Luis XV (15 de febrero de 1710 - 10 de mayo de 1774) fue un rey francés que gobernó desde 1715 hasta su muerte. Bisnieto de Luis XIV, heredó el trono con solo cinco años, por lo que durante su minoría de edad el poder quedó en manos de una regencia encabezada por Felipe de Orleans. A lo largo de su largo reinado, Francia mantuvo su condición de gran potencia europea, pero también acumuló tensiones políticas, financieras y sociales que debilitaron a la monarquía.
En sus primeros años como rey, Luis XV fue conocido por el apodo de «el Bienamado», fruto de la popularidad inicial que despertó entre sus súbditos. Sin embargo, esa imagen favorable se fue deteriorando con el tiempo debido a su carácter reservado, a su tendencia a delegar decisiones en sus ministros y favoritos, y a la percepción de que la corte vivía alejada de los problemas del país. Aunque mostró interés por la administración y por ciertos asuntos de Estado, su gobierno no consiguió impulsar las reformas profundas que Francia necesitaba.
Durante su reinado se produjeron importantes conflictos internacionales, como la Guerra de Sucesión de Austria y la Guerra de los Siete Años, que tuvieron consecuencias muy negativas para Francia. Las derrotas militares, la pérdida de territorios y el aumento de la deuda pública afectaron gravemente a la economía del reino. Al mismo tiempo, crecieron el descontento social y las críticas a la monarquía absoluta, a la nobleza y al sistema fiscal, considerado injusto por amplios sectores de la población.
Su vida privada también influyó en su imagen pública. Las relaciones con sus favoritas y el ambiente de Versalles alimentaron los comentarios de sus detractores y reforzaron la idea de un rey distante de los asuntos esenciales del Estado. Pese a ello, su época estuvo marcada por cambios intelectuales y culturales propios de la Ilustración, que cuestionaron cada vez con más fuerza la autoridad tradicional de la monarquía.
La incapacidad para ejercer un liderazgo firme y realizar las reformas necesarias contribuyó a la crisis que provocó la Revolución Francesa. A su muerte, en 1774, dejó un reino poderoso en apariencia, pero debilitado en sus bases políticas y financieras, situación que su sucesor no lograría resolver con facilidad.