La Segunda Guerra de la Independencia de Escocia comenzó en 1333 cuando Eduardo III de Inglaterra dejó de aceptar el Tratado de Northampton de 1328, por el que Inglaterra reconocía la legitimidad de la dinastía establecida por Robert Bruce. Eduardo estaba decidido a apoyar la reivindicación de Eduardo Balliol, hijo del anterior rey, Juan Balliol, frente a David II, hijo y heredero de Bruce. Balliol había gobernado en Escocia durante un breve periodo de tiempo en el otoño de 1332, pero fue expulsado del país más tarde ese mismo año. La guerra propiamente dicha duró hasta 1357, cuando David II fue liberado del cautiverio inglés. La implicación inglesa en Escocia fue también uno de los factores que llevaron al estallido de la Guerra de los Cien Años con Francia en 1337.
Causas y contexto
Tras la muerte de Robert Bruce en 1329, su hijo David II heredó la corona siendo aún un niño. El breve reconocimiento inglés de la independencia escocesa en el Tratado de Northampton (1328) fue impopular entre ciertos nobles ingleses y entre los "disinherited" escoceses —aquellos nobles que habían perdido sus tierras tras las guerras anteriores— que apoyaban la pretensión de Eduardo Balliol. La ambición personal de Eduardo III y las fracturas internas en la nobleza escocesa facilitaron la intervención inglesa y el recurso a una restauración de Balliol como instrumento de influencia sobre Escocia.
Desarrollo del conflicto: hechos y batallas principales
El conflicto se desarrolló entre campañas militares convencionales, asedios y una persistente guerra de guerrillas en el territorio escocés. Entre los episodios más destacados se encuentran:
- Batalla de Dupplin Moor (11 de agosto de 1332): victoria decisiva de las fuerzas de Eduardo Balliol y sus aliados contra las tropas leales a los partidarios del joven David II. Esta victoria permitió a Balliol coronarse brevemente.
- Batalla de Halidon Hill (19 de julio de 1333): enfrentamiento crucial en el que las fuerzas inglesas derrotaron de forma aplastante a un ejército escocés que intentaba levantar el asedio de Berwick. Tras Halidon Hill los ingleses ocuparon Berwick-upon-Tweed y la posición de Balliol se consolidó temporalmente.
- Período de gobiernos intermitentes: a pesar de la restauración de Balliol como recipiente de apoyo inglés, la resistencia escocesa persistió, con nobles y clanes practicando acciones de hostigamiento contra las fuerzas inglesas y contra los partidarios de Balliol.
- Retorno de David II desde el exilio: David II pasó una temporada en Francia bajo la protección aliada (la llamada Auld Alliance) y regresó posteriormente para reclamar activamente su trono.
- Batalla de Neville's Cross (17 de octubre de 1346): durante una campaña de David II en el norte de Inglaterra, las fuerzas escocesas fueron derrotadas y el propio David II fue hecho prisionero por los ingleses. Su captura marcó un punto de inflexión y condujo a más negociaciones y presiones diplomáticas.
Dimensión internacional
La contienda escocesa se vinculó estrechamente a la rivalidad anglo‑francesa. Francia apoyó a Escocia dentro de la Auld Alliance, mientras que la intervención de Eduardo III en Escocia coincidió con su cuestionamiento del orden europeo y con su reclamación del trono francés en 1337, que dio inicio a la Guerra de los Cien Años. Así, Escocia fue teatro y elemento estratégico dentro de un conflicto europeo de mayor alcance.
Fin de la guerra y consecuencias
La guerra concluyó formalmente en 1357 con el Tratado de Berwick, por el cual David II fue liberado tras años de cautiverio a cambio de un rescate elevado. Las consecuencias principales fueron:
- Mantenimiento de la independencia de Escocia como reino, aunque con costosas pérdidas económicas, demográficas y sociales por las largas campañas y saqueos.
- Desgaste y debilitamiento de la nobleza escocesa, así como una prolongada inestabilidad política interna que favorecería la consolidación posterior de la dinastía de los Stewart.
- Reforzamiento de la importancia de la frontera anglo‑escocesa y del control de plazas estratégicas como Berwick.
- Vinculación definitiva de Escocia a la política continental por medio de la alianza con Francia y la participación indirecta en la Guerra de los Cien Años.
Legado
La Segunda Guerra de Independencia confirmó que, pese a las derrotas puntuales y a la ocupación temporal de territorios, la identidad política de Escocia y la legitimidad de la sucesión iniciada por Robert Bruce perduraron. El periodo dejó heridas profundas —económicas y familiares— pero también preparó el terreno para la posterior estabilización del reino bajo la casa de Stewart. En la memoria colectiva escocesa las campañas de este periodo se recuerdan como una etapa decisiva en la lucha por la soberanía frente a la poderosa vecina del sur.