El orden Paucituberculata contiene las seis especies supervivientes de las zarigüeyas musarañas, pequeños marsupiales conocidos también como caenólidos. El género principal es Caenolestes —aunque hoy sólo quedan tres géneros vivos— y el conjunto forma la familia Caenolestidae, un linaje antiguo y de gran interés evolutivo por su larga historia fósil y su aislamiento biogeográfico.
Son pequeños marsupiales parecidos a las musarañas, adaptados a la vida terrestre en zonas montañosas. Se encuentran en la cordillera de los Andes en Sudamérica, ocupando hábitats fríos y húmedos de media y alta montaña.
Hace unos 20 millones de años existían al menos siete géneros de caenólidos en Sudamérica; la diversidad se redujo con el tiempo y actualmente sólo sobreviven tres géneros. Viven en regiones inaccesibles de bosques nublados, praderas altoandinas (páramo y puna) y otros ambientes montañosos, donde suelen aprovechar microhábitats con abundante hojarasca, rocas y cavidades.
Los insectívoros estuvieron ausentes de Sudamérica hasta el Gran Intercambio Americano, hace unos tres millones de años; desde entonces diversos mamíferos placentarios han colonizado nichos similares, compitiendo con las zarigüeyas musarañas por alimento y refugio. Aunque las áreas de distribución de estos grupos se solapan ampliamente, las caenólidas han persistido en zonas montañosas remotas donde la competencia es menor.
Morfología y ecología
Las zarigüeyas musarañas tienen el tamaño aproximado de una rata pequeña (longitud cabeza–cuerpo de 9–14 cm), con extremidades delgadas, un hocico largo y puntiagudo y una cola generalmente delgada y peluda que les ayuda en el equilibrio. Su dentición y morfología craneal reflejan una dieta principalmente carnívora-insectívora: cazan activamente insectos, lombrices y pequeños vertebrados (anfibios, lagartijas, pequeños roedores o aves recién nacidas).
Tienen ojos pequeños y visión limitada, por lo que son crepusculares y nocturnos; dependen del olfato, del oído y de sus largos y sensibles bigotes para localizar presas entre la hojarasca y en túneles superficiales. Son mayoritariamente terrestres y semifosoriales: utilizan madrigueras naturales o cavidades y redes de sendas estrechas para moverse y forrajear.
Reproducción y ciclo de vida
Como marsupiales, las zarigüeyas musarañas presentan desarrollo posnatal temprano, con crías que pasan un tiempo adheridas a las glándulas mamarias de la madre mientras continúan su desarrollo fuera del útero. Por lo general las camadas son pequeñas y la inversión parental es importante; sin embargo, muchos aspectos de su biología reproductiva (periodos de gestación exactos, número típico de crías por especie, duración de la dependencia) aún requieren estudio detallado debido a la escasez de observaciones en libertad.
Estado de conocimiento y conservación
En gran parte debido a su hábitat escarpado e inaccesible, estas especies son poco conocidas y subregistradas en inventarios faunísticos. Estudios recientes mediante trampas, cámaras trampa y muestreo genético han mostrado que en algunas áreas pueden ser más comunes de lo que se pensaba, aunque su distribución sigue siendo fragmentaria y local.
Amenazas principales:
- Pérdida y fragmentación de hábitat por agricultura, ganadería y expansión humana en zonas altas.
- Competencia y depredación por mamíferos placentarios invasores o colonizadores tras el Gran Intercambio Americano.
- Cambios climáticos que alteran los ecosistemas de altura (desplazamiento de límites de vegetación, sequías o eventos extremos).
- Falta de datos: muchas poblaciones no están bien evaluadas y permanecen fuera de los planes de conservación.
Medidas recomendadas: conservar y restaurar corredores montanos, proteger parches de bosque nativo y praderas altoandinas, incluir a estas especies en estudios de biodiversidad locales, controlar especies introducidas cuando proceda, y promover investigaciones que mejoren el conocimiento sobre su ecología, distribución y estado poblacional.
En resumen, las zarigüeyas musaraña son un grupo pequeño pero evolutivamente valioso de marsupiales andinos. Su críptica biología y la inaccesibilidad de su hábitat han limitado el conocimiento, pero la combinación de métodos tradicionales y nuevas técnicas de muestreo está permitiendo reconstruir su historia natural y apuntalar acciones de conservación para asegurar su persistencia en los Andes.

