Niño de Turkana (KNM-WT 15000): fósil de Homo ergaster casi completo
Niño de Turkana (KNM-WT 15000): esqueleto casi completo de Homo ergaster de 1,5 millones de años. Descubre su edad, crecimiento y el hallazgo en Lago Turkana.
El niño Turkana, o niño Nariokotome, es el fósil KNM-WT 15000. Se trata de un esqueleto casi completo de un homínido que murió a principios del Pleistoceno hace 1,5 millones de años (mya), cerca del actual lago Turkana, en el noroeste de Kenia. Este espécimen es el esqueleto humano primitivo más completo jamás encontrado. Primero se clasificó como Homo erectus; después de un intenso debate, se volvió a clasificar como Homo ergaster.
Su edad en el momento de la muerte se ha estimado entre 7 años y seis meses y hasta 15 años. La revisión científica más reciente sugiere que tenía 8 años. Primero se pensó que habría crecido hasta 1,85 m de altura, pero recientemente se ha propuesto una altura de 1,63 m. Las investigaciones han demostrado que su crecimiento difiere del de los humanos modernos: habría tenido un estirón adolescente más corto y menor.
El esqueleto fue descubierto en 1984 por Kamoya Kimeu, miembro de un equipo dirigido por Richard Leakey, en Nariokotome, cerca del lago Turkana, en el noroeste de Kenia.
Descripción anatómica y medidas
KNM-WT 15000 es extraordinario porque conserva gran parte del cráneo y del esqueleto postcraneal: cráneo, mandíbula, columna vertebral, costillas, pelvis y la mayor parte de las extremidades. Entre sus rasgos más relevantes destacan:
- Capacidad craneal: aunque varía según la fuente, el cráneo del Niño de Turkana muestra una capacidad endocraneana intermedia entre los australopitecinos y los humanos modernos, compatible con los valores de Homo primitivo (centenares de cm³, notablemente mayor que en homínidos más antiguos).
- Proporciones corporales: tenía extremidades largas, especialmente las piernas, y una caja torácica relativamente estrecha, rasgos asociados a un cuerpo adaptado para la locomoción bípeda eficiente y desplazamientos de larga distancia en ambientes abiertos.
- Piernas y marcha: la anatomía de fémures y tibias indica un patrón de bipedismo plenamente desarrollado, con adaptaciones para caminar y correr de forma sostenida.
- Peso y talla estimada: las estimaciones de talla adulta han variado; estudios iniciales sugirieron hasta 1,85 m, mientras que análisis posteriores y revisiones de la edad del individuo proponen una talla adulta cercana a 1,63 m.
Crecimiento, edad y ritmo de vida
El debate sobre la edad real al morir se ha centrado en la interpretación de la dentición y del desarrollo óseo. La estimación más aceptada actualmente, basada en estudios de la estructura dental y de la histología del esmalte, sitúa la edad en torno a los 8 años. A partir de esos indicadores se concluye que el patrón de maduración de KNM-WT 15000 era diferente al humano moderno: la infancia y adolescencia habrían sido más cortas y el estirón puberal menos prolongado, lo que sugiere un ritmo de vida y una historia de vida más acelerada que la nuestra.
Clasificación y debate taxonómico
Originalmente asignado a Homo erectus, el espécimen se reclasificó con frecuencia como Homo ergaster, término que muchos paleoantropólogos usan para diferenciar los fósiles africanos tempranos de los del sudeste asiático y de Eurasia. La discusión se centra en rasgos craneales y postcraneales —proporciones corporales, morfología mandibular y volumen cerebral— y en si las variaciones representan una sola especie amplia o varias especies regionales.
Importancia para la paleoantropología
KNM-WT 15000 es fundamental porque proporciona una imagen poco fragmentaria de la biología de un miembro del género Homo hace 1,5 millones de años. Sus aportes incluyen:
- Datos directos sobre la locomoción bípeda y las proporciones corporales en homínidos tempranos.
- Información sobre crecimiento y desarrollo que ayuda a reconstruir la historia de la vida humana (duración de la infancia, inicio de la madurez reproductiva, etc.).
- Contexto para entender la variabilidad dentro de especies tempranas de Homo y las adaptaciones a ambientes africanos abiertos.
Hallazgo, conservación y estudios posteriores
Descubierto en 1984 por Kamoya Kimeu en las expediciones dirigidas por Richard Leakey, el esqueleto ha sido objeto de numerosos estudios morfológicos, isotópicos y de microestructura dental. Sus restos permanecen en colecciones científicas y siguen siendo reexaminados con técnicas modernas (por ejemplo, análisis de imágenes y microhistología) que refinan los datos sobre edad, tamaño y biología del individuo.
En conjunto, el Niño de Turkana (KNM-WT 15000) sigue siendo una pieza clave para comprender la evolución temprana del género Homo, mostrando una combinación de rasgos que señalan una transición hacia cuerpos más modernos pero con ritmos de crecimiento y adaptaciones propias de poblaciones antiguas africanas.

Niño de Turkana - pasos de la reconstrucción facial forense/aproximación
Adolescencia y madurez
La forma de la pelvis identifica que el espécimen era un macho. Su edad estimada en el momento de la muerte depende de si se utiliza el estado de madurez de los dientes o del esqueleto, y de si esa madurez se compara con la de los humanos modernos o los chimpancés.
Un factor clave es que, mientras los humanos modernos dan un marcado estirón en la adolescencia, los chimpancés no. Mientras que las investigaciones iniciales daban por sentado un crecimiento del tipo de los humanos modernos, las pruebas más recientes de otros fósiles sugieren que esto estaba menos presente en los primeros Homo. Esto afecta a la estimación tanto de su edad como de su probable estatura como adulto.
Morfología
La pelvis es más estrecha que en el Homo sapiens, lo que podría indicar una carrera más eficiente, ya sea para perseguir a la caza menor o para evitar a los depredadores. El chico era relativamente alto, lo que habría aumentado su superficie y le habría ayudado a perder calor.
El vello corporal también puede haber sido más fino para acelerar el enfriamiento. El vello corporal se perdió en el cambio hacia la vida en la sabana. En el África ecuatorial, los humanos modernos desarrollaron este rasgo hace aproximadamente un millón de años.
El esqueleto seguía teniendo rasgos (como la frente baja e inclinada, las fuertes crestas de las cejas y la ausencia de barbilla) que no se veían en el H. sapiens. Los brazos eran ligeramente más largos. El Niño Turkana tenía una nariz prominente en lugar de la nariz plana y abierta que se observa en los simios.
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