Las marchas de Selma a Montgomery fueron un momento decisivo del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos y llevaron al presidente Lyndon B. Johnson a firmar la Ley de Derecho al Voto de 1965, que prohibió prácticas discriminatorias como las pruebas de alfabetización y los impuestos electorales y concedió amplios poderes federales para proteger el acceso al voto.

Contexto y antecedentes

En las primeras décadas de la década de 1960, activistas por los derechos civiles, organizados principalmente en grupos como la Student Nonviolent Coordinating Committee (SNCC) y la Southern Christian Leadership Conference (SCLC), denunciaban el bloqueo sistemático al voto de la población afroamericana en el sur. Las marchas de Selma fueron convocadas tras una serie de campañas de registro de votantes y tras incidentes previos de violencia, entre ellos el asesinato del activista Jimmie Lee Jackson en febrero de 1965, que alimentó la decisión de organizar una marcha masiva hacia la capital del estado.

El Domingo Sangriento (7 de marzo de 1965)

La primera marcha tuvo lugar el 7 de marzo de 1965 y se conoció como el Domingo Sangriento. Entre 500 y 600 manifestantes por los derechos civiles iniciaron la marcha el 7 de marzo, pero fueron detenidos por el sheriff Jim Clark. El sheriff del condado de Dallas (donde se encuentra Selma) ordenó que todos los hombres blancos mayores de 21 años se presentaran en la escalinata del juzgado, donde los nombró ayudantes del sheriff y los equipó para contrarrestar a los manifestantes. Se les unió la policía estatal y golpearon a los manifestantes con tal severidad que 17 fueron hospitalizados. Golpearon a los manifestantes con porras, dispararon gases lacrimógenos a la multitud y cargaron contra ellos a caballo en el puente Edmund Pettus, provocando imágenes y testimonios que conmocionaron a la opinión pública nacional e internacional.

La violencia aquel día quedó ampliamente documentada por periodistas y cámaras de televisión. Entre los líderes que encabezaban la marcha se encontraban John Lewis (SNCC) y Hosea Williams (SCLC), y muchos participantes partieron desde la iglesia Brown Chapel AME. El impacto visual de la represión —con personas heridas, ancianos y mujeres golpeados— generó una ola de indignación y aumentó el apoyo popular y político a la lucha por el voto.

Reacción federal y las marchas posteriores

Ante la indignación pública y la presión de los líderes civiles, el presidente Johnson intervino políticamente. El 15 de marzo de 1965 se dirigió al Congreso con un histórico mensaje en el que urgió la aprobación de una ley federal que garantizara el derecho al voto, pronunciando la frase "We shall overcome" (superaremos) como expresión de solidaridad con el movimiento. Tras el Domingo Sangriento, el Gobierno federal movilizó recursos para proteger a los manifestantes: el presidente Johnson ordenó la movilización de la Guardia Nacional de Alabama para proteger a los manifestantes en su viaje de 54 millas (87 km) desde Selma a Montgomery, Alabama.

El 9 de marzo se produjo la marcha simbólica conocida como "Turnaround Tuesday", liderada por Martin Luther King Jr., en la que los manifestantes iniciaron la marcha pero volvieron atrás para evitar otra confrontación violenta mientras solicitaban protección legal. La segunda marcha importante comenzó el 21 de marzo de 1965 y, con protección federal, continuó hasta el 25 de marzo de 1965, cuando miles de personas llegaron a las escaleras del capitolio estatal en Montgomery, Alabama, en una demostración masiva y pacífica.

Resultado y legado

La atención mediática sobre la brutal represión en Selma y la presión política resultante aceleraron la aprobación del proyecto presentado por Johnson. La Ley de Derecho al Voto de 1965 fue firmada el 6 de agosto de 1965 y supuso un avance legal fundamental: eliminó barreras discriminatorias, estableció procedimientos de supervisión federal en lugares con historial de discriminación electoral y amplió la protección del sufragio para millones de ciudadanos.

Selma y el Domingo Sangriento permanecen como símbolos de la lucha no violenta por los derechos civiles y de la capacidad de la movilización social para provocar cambios legislativos. Sus efectos se sintieron durante décadas, aunque en años recientes algunos mecanismos de supervisión establecidos por la ley han sido objeto de debate y reformas judiciales.

Importancia histórica: la represión en Selma puso de manifiesto la violencia institucional contra la ciudadanía afroamericana y fue decisiva para que el Gobierno federal actuara de forma contundente y legislara en favor del sufragio universal efectivo.