.
En resumen, Ingólfr Arnarson es una figura central en la narrativa sobre el poblamiento de Islandia: su relato sintetiza elementos históricos (la emigración desde Noruega, la fundación de asentamientos) y mitológicos (el simbolismo de las columnas del alto asiento y el auspicio divino). Su memoria se conserva en la toponimia, en las sagas y en la imagen cultural de Reikiavik como núcleo de la Islandia moderna.

