Las tierras comunes son aquellas en las que la población local tiene ciertos derechos. Por ejemplo, a permitir que sus ovejas pasten, a recoger leña o a cortar césped para combustible. Estos derechos no siempre implican propiedad individual de la parcela: suelen ser prerrogativas de uso compartido reguladas por costumbres, normas comunitarias o leyes.
Tipos de derechos y usos habituales
- Pastoreo: derecho a dejar animales en pastos comunales.
- Recolección de leña y combustible: recoger madera muerta, cortar césped o turba (turbary).
- Pesca y aprovechamiento de recursos acuáticos en ríos, lagunas o estuarios comunales.
- Recolección de forraje, frutos y plantas de uso doméstico o comercial.
- Derechos de paso y pastoreo estacional (transhumancia).
En muchos regímenes se distinguen también obligaciones: mantenimiento de cercas, pago de tasas comunales, rotación del pastoreo o límites de captura para asegurar la sostenibilidad.
Origen e historia
Originalmente, en la Inglaterra medieval, el territorio común formaba parte del señorío. Aunque formaba parte de la propiedad del señor feudal, los arrendatarios tenían ciertos derechos. Esos derechos comunes —pastoreo, recolección de leña, corte de césped para combustible, etc.— estaban regulados por costumbres locales y formas de gestión comunal.
Desde la Edad Moderna, procesos como el cercamiento o enclosure (siglos XVI–XIX en Inglaterra) transformaron radicalmente las tierras comunes, privatizándolas o integrándolas en explotaciones agrarias privadas. En muchos países hubo procesos similares de privatización y reparto que disminuyeron la extensión de los bienes comunales.
El término y su evolución
Por extensión, el término "común" ha pasado a aplicarse a otros recursos sobre los que una comunidad tiene derechos o acceso. En la actualidad, el término "común" se utiliza principalmente para la tierra sobre la que se ejercen los derechos. Una persona que tiene derecho a la tierra común es un comunero.
Además de la tierra, hoy se habla de "bienes comunes" o commons en sentido amplio: agua, pesquerías, pastos, información y recursos digitales, y servicios ecosistémicos que pertenecen al uso colectivo.
Gestión y gobernanza
La gestión de las tierras comunes puede ser tradicional y comunitaria (normas consuetudinarias aplicadas por asambleas o autoridades locales), o estar regulada por leyes estatales que reconocen derechos de uso. Investigaciones contemporáneas (por ejemplo, las de Elinor Ostrom) han mostrado que las comunidades pueden gestionar de manera sostenible los recursos comunales mediante reglas locales, vigilancia mutua y mecanismos de resolución de conflictos, contradiciendo la idea simplificada de la "tragedia de los comunes".
Hoy existen varias fórmulas jurídicas y administrativas para proteger y gestionar comunales: registros de derechos, figuras como los community land trusts, estatutos de bienes comunales, y normas específicas que regulan usos y conservación.
Situación actual y ejemplos
Hoy en día, los bienes comunes siguen existiendo en Gran Bretaña y Estados Unidos, aunque su extensión es muy inferior a los millones de acres que existían en el siglo XVII. En el Reino Unido se han aprobado leyes para registrar y proteger las tierras comunes (por ejemplo, Commons Registration Act 1965 y la Commons Act 2006). En Estados Unidos subsisten ejemplos como los town commons de Nueva Inglaterra, y se han desarrollado modelos contemporáneos de gestión colectiva como los community land trusts.
En otras regiones del mundo las formas de propiedad comunal varían: los ejidos y los bienes comunales en México y América Latina, las tierras comunales indígenas, o las cooperativas y fórmulas comunitarias en África y Asia. Los ejidos mexicanos, por ejemplo, fueron reforzados tras la Revolución mexicana y la Constitución de 1917 como una forma de propiedad y uso colectivo de la tierra.
Beneficios y retos
- Beneficios: conservación de la biodiversidad, gestión sostenible de pastos y bosques, mantenimiento de medios de vida locales, protección de paisajes y servicios ecosistémicos.
- Retos: presión urbanística y de mercado, privatización y cercamientos, sobreexplotación en ausencia de normas eficaces, conflictos de interés entre usuarios, necesidad de reconocimiento legal y apoyo institucional.
Reconocimiento y protección legal
Reconocer y proteger las tierras comunes suele requerir:
- registro de los derechos y de los comuneros;
- normas claras sobre usos, cuotas y sanciones;
- mecanismos de gobernanza local y participación;
- instrumentos legales que impidan la apropiación indebida o la fragmentación.
Importancia social y cultural
Más allá de su valor económico y ecológico, las tierras comunes tienen un fuerte componente social y cultural: constituyen espacios de identidad local, transmiten saberes tradicionales sobre el manejo del territorio y sostienen formas comunitarias de cooperación. Su preservación no solo contribuye a la seguridad alimentaria y energética de las comunidades rurales, sino también a la resiliencia frente al cambio climático.
En resumen, los bienes comunes son recursos colectivos regulados por derechos y obligaciones compartidas. Su gestión eficiente combina normas comunitarias, reconocimiento legal y prácticas sostenibles que protejan tanto los medios de vida locales como los valores ambientales y culturales del territorio.
