El trastorno de estrés postraumático (a veces también escrito trastorno de estrés postraumático, a menudo abreviado como TEPT) es un trastorno de ansiedad. Puede desarrollarse cuando las personas sufren un daño grave o experimentan algo extremadamente perturbador.

El TEPT es diferente del estrés traumático, que es menos intenso y más breve, y de la reacción de estrés de combate, que les ocurre a los soldados en situaciones de guerra y suele desaparecer. El TEPT ha sido reconocido en el pasado con diferentes nombres, como neurosis de guerra, neurosis traumática de guerra o síndrome de estrés postraumático (SPT).

A lo largo de la historia, ha habido muchos relatos de personas que han experimentado síntomas de lo que ahora se denomina TEPT. Uno de estos relatos describe a Samuel Pepys, que fue testigo del Gran Incendio de Londres en 1666. "Seis meses después del suceso, escribió en su diario que no podía dormir por la noche, porque le invadía un gran miedo al fuego; una noche no pudo dormirse antes de las dos de la mañana, a causa de ese miedo".

Causas y factores de riesgo

El TEPT se desencadena por la exposición directa o indirecta a sucesos terribles o potencialmente mortales. Entre las situaciones que con mayor frecuencia lo provocan están:

  • Violencia interpersonal (agresiones, abuso sexual, maltrato infantil).
  • Accidentes graves (de tráfico, industriales).
  • Desastres naturales (terremotos, inundaciones, incendios).
  • Experiencias relacionadas con la guerra y el combate.
  • Ser testigo de muerte o heridas graves, o enterarse de traumas graves de familiares cercanos.

Además del tipo y la gravedad del suceso, existen factores que aumentan la probabilidad de desarrollar TEPT:

  • Antecedentes de traumas previos o abuso en la infancia.
  • Falta de apoyo social tras el traumatismo.
  • Comorbilidad con trastornos psiquiátricos previos (depresión, ansiedad, consumo de sustancias).
  • Factores biológicos y genéticos que afectan la respuesta al estrés.
  • Intensidad y duración de la exposición traumática.

Síntomas

Los síntomas suelen agruparse en cuatro dominios principales (según criterios diagnósticos actuales):

  • Reexperimentación (intrusiones): recuerdos recurrentes, flashbacks, pesadillas, angustia intensa ante recordatorios.
  • Evitación: evitar personas, lugares, conversaciones o recuerdos asociados al trauma.
  • Alteraciones negativas en pensamientos y estado de ánimo: sentimientos persistentes de culpa o vergüenza, dificultad para recordar aspectos importantes del suceso, pérdida de interés en actividades, distanciamiento emocional.
  • Alteraciones en la activación y reactividad: irritabilidad, hipervigilancia, sobresaltos exagerados, problemas de concentración y sueño.

Estos síntomas deben persistir más de un mes y causar un deterioro significativo en el funcionamiento social, laboral u otras áreas importantes para que se establezca el diagnóstico de TEPT. Si los síntomas aparecen y duran menos de un mes, puede considerarse un trastorno de estrés agudo.

Diagnóstico y evaluación

El diagnóstico lo realiza un profesional de la salud mental mediante una entrevista clínica detallada. Se valoran:

  • Historia del evento traumático y su relación temporal con los síntomas.
  • Presencia y gravedad de los síntomas en las cuatro áreas descritas.
  • Duración y grado de deterioro funcional.
  • Descartar otras causas (trastornos afectivos, trastornos por consumo de sustancias, daño neurológico, duelo complicado).

Existen escalas estandarizadas que ayudan a evaluar la presencia y gravedad del TEPT, como el PCL-5 o la entrevista clínica estructurada CAPS (utilizadas por profesionales).

Tratamiento

El TEPT tiene tratamientos efectivos. La elección depende de la gravedad, de comorbilidades y de la preferencia del paciente. Las opciones más recomendadas incluyen:

  • Psicoterapia centrada en el trauma:
    • Terapia cognitivo-conductual enfocada en el trauma (TF-CBT), que incluye técnicas de exposición y reestructuración cognitiva.
    • Prolonged Exposure (exposición prolongada) para procesar recuerdos traumáticos en un entorno seguro.
    • Cognitive Processing Therapy (CPT), orientada a modificar pensamientos disfuncionales relacionados con el trauma.
    • EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares), con evidencia de eficacia en muchos pacientes.
  • Fármacos: los antidepresivos ISRS (por ejemplo, sertralina, paroxetina) y algunos IRSN (venlafaxina) han mostrado beneficio para reducir síntomas generales. Otros medicamentos pueden usarse para síntomas concretos (insomnio, pesadillas, ansiedad) bajo supervisión médica; por ejemplo, la prazosina se ha utilizado para las pesadillas, con resultados variables.
  • Intervenciones psicosociales: grupos de apoyo, psicoeducación, terapia familiar y medidas para mejorar el apoyo social y la rehabilitación ocupacional.
  • Tratamiento de comorbilidades: depresión, abuso de sustancias y problemas médicos deben tratarse de forma simultánea.
  • Atención de crisis y cuidados intensivos: en casos de riesgo suicida o descompensación puede ser necesaria hospitalización temporal.

Pronóstico y prevención

El pronóstico varía: muchas personas mejoran significativamente con tratamiento adecuado; otras pueden presentar síntomas crónicos. Factores que favorecen una mejor recuperación incluyen intervención temprana, buen apoyo social y acceso a tratamientos especializados.

Para prevenir la cronificación se recomiendan intervenciones tempranas centradas en apoyo psicosocial, manejo de síntomas agudos y detección precoz en grupos de riesgo (personal militar, personal de emergencias, víctimas de violencia).

Qué hacer si tú o alguien cercano tiene síntomas

  • Si hay riesgo inmediato (ideas suicidas, incapacidad para cuidarse), buscar atención de urgencia o contactar servicios de emergencia.
  • Acudir a un profesional de la salud (médico de familia, psiquiatra, psicólogo) para evaluación y orientación.
  • Evitar el consumo de alcohol y otras drogas como forma de afrontamiento.
  • Ofrecer apoyo práctico y emocional: escuchar sin juzgar, ayudar a buscar recursos y acompañar a citas si la persona lo desea.
  • Informarse sobre tratamientos eficaces y grupos de apoyo locales.

Notas finales: El TEPT es una respuesta humana ante experiencias extremas. Buscar ayuda profesional aumenta mucho las posibilidades de recuperación. Si sospechas que tú o alguien cercano puede padecer TEPT, la intervención temprana y el apoyo adecuado son clave.