Las hemorroides o almorranas (también llamadas comúnmente almorranas) son estructuras vasculares (similares a las venas) en el canal anal que ayudan a la evacuación de las heces. Sólo hablamos de hemorroides (o almorranas) cuando se hinchan o inflaman. Pero las hemorroides son una parte normal de la anatomía y todo el mundo tiene estas estructuras. Actúan como un cojín formado por un tejido complejo. Su función es facilitar el paso de las heces. Las hemorroides son muy comunes. Casi tres de cada cuatro adultos tendrán hemorroides de vez en cuando.

Qué son y cómo se clasifican

Las hemorroides son almohadillas formadas por vasos sanguíneos, tejido conectivo y músculo liso en la región anal. Cuando se inflaman o aumentan de tamaño causan los síntomas conocidos. Se clasifican principalmente en:

  • Hemorroides internas: Originan por encima de la línea pectínea; normalmente no duelen, pero pueden sangrar o prolapsar (salir hacia el exterior).
  • Hemorroides externas: Están por debajo de la línea pectínea; suelen ser dolorosas, especialmente si se trombosan.
  • Hemorroides trombosadas: Se producen cuando se forma un coágulo en una hemorroide externa, provocando dolor intenso e inflamación local.

Síntomas comunes

  • Sangrado rectal al defecar: sangre roja brillante en el papel higiénico o en la taza del inodoro.
  • Picor o irritación anal.
  • Dolor o molestia, sobre todo en hemorroides externas o trombosadas.
  • Prolapso: una masa que sale del ano al defecar y que a veces vuelve por sí sola o puede retraerse manualmente.
  • Secreción mucosa y sensación de evacuación incompleta.

Causas y factores de riesgo

Las hemorroides aparecen por aumento de la presión en las venas del recto y el ano. Entre las causas y factores de riesgo más frecuentes están:

  • Esfuerzo prolongado al evacuar (estreñimiento crónico).
  • Diarrea crónica.
  • Embarazo y parto (por presión del útero y cambios hormonales).
  • Dieta baja en fibra y poca ingesta de líquidos.
  • Sedentarismo y levantar peso con frecuencia.
  • Edad: los tejidos de sostén pueden deteriorarse con el tiempo.
  • Obesidad y tos crónica.

Diagnóstico

El diagnóstico suele hacerse con la historia clínica y el examen físico. Las pruebas pueden incluir:

  • Inspección visual del ano y exploración digital rectal.
  • Anoscopia para visualizar hemorroides internas.
  • Sigmoidoscopia o colonoscopia si hay sangrado persistente, signos de alarma (pérdida de peso, anemia, cambio de hábito intestinal) o para descartar otras causas del sangrado.

Tratamiento

El tratamiento depende de la gravedad y del tipo de hemorroides. En muchos casos las medidas conservadoras son suficientes.

Medidas generales (primer paso)

  • Aumentar la fibra en la dieta (frutas, verduras, cereales integrales) y/o usar suplementos de fibra para alcanzar 25–30 g/día.
  • Beber suficiente agua (al menos 1.5–2 litros al día, salvo contraindicación médica).
  • Evitar esfuerzo prolongado en el baño y no retrasar las ganas de defecar.
  • Evitar permanecer sentado mucho tiempo; realizar ejercicio moderado.
  • Higiene anal suave: limpiar con agua o toallitas sin alcohol y evitar frotar en exceso.
  • Baños de asiento con agua tibia 10–15 minutos varias veces al día para aliviar síntomas.

Medicamentos y tratamientos locales

  • Pomadas y supositorios con analgésicos, anestésicos locales, vasoconstrictores o corticoides de corta duración para el alivio sintomático.
  • Antiinflamatorios orales o analgésicos para el dolor moderado.

Procedimientos ambulatorios

Si las medidas conservadoras no mejoran los síntomas, existen procedimientos en consulta:

  • Ligadura con banda elástica: se coloca una banda en la base de la hemorroide interna para cortar su flujo y producir su caída.
  • Escleroterapia: inyección de una solución que causa fibrosis y reduce la hemorroide.
  • Coagulación (infrarroja, láser o bipolar): destruye tejido hemorroidal y reduce el sangrado.

Cirugía

Está indicada en casos severos, hemorroides muy prolapsadas o cuando otros tratamientos han fallado:

  • Hemorroidectomía: extirpación quirúrgica de las hemorroides; eficaz pero puede requerir tiempo de recuperación.
  • Hemorroidopexia con grapado (procedimiento de Longo): cirugía que reposiciona y fija el tejido hemorroidal prolapsado; suele dar menos dolor posoperatorio que la hemorroidectomía clásica en algunos casos seleccionados.

Prevención

  • Mantener una dieta rica en fibra y una hidratación adecuada.
  • Evitar el esfuerzo al defecar y no permanecer sentado largos periodos en el inodoro.
  • Hacer ejercicio regularmente para prevenir el estreñimiento.
  • Perder peso si hay sobrepeso u obesidad.

Complicaciones

  • Anemia por sangrado crónico.
  • Trombosis hemorroidal (coágulo doloroso en hemorroide externa).
  • Estrangulación de una hemorroide prolapsada que no puede volver a entrar.
  • Infección local (rara).

Cuándo acudir al médico

  • Sangrado abundante o persistente.
  • Dolor intenso, fiebre o signos de infección.
  • Si aparece una masa muy dolorosa en el ano (posible trombosis).
  • No mejoría con tratamiento domiciliario tras unos días o empeoramiento de los síntomas.
  • Cambios en el hábito intestinal o pérdida de peso inexplicada, para descartar otras causas.

Nota: aunque las hemorroides son habituales y muchas veces no graves, cualquier sangrado rectal debe valorarse por un profesional para descartar otras enfermedades más serias. No iniciar tratamientos prolongados con corticoides tópicos sin indicación médica y consulte antes de usar medicamentos si tiene dudas o condiciones médicas previas.