Juan de Balliol o John de Balliol (1248-1314) fue rey de Escocia entre 1292 y 1296. Suele aparecer en español como Juan Rey de Escocia, aunque la forma más correcta es la de John de Balliol. Nació en torno a 1248, probablemente en Barnard Castle, aunque el lugar exacto no está completamente confirmado.

Pertenecía a una poderosa familia noble de origen anglonormando. Su padre, John de Balliol, y su madre, Dervorguilla de Galloway, le transmitieron un importante prestigio político y patrimonial, pero su acceso al trono no fue sencillo. Tras la muerte de Margarita de Escocia en 1290, el reino quedó sin heredero claro y se abrió una grave crisis sucesoria, conocida como la Gran Causa. John de Balliol fue uno de los principales aspirantes, junto con otros contendientes que reclamaban la Corona por distintas líneas de parentesco.

La decisión final quedó en manos de Eduardo I de Inglaterra, que actuó como árbitro en el conflicto. Eduardo eligió a Balliol, quien fue proclamado rey de Escocia en Scone, el 30 de noviembre de 1292, día de San Andrés. Su coronación, sin embargo, estuvo marcada desde el principio por la dependencia respecto al monarca inglés, que pretendía ejercer una clara superioridad feudal sobre Escocia.

El reinado de Balliol estuvo dominado por la presión de Eduardo I, que intervino de forma constante en los asuntos escoceses. Juan de Balliol intentó ejercer como rey independiente, pero su autoridad se vio debilitada por las exigencias inglesas, las apelaciones judiciales a la corte de Londres y las tensiones con la nobleza local. Muchos escoceses consideraban que estaba siendo tratado como un rey sometido o incluso como un rey marioneta.

La situación se agravó cuando Balliol buscó apoyos fuera de Inglaterra y se acercó a Francia. Esa alianza irritó todavía más a Eduardo I, que respondió con una dura campaña militar. En 1296 las tropas inglesas derrotaron a los escoceses en la batalla de Dunbar y después arrasaron Berwick, donde murieron miles de personas en una de las matanzas más brutales de la época. A partir de entonces, el poder de Juan de Balliol quedó prácticamente destruido.

Ese mismo año fue obligado a renunciar a sus funciones reales, entregó los símbolos de la realeza escocesa y fue despojado de su autoridad. Después fue enviado prisionero a Inglaterra y, más tarde, a Francia, donde pasó el resto de su vida lejos del trono que había ocupado durante un breve y turbulento período. Su caída dejó a Escocia bajo una fuerte influencia inglesa, aunque también alimentó la resistencia que más tarde encabezarían figuras como William Wallace y Robert the Bruce.

Juan de Balliol murió en Francia en 1314. Su figura fue recordada durante siglos como la de un rey débil ante la presión de Eduardo I, pero también como víctima de una crisis dinástica y de una lucha de poder que superaba su capacidad de control. Su hijo, Edward Balliol, intentaría años después reclamar el trono escocés, lo que demuestra que el conflicto dinástico no terminó con la muerte de Juan.