La segunda toma de posesión de Lyndon B. Johnson como 36º Presidente de los Estados Unidos se celebró el 20 de enero de 1965. Johnson llegó a este segundo mandato tras haber asumido la presidencia en noviembre de 1963 tras el asesinato de John F. Kennedy y luego ganar las elecciones de 1964, por lo que este acto marcó el inicio de su primer mandato completo de cuatro años.

Juramento y ceremonia

La toma de posesión fue el inicio del segundo mandato (y el primero completo de cuatro años) de Lyndon B. Johnson como Presidente y el único mandato de Hubert Humphrey como Vicepresidente. El presidente del Tribunal Supremo, Earl Warren, prestó el juramento del cargo. La ceremonia se celebró en el pórtico este del Capitolio, conforme a la tradición, y tuvo lugar al mediodía del 20 de enero, como exige la Constitución.

Lady Bird Johnson inició la tradición de que las Primeras Damas participaran en el acto sosteniendo la Biblia del Presidente, una costumbre que contribuyó a visibilizar el papel ceremonial de la cónyuge presidencial durante la inauguración.

Discurso e iniciativas

En su discurso inaugural Johnson centró su mensaje en la continuación de su programa nacional, que expandedría bajo el nombre de “Great Society”, haciendo hincapié en la lucha contra la pobreza, la ampliación de los programas sociales y el avance de los derechos civiles. Llamó al Congreso y a la nación a apoyar medidas legislativas para garantizar igualdad de oportunidades y bienestar económico, consolidando así las prioridades domésticas de su administración para los años siguientes.

Asistencia, cobertura y legado

Cerca de 1,2 millones de personas asistieron a la inauguración. En ese momento, fue el mayor número de personas en cualquier evento celebrado en el National Mall. La magnitud de la multitud y la solemnidad del acto reforzaron la visibilidad pública de las políticas de Johnson.

Esta fue la última vez que una inauguración fue cubierta por los tradicionales noticieros cinematográficos; desde entonces la cobertura informativa se centró principalmente en la televisión en vivo y en otros formatos de transmisión electrónica. Las imágenes y grabaciones de la jornada se conservan como registro histórico de un momento clave en la política estadounidense de los años sesenta.

La ceremonia de 1965 dejó un legado en varios ámbitos: estableció prácticas protocolares (como la participación visible de la Primera Dama), subrayó la importancia de la comunicación presidencial en masa y marcó el punto de partida para las ambiciosas reformas sociales que caracterizaron el gobierno de Johnson.