El huracán Florence fue un importante ciclón tropical, potente y caboverdiano en el Atlántico que causó graves y cuantiosos daños en las Carolinas en septiembre de 2018. La tormenta amenazó la costa este de Estados Unidos con inundaciones importantes y catastróficas, especialmente en las Carolinas. Es la sexta tormenta con nombre, el tercer huracán y el primer gran huracán de la temporada de huracanes del Atlántico de 2018. Florence salió por primera vez de África como una onda tropical el 30 de agosto de 2018 y, tras varios días de organización a través del océano, evolucionó hacia un sistema tropical bien definido.

Formación y trayectoria

La onda tropical que originó a Florence se organizó rápidamente: el 31 de agosto se convirtió en depresión tropical y el 1 de septiembre de 2018 alcanzó la categoría de tormenta tropical con el nombre Florence. Guiada por las corrientes atmosféricas del Atlántico central, la tormenta siguió hacia el noroeste, manteniéndose lejos de tierra durante varios días antes de acercarse a la costa sureste de Estados Unidos.

Intensificación y características

Florence se intensificó de forma sostenida durante la primera semana de septiembre. El 5 de septiembre se convirtió en un huracán mayor (categoría 3 o superior) y se fortaleció hasta alcanzar viento máximo sostenido estimado en 130 mph (según el análisis operativo de ese momento). Posteriormente sufrió debilitamiento debido a factores ambientales (como cizalladura y aire seco), pero volvió a intensificarse a finales de la primera semana de septiembre.

En la fase previa al impacto en la costa, Florence alcanzó vientos más fuertes y presiones centrales bajas: operacionalmente se informó de ráfagas y vientos sostenidos del orden de 140 mph y una presión mínima cerca de 939 milibares, aunque el análisis posestacional ajustó el pico de intensidad de la tormenta a 150 mph en su máximo.

Avisos, evacuaciones y desembarco

Ante la amenaza, los gobernadores de los estados de Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia declararon el estado de emergencia. El 10 de septiembre de 2018 se emitieron evacuaciones obligatorias en zonas costeras y bajas de Carolina del Norte, Carolina del Sur y Virginia. El 11 de septiembre se publicaron avisos de ciclón tropical para las costas de Carolina del Norte y del Sur, advirtiendo sobre marejadas ciclónicas, lluvia excesiva e inundaciones.

Florence tocó tierra lentamente el 14 de septiembre como huracán de categoría 1 cerca de la costa de Carolina del Norte, desplazándose a una velocidad muy reducida (alrededor de 7 km/h en algunos momentos). Esa lentitud prolongó las lluvias intensas y la amenaza de inundaciones en el interior.

Impacto y daños

Los efectos de Florence fueron variados y graves:

  • Inundaciones y lluvias extremas: la lenta marcha de la tormenta provocó acumulaciones de lluvia extraordinarias en amplias zonas, con totales que superaron las decenas de centímetros en muchas localidades (en puntos aislados se registraron más de 35 pulgadas / ~90 cm).
  • Marea de tempestad y oleaje: se produjeron marejadas ciclónicas significativas que provocaron inundaciones costeras y daños en infraestructuras frente al mar.
  • Daños materiales y económicos: los daños totales se estimaron en aproximadamente 24.000 millones de dólares (2018), afectando viviendas, carreteras, puentes, agricultura y la industria ganadera en las Carolinas.
  • Pérdidas humanas: Florence causó la muerte de 53 personas en total, por causas relacionadas con la tormenta (inundaciones, accidentes de tráfico, colapso de estructuras, etc.).
  • Cortes de energía y servicios: más de un millón de clientes quedaron sin electricidad en distintos momentos; también hubo interrupciones en el suministro de agua y en servicios de emergencia en zonas afectadas.

Además del impacto inmediato, la tormenta causó daños agrícolas importantes (con pérdidas en cultivos y problemas en granjas porcinas) y provocó desplazamientos temporales de población y largos trabajos de limpieza y reconstrucción.

Respuesta, recuperación y lecciones

La respuesta incluyó órdenes de evacuación, despliegue de equipos de emergencia estatales y federales, activación de refugios y ayuda humanitaria. Las labores de recuperación se prolongaron meses después del impacto, concentrándose en la reconstrucción de infraestructura, viviendas y apoyo a agricultores y pequeñas empresas.

Florence también provocó debates y análisis técnicos sobre la preparación frente a huracanes lentos y húmedos: su comportamiento mostró cómo una tormenta que llega con menor intensidad de viento puede causar daños catastróficos por lluvia y marejada. Investigaciones y comunicados científicos resaltaron que el calentamiento global puede intensificar la capacidad de los ciclones para producir lluvias más intensas, aunque la relación entre cada evento individual y el cambio climático requiere análisis específicos.

En resumen, el huracán Florence (2018) fue un ciclón notable por su combinación de fuerte intensidad en mar abierto, debilitamiento y posterior reintensificación, y por su lenta llegada a la costa, que provocó inundaciones prolongadas, pérdidas humanas y cuantiosos daños económicos en las Carolinas.