La dinastía Nerva‑Antonina agrupó a varios gobernantes que ejercieron el poder en el Imperio Romano entre 96 y 192 d.C. Fue una etapa destacada entre los emperadores romanos por su estabilidad institucional y logros administrativos.
Emperadores
- Nerva
(r. 96–98): inició la sucesión por adopción y restableció la confianza tras un periodo de crisis. - Trajano
(r. 98–117): expansión territorial y grandes obras públicas; alcanzó la máxima extensión del imperio. - Adriano
(r. 117–138): consolidó fronteras, promovió la cultura y la arquitectura (por ejemplo, el Muro de Adriano). - Antonino Pío
(r. 138–161): gobierno pacífico centrado en la administración y la justicia. - Marco Aurelio
(r. 161–180): filósofo estoico y líder en guerras contra pueblos germánicos y en el este. - Lucio Vero
(co-emperador r. 161–169): compartió el gobierno con Marco Aurelio y participó en campañas militares. - Cómodo
(r. 180–192): su mandato marcó el fin de la serie de emperadores adultos y fue seguido por inestabilidad.
La dinastía dejó un legado en la organización imperial, el derecho y la arquitectura; su fase central es clave para comprender la evolución política y las tensiones que condujeron a la crisis del siglo III.