Greyfriars Bobby (4 de mayo de 1855 - 14 de enero de 1872) era un Skye terrier que llegó a convertirse en un símbolo de lealtad en Edimburgo. Pertenecía a un policía llamado John Gray. Cuando el Sr. Gray murió en 1858, fue enterrado en Greyfriars Kirkyard. Bobby permaneció cerca de la tumba del Sr. Gray mucho tiempo después del funeral y, según la tradición local, no quiso irse.
La historia
El perrito pasó a llamarse Greyfriars Bobby y, según la versión más difundida, se quedó junto a la tumba del Sr. Gray durante el resto de su vida, lo que convirtió su conducta en una historia conocida en toda Escocia y más allá. Bobby murió en 1872 y fue enterrado justo dentro de las puertas del kirkyard; su tumba está marcada por una pequeña piedra de granito rosa. El collar y el cuenco de Bobby se exponen en el Museo de Edimburgo.
- Fechas clave: nacimiento (1855), muerte de John Gray (1858), muerte de Bobby (1872).
- Sepultura: dentro de Greyfriars Kirkyard, con lápida de granito rosa y un lugar visible para los visitantes.
- Objetos conservados: el collar y el cuenco (expuestos en el Museo de Edimburgo).
La fuente y la estatua
En 1873, la filántropa Lady Angela Burdett-Coutts erigió una fuente en Edimburgo en memoria de Greyfriars Bobby. La estatua de bronce de Bobby, que corona la fuente, fue realizada por el escultor William Brodie. La fuente y la estatua han sido durante mucho tiempo las favoritas de los escoceses y un lugar habitual para turistas y locales.
La fuente está situada cerca del puente George IV de Edimburgo. La estatua de Bobby se asienta sobre una columna de granito. En la parte inferior hay un bebedero de ocho lados para los perros y, cerca de la parte superior, un surtidor de agua para personas. Por motivos de salubridad, en 1957 se cerró el suministro directo de agua de la fuente.
Legado y debates históricos
La historia de Greyfriars Bobby pasó a formar parte del folclore urbano victoriano y desde entonces ha inspirado libros, artículos y recorridos turísticos por Edimburgo. Sin embargo, como sucede con muchas leyendas, existen debates sobre la exactitud de algunos detalles: hay investigación y opiniones que sugieren que algunos elementos de la historia se embellecieron con el tiempo o que la versión más conocida mezcla distintos sucesos y testimonios. Aun así, la figura de Bobby sigue siendo usada como ejemplo de fidelidad animal y tiene un lugar consolidado en la memoria colectiva de la ciudad.
En la cultura popular
Eleanor Atkinson escribió un libro sobre Bobby en 1912, que ha sido reeditado en numerosas ocasiones y ha contribuido a la difusión internacional de la historia. En 1961 se hizo una película basada en el libro; esta adaptación familiar popularizó aún más el relato y fue descrita por algunos críticos como "una película lacrimógena, que entristece y levanta el espíritu al mismo tiempo".
Hoy, además de la tumba y la fuente, hay numerosos recuerdos y referencias a Greyfriars Bobby en Edimburgo: señalizaciones, visitas guiadas y pequeñas tiendas de recuerdos. Para quienes visitan la ciudad, acercarse a Greyfriars Kirkyard y ver la estatua y la lápida de Bobby sigue siendo una experiencia emotiva que conecta con la historia y la tradición local.

